miércoles 8 de julio de 2009

SIN NEURONAS PARA PONER UN TÍTULO NI ESCRIBIR UN POST DECENTES

No estoy.

O me cojo vacaciones de aquí a unos días o acabo conmigo.

La manía de echar todo el ser en horario laboral, de explotarme, de pasar todos los límites y agotar a cada una de mis neuronas. Algo falla. La manía de suplir la preocupación por una disciplina exigente, sorprendente. La manía de refugiarme en el trabajo, volcando en unas horas la energía que suelo derrochar en una semana.

Iba a hablar de esas extrañas mujeres que, un día, sin saber cómo, deciden, a cuento de nada, lanzarse al precipicio, dañando su salud y la de los de su alrededor. Pero no me queda ni una sola fuerza para pensar y menos para escribir sobre lo que pienso, así que lo dejaremos para otro capítulo.

No pensaba que iba a terminar hablando de mi extremo estado de agotamiento físico. Jamás creí que terminaría en la cama a las tres de la mañana rodeada de informes (que no de mujeres, como debería ser) y no soñando con buenorras o angelitos sino con clientes.

Post sin fuste, que diría mi madre. Sólo quería hacer un pequeño acto de presencia.

Un poco de aire fresco, por favor.

jueves 18 de junio de 2009

INSOMNIO

No puedo dormir... llevo más de dos horas dando vueltas en la cama y no hay manera de pegar ojo. Así llevo toda la semana, durmiendo nada, madrugando, rindiendo a tope en el trabajo para luego caer rendida y aún así no logro conciliar el sueño. Cuanto menos preocupaciones, menos capacidad para descansar. Quiero agobios, quiero problemas, quiero tensiones, quiero quebraderos de cabeza!!! Quiero dormir, por diosssss!!! Cuanto más tranquila, más intraquila. Hace nada, ya en la cama con un ojo abierto y otro cerrado, mis exámenes de conciencia se quedaban a la mitad, los balances sin acabar, los miedos sin enfrentar. Ahora, que se puede decir que reina la calma, mis ejercicios espirituales nocturnos duran una eternidad, no repaso los días sino los minutos, mis análisis se han vuelto exhaustivos, me siento en la obligación de terminar los deberes, que tienen que rozar la perfección. Pienso en las tareas realizadas, en lo que dejo pendiente. Intento sentir a mis niñas favoritas en la imaginación para no olvidar y no anclarme en simples recuerdos, las atraigo hacia mí con todas mis fuerzas para que no se marchen de mi alma. Me precipito en pensar qué pasará mañana, cuando me levante, en el metro, en el trabajo, tomando algo, de vuelta a casa. Fantaseo con ilusiones que jamás creeré rotas ni apagadas.

Y así pasan las noches, suaves, con la ventana abierta, frescas, puras. Y resulta que mi única preocupación es no poder dormir.

¿Acaso algo se me remueve por dentro y no soy consciente? ¿Acaso me gusta sufrir y en el momento que dejo de hacerlo me vuelvo una neurótica? ¿Acaso tengo angustia por algo que ni yo misma puedo percibir? ¿Acaso no sé vivir sin un ápice de dolor?

Y como el cuerpo me pide sur, allá que me voy. Tal vez en mi cama, la que tengo junto al mar, sí pueda reposar en paz, sin obligaciones, sin despertadores ni alertas.

Si mi alma descansa, ¿por qué mi cuerpo no responde al unísono? ¿Por qué no se agota?

¿Será que me siento viva?

sábado 13 de junio de 2009

MUJERES, O DE CÓMO SER UN MELÓN BOLLO

Es verdad, más de cien veces al día.

En las más de doce horas que paso fuera de casa puedo cruzarme con más de mil personas. Pongamos que quinientas son mujeres. Pongamos que veintinco están de muy buen ver, otras veintinco tienen su punto, otras veinticino se presumen entendedoras de la vida y otras veinticinco leen libros no poco interesantes. Total, cien al día (vale, contamos con mi vena andaluza y mi tendencia a la exageración).

Esta teoría propia no obedece a mi pasión por las mujeres sino a mi capacidad de observación. Situación: trayecto de casa al trabajo - metro, escaleras mecánicas parriba y pabajo, espera en el andén, entrada al metro. Primero visualizo asiento libre y después voy a lo secundario: prismático en mano, giro de 360 grados, fotografía mental a mis víctimas de viaje, búsqueda de esa primera mirada que denote interés o desinterés. Si el interés no es mutuo me zambullo en mi lectura; si la niña en cuestión me pone de los nervios en el mejor de los sentidos me quedo tonta mirándola con todo el descaro del mundo; si estoy leyendo y me da la sensación de que me están psicoanalizando alzo la vista y empieza la batalla de a ver quién es la parda que aguanta más. Trayecto del trabajo a casa y vuelta a empezar.

Mi capacidad de observación...

Al final voy a tener que darle la razón a mi camarada Gem, que dice que si me gustan todas, que si cada día le vengo con una nueva, que si le haga un esquema, que si perdió la cuenta… sí, mujeres que me encantan pero que no significan relativamente nada. Porque en realidad, fiel a mis principios y a mis mujeres de verdad, guardo celosamente ese pequeño listado de mis favoritas, las que me hacen gastar mi tiempo de manera deliciosa, las que tienen el don para hacer que me pierda y me encuentre, y me vuelva a perder.

Pero yo me defiendo de las críticas razonables con sólidos argumentos. Que me compré la tele grande para ver si la pelota tocaba línea o se iba fuera en los partidos de tenis y para distinguir el azul del verde en el rosco final de Pasapalabra, y no para deleitarme con mis buenorras en alta definición y full HD.... por diossss, hasta ahí podíamos llegar... si total, luego no me entero de nada… haciendo zapping ahí estaba ella, ELLA, mi Marta Etura, la primera de mi lista, la única que hace que no la escuche cuando habla porque sólo tengo ojos, babas y sentidos para mirarla y admirarla (por cierto, ya estoy tardando en ir a ver su última peli, 7 minutos, yo solita llenaría la sala de emoción, ains).

Eso sí, andaré con ojo en mi próxima salida nocturna de crápula y procuraré no simultanear sms a dos bandas, no vaya a ser que una de mis favoritas reciba un mensaje digno de primer capítulo de atracción fatal (esa fase ya la pasamos hace muuucho tiempo) y la compi de trabajo salte de la cama cuando lea algo así como que, a pesar de todo, siempre la querré tal y cual… vaya sustito que me llevé, por cierto… Es lo que tiene salir de parranda soltera, sin compromiso, sin presiones y con todas las libertades y posibilidades del mundo…

(Por cierto, pedazo de argentina buenorra que tengo de fondo, diossss, preveo que la tele grande no será una buena inversión y que acabará perjudicándome seriamente la salud. Amén).

lunes 8 de junio de 2009

MÁS DE CIEN VECES AL DÍA

Todo comenzó con un inocente mensaje en mi facebook oficial: "no sé por qué, pero me pones nerviosa, no puedo mirarte a la cara". Después vinieron mis preguntas: "¿por qué te pongo nerviosa? ¿Tan mal te caigo? Me tienes manía, ¿verdad?". Y finalmente llegaron sus respuestas: "no es eso, todo lo contrario, es algo raro, no sé explicártelo ni sé si quiero explicártelo". Al día siguiente llegó la conversación por msn: "estoy asustada, no sé qué me pasa, tengo miedo, jamás me había ocurrido algo así, no creo que tenga que hablarte de esto, no debería, no puedo permitir que esto me influya, tengo un novio estupendo, unos esquemas, proyectos de futuro... se acabó la conversación, no quiero volver a tocar este tema".

Jamás hubiera imaginado que ella, simple compañera de fatigas laborales, tuviera un secreto que callar. Jamás de los jamases hubiera pensado que, desde hace tres meses, la chica que no me miraba a la cara y que rehuía hablar conmigo tuviera motivos de fuerza mayor para no hacerlo. Porque, afortunada o desgraciadamente, yo nunca me entero de nada.

Desde entonces la relación de trabajo pasó a ser personal. Risas, payasadas, complicidad, tonteo, algún abrazo clandestino. De fondo los comentarios de la gente, curiosos, impacientes, extrañados, sorprendidos. De la noche a la mañana. ¿Qué capítulo nos hemos perdido? - se preguntará más de uno.

La pregunta del millón. No, no me gusta. Nunca me hubiera fijado en alguien como ella, de hecho nunca me fijé. Ella no me gusta, pero sí me satisface esa cercanía, ese saber que pones a alguien nervioso, ese juego absurdo que no llegará a ninguna parte y en el que, sin duda, yo no sería la perdedora. Un juego con arma de doble filo, con dos posibles consecuencias: o seguir descolocándola hasta que el cuerpo y la cabeza le aguanten o empezar a decepcionarla a medida que me vaya conociendo. Me siento egoísta si la busco sin querer encontrarla, si la provoco, si tiro a dar. ¿A quién no le gusta gustar? Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Mientras tanto, revoloteo entre sus papeles, nos dejamos mensajes en el correo de trabajo, me llama minutos después de marcharse, quiere que nos veamos un sábado por la tarde... Parece que el juego no deja de ser divertido. Sin embargo, después de un par de semanas sin mencionar el famoso tema, le pregunto: "con respecto a aquello que me contaste... te sigue preocupando?". No se puede ser más rotunda: "No, tengo otras cosas más importantes de las que preocuparme. Además, tengo muy clara mi sexualidad y contigo... me llevo bien, nada más. Y no quiero hablar más de este tema". En fin, yo sólo estaba preguntando... cómo se puede ser tan fría de repente, tan radical, tan abrupta. ¿Qué se le puede pasar por la cabeza a alguien que ayer te estaba llamando 6 ó 7 veces y al día siguiente te trata como si no te conociera de nada?.

Las mujeres no podemos ser más retorcidas, más complicadas, más cobardes, más desagradables. Qué va.

Tengo que reconocer que me ha molestado su reacción. Que me sirva de lección, ya no pondré tanto empeño en gustarle para saciar mi autoestima y mi ego. No sé qué pensar. Puede que haya salido pitando acojonada de la vida y haya decidido apartar completamente ese algo que no le había pasado nunca, ese algo desconocido que a estas alturas de la vida puede perjudicar su salud mental y la de los que la rodean o puede que, simplemente, se haya llevado un pequeño susto emocional que ya pasó. A mí me haría un gran favor cortando por lo sano antes de que la bola se hiciera más grande y empiece a rodar sin control por su parcela afectiva.

Lo malo es que mañana le veré el careto, y pasado, y al otro, y al otro... y aunque la pelota siempre está en mi tejado, no querría que se me fuera de las manos.

(Nota mental: me pregunta, con toda la inocencia del mundo, si alguna vez me he fijado en una persona del mismo sexo. No puedo evitar reirme, casi a carcajadas pero con el poco disimulo que soy capaz de mostrar. Claro que sí - le contesto, y me quedo con las ganas de terminar la frase: alguna vez no, más de cien veces al día).

lunes 1 de junio de 2009

DE TANTO QUEDARTE A TANTO QUE DARTE

Pocas veces se me viene Leo a la cabeza. Me cuentan que sonríe, que parece feliz, que alguien la recoge cuando sale de trabajar. No duele verla en mis fotos, tampoco las pego en la pared para llorarle o tirarle dardos. La saludaría si me la cruzara por la calle sin detenerme demasiado, la miraría a los ojos sin expresarle nada.

Me costó la vida superarlo, la vida.

Supe disfrutar de esa extraña felicidad que se siente cuando has logrado quitarte el lastre más pesado y, paradójicamente, crees que eres la persona más desgraciada del planeta. Esa mezcla de tristeza y libertad termina siendo deliciosa.

Y sin embargo, lejos de pensar que algo se me remueve por dentro y que es todavía el rencor el que me hace hablar de ella a estas alturas, no puedo evitar descolocarme cuando alguien pronuncia su nombre o se refiere a ella. La conclusión es evidente: náuseas, sólo siento náuseas. Creo que ni siquiera se merece que sienta náuseas, prefiero un millón de veces la indiferencia más absoluta.

Cambié de blog al mismo tiempo que de estado civil, y lo primero que escribí fue alguna frase absurda que nunca publiqué y que, de alguna manera, inspiró el link de mi página (que quede claro que fue Nena Daconte la que me plagió, no yo a ella). Si la saco hoy es, precisamente, para vomitar lo que aún sigue dentro, si es que queda algún resquicio de algo, y sobre todo, para no volver a tener náuseas nunca más.

"De tanto quedarte te quedaste con todo,
de tanto quedarte me quedé sin nada,
de tanto quedarte así nos quedamos,

y ahora...


ahora que te vas me quedo con todo,
ahora que me voy te quedas sin nada,
ahora, por fin, sin ti, vuelvo a ser yo,libre, al fin.

Ahora que no estás...
tengo tanto que dar,
tengo tanto que contar,
tengo tanto amor... "

En más de un año de relación, Leo y yo nunca tuvimos canción, ni ciudad, ni restaurante, ni película, ni demás mariconadas que suelen tener las parejas cuando se supone que están enamoradas hasta las trancas. Yo, sin embargo, desde meses antes de romper, sí tenía una canción para ella:



domingo 17 de mayo de 2009

(SIN TÍTULO)

Tengo la sensación de que me están tomando el pelo.

Y que no me quiero enterar.

Qué extraño bajón.

Pero mañana será otro día y será volver a empezar, como cada día.

Porque prefiero empezar los hoys que prolongar los ayeres.

Últimamente tiendo a tener náuseas cuando evoco algunos recuerdos.

Es tan justo como injusto.

Pero me consuela pensar que mañana será otro día... y vuelta a empezar.

lunes 11 de mayo de 2009

ESTAMOS JODIDOS

- Comemos juntos.

- Eso me da… TERROR (con cara de pánico)

Este casi absurdo diálogo entre Javier Bardem y Rebecca Hall (impresionante, por cierto, la añado a mi lista de ‘Mujeres con las que siempre soñaré’) en la no menos absurda película “Vicky Cristina Barcelona” es lo que único que durante hora y media me ha hecho padecer. Historias tan surrealistas como seguramente reales: la soledad del conquistador, la pareja aparentemente perfecta en la que ella no es ni muchísimo menos feliz, la ‘desgraciá’ con mala suerte que se convierte en chica fácil a falta de encontrar el hombre adecuado, los enamorados que no pueden estar juntos porque se llevan a matar, el matrimonio que no se quiere pero siguen juntos tanto por costumbre como por miedo, el amor entre tres personas que equilibra y da solidez a un incomprensible triángulo escaleno…

¿Moraleja? Que hagas lo que hagas y sientas como sientas, siempre terminas sufriendo. Que si no es por una cosa, es por otra. Que si no es porque estás solo, es porque no eres feliz con tu compañero. Que si no es porque dos no es suficiente, es porque tres son multitud. Que si no es porque estás ahogado en la rutina, es porque arriesgas demasiado. Que si no es porque eres un cobarde y miras la vida pasar sin hacer nada, es porque juegas con fuego y acabas quemándote vivo. Que si no es porque no vives el presente, es porque apuestas tanto que pierdes más que ganas.

Y así, sucesivamente.

Que tomes el camino que tomes, estás jodido.

Por eso, yo cogería siempre la segunda opción. Porque, aunque siempre me tope con el dolor y me parta el alma en mil pedazos, prefiero haberlo vivido, arriesgado, apostado, sentido. Porque querré enfrentarme a esa agonía a corazón abierto, con todas las consecuencias, de las que aprenderé y creceré. Jamás podría quedarme quieta y, lejos de esa filosofía de la comodidad y de lo predecible a la que se acoge como un clavo ardiendo gran parte de la humanidad, me niego a creer que así, más tarde o más temprano, la felicidad llamará a mi puerta. Porque podré arrepentirme de lo que no he hecho, pero jamás de lo que quise hacer e hice. Prefiero ese dulce caos al caos eterno, el que te atrapa en un laberinto sin salida.

Total, al fin y al cabo, terminamos enganchados al sufrimiento.

Decía Javi, y posteriormente subrayaba Pe, que “el amor más romántico es el inalcanzable”. Es tan mentira como verdad escuchar algo así. Es patético y suena a magia. Porque somos tan complicados, tan racionales como pasionales, tan tontos como listos, que la cabezota lo único que hace es plantar barreras a nuestros deseos, crear miedos, esconderse de los cambios, eliminar los sueños de un plumazo, aparcar espejismos, retar a las ilusiones, dar de lado a lo que se cuece en el corazón, alimentar el engaño, vivir en estado de pánico, pasar páginas en blanco como el que oye llover, huir de los riesgos, provocar desgana, buscar la plenitud en mentiras con patas largas, olvidar lo que pudo ser y no fue…

Qué manera más sutil de protegernos…

Pero entonces, ¿para qué y cuándo coño vivimos? ¿Por qué siempre nos empeñamos en no hacer lo que queremos con el corazón y hacer con la cabeza lo que nos va vaciando poco a poco? ¿Hay algún valiente que se atreva a vivir su vida viviéndola como le gustaría, sin más? Como dice la de Lanzarote “no te quedes aguardando a que pinte la ocasión, que la vida son dos trazos y un borrón”.

Si estamos jodidos igualmente… ¿por qué no disfrutar y mandar lo demás a la mierda?

Al final va a resultar que la peliculita de las narices va a tener más sentido de lo que pensaba.

P.D. (Tengo miedo de que el miedo te eche un pulso y pueda más. No te rindas, no te sientes a esperar…)

jueves 7 de mayo de 2009

LO ÚNICO QUE TENGO

El levante sureño me sació regalándome una paz irreconocible, de la que hacía tiempo no percibían mis sentidos. Y hasta por una vez conseguí hacer caso a mi preciosa y maravillosa madre, que me calentó la cabeza tooooodo el fin de semana para que me cortara las greñas de gitana que me sobraban por todas partes (paradójicamente, si por ella fuera, iría rapada por la vida). Que si no estaba nada favorecida, que si vaya flequillo largo me había plantado, que si qué manera más triste de destrozarme la cara ($%@#&/ñññññ¿¿¿???)... Dicho y hecho, vuelta a Madrid y lavado de imagen y de alma.

Siguen las preocupaciones, las de siempre y las nuevas. Pero hay coraje para zampármelas con patatas y a golpe de humor inteligente. Me está gustando ser práctica: "es lo que hay", "me da igual", "esto no es nada, hay cosas peores", "ya pasará", filosofías baratísimas por no decir gratuitas, pero que, si se aplican bien, son las teorías más efectivas.

No se me va la vida por nada ni por nadie, y esto es algo que hacía mucho tiempo que no me pasaba, y que pienso disfrutar por encima de todas las cosas. No tengo prisa por descubrir el mundo, que para eso ya he sido demasiado impaciente y así me ha ido. No busco intensidades, subidas y bajadas de montaña rusa, pasión desenfrenada, sufrir por sufrir. Sí quiero mojarme a más no poder, sin sentido pero con cabeza, siendo consciente de las oportunidades, de que el tiempo pasa, sin pausa pero sin prisa, sin reparar lo más mínimo en pensar cómo y dónde amaneceré mañana. Creo que se llama vivir el presente. Lo único que tenemos. Ni pasado ni futuro, presente, lo que pasa y no vuelve, lo que puedo hacer ahora, lo que me apetece, lo que siento, todo lo que quiero. No perder más trenes (en sentido figurado y literal), no recostarme en el sofá si aún tengo cosas por hacer y por vivir.

Es tiempo de ser un poquito más egoísta, de quererme con locura y disfrutarme, de ser absolutamente yo y poseerme de esa libertad que tantas veces he dado de lado.

A quien le guste bien, y a quien no... que le den. No me preocupa lo más mínimo.

Porque es mi tiempo y mi vida y así las cosas, nada me importa más que yo.

Esa mezcla de calma y ganas, de reposo y prisa, de andar despacito y con buena letra, arrasando, recreándome en cada uno de los segundos que pasan.

Vivir el presente. Y mañana Dios dirá.

Va a ser que mi madre tiene razón y que voy a tener que cortarme las greñas más a menudo...

Y ahora, una de esas canciones que me sube el ánimo a las nubes.


Videos tu.tv

martes 28 de abril de 2009

LIBERANDO TENSIONES

Hace viento en Madrid. Una pasada.

Es el momento de salir a la calle, quedarse quieta y caminar según sople el viento. A veces no hay nada mejor que dejarse llevar por la inercia, sin pensar más allá. Yo, que siempre me he preocupado excesivamente por todo, hasta por las más absolutas y absurdas tonterías. Tal vez sea una buena filosofía respirar sin pensar, vivir sin pensar, soñar sin pensar.

Será que por fin, después de algunos meses enclaustrada en esta ciudad, me voy un rato a los mares del sur a respirar de lo mío, de lo bueno, de lo que llena sin empalagar. Y es que, no hay nada que me haga más ilusión en este momento que irme a mi amada tierra. Tanta ilusión que los grandes problemas se vuelven pequeños, el cansancio apenas se percibe, la apatía se pierde de vista.

Diosss, cómo me gusta ser andaluza...

Se liberan algunas tensiones y aparecen otras más fáciles de sobrellevar. O son las mismas pero se ven de otra manera. Se apagan algunos miedos y vuelve la vida fácil.

Cómo es la mente, cómo puede llegar a complicar o facilitar. Cómo nos hace ganar o perder, sentir o no sentir, querer o no querer, morir o resucitar.

Es algo así como esta canción, cómo hacer fácil lo difícil, reír por/para no llorar, sacar lo positivo de lo más negativo, burlarse de los desastres cotidianos.

Cantar a carcajadas la letra más deprimente...



También cuenta que la cante Conchita, algo así como la segunda o la tercera de mi lista de "Mujeres con las que siempre soñaré" (próximamente en este blog).

jueves 16 de abril de 2009

PAUSA

Estoy en apuros. STOP. Me he apartado a otro mundo. STOP. No soy persona. STOP. En esta dimensión no se puede respirar. STOP. Espero que todo vuelva a su cauce. STOP. Unos días más y ¿vendrá la calma?. STOP. No tengo palabras. STOP. Besos y abrazos. STOP.

jueves 2 de abril de 2009

TIEMPO AL TIEMPO

Hacía tiempo que no me dedicaba un rato y una cerveza después de trabajar. Adoro los momentos rodeada de ruido y gente y tan llena de esa soledad buscada en la que se encuentra el silencio y la calma bajo nubes de humo y bullicio. Hacía tiempo, casi tanto como hacía que no escribía en la servilleta de cualquier bar:

“Que vuele el tiempo. Que me despierte en el mar. Que pueda abrazar a todos los que una vez dejé con la pretensión de no volver.

Que transcurra el tiempo muy lentamente. Que viva cada segundo como si fuera el último, que cuando los reviva me cuelgue la más dulce de las sonrisas y haga la maleta ilusionada, con lo aprendido, lo llorado y lo disfrutado. Que no me arrepienta de nada.

Que queme el tiempo, que mañana sepa que lo apuré al máximo, que en cada momento tomé la opción que quise, aunque no fuera la más adecuada. Que me abrasen los recuerdos y los conserve siempre, grabados a fuego en el corazón.

Que el tiempo sepa perdonarme los días perdidos y el agotamiento mental. Que me los guarde para más adelante. Que no me robe los trocitos de aire que dejé escapar ni la fuerza que no pude sacar.

Que me dé tiempo a ordenar mis pequeños caos. Que no me ate a nada y me oriente sin perderme entre tanta libertad. Que me cuide y me regañe.

Que el tiempo me ayude a ser feliz. Que me haga mirar atrás sin dolor y me advierta el futuro que siempre deseé, con el que siempre soñé”.

Porque estos días echo de menos todo aquello que no tengo. Porque no soporto echar de menos gratuitamente, con la rabia contenida y la lágrima fácil. Porque los últimos cambios no sé si están dando los frutos esperados y cualquier cosa que me afecta me hace mirar hacia otros horizontes.

Pero no, niña, aún no te saldrás con la tuya en ese extraño y persistente intento por convencerme. Porque tengo que ser paciente y esperar a que el cielo se nuble un poquito más para ver los claros. Aunque te reconozca que hoy me he muerto de ganas de tenerte siquiera un momento para decirte al oído que te quiero antes de que me hicieras callar con uno de esos besos que a día de hoy, seguramente, me seguirían volviendo loca. Y es que hoy, aunque no te lo diga, me moría por abrazarte.

miércoles 25 de marzo de 2009

TERRAL

Ojalá que este viento que desemboca en ese precioso mar no moleste demasiado, no queme los recuerdos ni apague las cenizas. Que sea cálido sin darte calor, que llegue fresco, suave, que te acaricie con ternura, que apacigüe tus dolores, te tienda una mano y te brinde una sonrisa cada mañana. Que te atraviese el alma, que te remueva, que te haga reír, vivir y soñar. Que te inspire pasión y deseo. Que te suba y te baje, para volver a subirte allí donde te encontré, donde te sentí, donde alguna vez te amé.

Porque eres aire que refresca mi memoria, y los recuerdos se tornan mágicos y reviven al son de tus acordes, sin escocer, con toques de complicidad y emoción constantes, con esa picardía que sólo tú y yo entendemos, con la fantasía perenne de volver a cruzarnos y tenernos, un segundo o dos, los que hagan falta, para cargarnos con otra dosis de ilusión y así, seguir soñando.

Porque tus palabras, buscándome, me asustan más que tus ausencias. Porque sigo adorando tu honestidad. Porque nada me retiene a no escribirte estas líneas. Porque me siento libre. Porque no quiero callarme. Porque me gusta cruzarme contigo de vez en cuando. Porque no temo perderte. Porque comprendo. Porque respeto. Porque te acepto. Porque no te pido nada a cambio. Porque me gustas así, sin rodeos, transparente, para lo bueno y lo malo. Porque te quiero así.

Tranquila, no te me asustes, todo forma parte de este delicioso juego que aún hoy me estremece.

Soplo con fuerza para que te llegue este viento firme, cálido, para que puedas respirar sin miedo y gozar de estas pequeñas cosas que te regala la vida. Para que sigas jugando a los juegos que no hacen daño. Para que no te duermas, para que te escapes alguna que otra vez y para que nunca dejes de soñar.

Aquí tienes tu momento. Ojalá lo disfrutes casi tanto como yo disfruté construyéndolo. Con todo mi cariño.




PD: ¿Me has encontrado en alguna imagen?

viernes 13 de marzo de 2009

EN MADRID TAMBIÉN SALE EL SOL

Hoy subí medio puntito... bueno, vale, un pelín más, pero sólo un poco más.

En Madrid también luce el sol, y de qué manera. Los días tienen más luz si la proyectamos desde dentro, si la creamos. Hasta los días más grises pueden tener la luz que nos da la vida, aunque haya gente que crea que es una cuestión territorial, que cuanto más al sur, más alegría ;-). Soy más partidaria de pensar que el clima de una ciudad lo inventa uno mismo según el estado anímico que presenta.

Esta mañana, una de mis ex, hoy día gran amiga, me ha recordado la intensidad con la que estoy acostumbrada a vivir los segundos. Tanta, que cuando no la tengo, cuando mi vida es aparentemente monótona y no hay demasiadas emociones que contar, me hundo en una apatía superior a mi capacidad para reaccionar y hacer balance de mis últimos años. Me dice, con toda la sinceridad del mundo, que siempre he hecho lo que me ha dado la gana en cada momento, que nunca me he quedado estancada, que no he perdido el tiempo. Que soy afortunada si miro a mi alrededor. Pero que, debido a esa falta de emoción, de motor y de intensidad me estoy creando un trauma inexistente del que estoy empeñada en no despegarme y no ver más allá. También hay que vivir esos momentos de reposo, de encuentro con uno mismo, que no es sinónimo de apatía - me dice con cariño.

Así que archivando sus palabras casi al pie de la letra he cogido el metro para llegar tarde a trabajar (esta vez la ocasión lo merecía) y entre parada y parada, por fin, termino un libro tan aburrido como yo últimamente, cuyo título delata mi espléndido estado de histeria y desánimo: "Chicas muertas". Justo en ese instante alzo la vista para controlar mi ruta y estaba en Esperanza, paradójica estación. Sonrío por fuera y me alegro de ser la última en llegar al trabajo.

De vuelta a casa me ilusiono comprando mi billetito para este finde y pienso lo delicioso que me resulta poder tirarme en el césped a orillas del Júcar y creer que soy la dueña del mundo, del mío al menos.

Por cierto, he visto la peli "Diario de una ninfómana", una patata como otra cualquiera, pero la actriz (Belén Fabras) me ha recordado ínfimamente, que no es poco, a la mujer de mi vidaaaaaa, o sea:



















Marta, te estoy esperandooo!!!


Y así acaba mi semana. Buen finde para todos. El mío, desde luego, promete.

miércoles 11 de marzo de 2009

DESPUÉS DE LA CALMA SIEMPRE LLEGA LA TORMENTA

Me subo por las paredes. He llegado a las mil a casa. Cabreada. Exhausta. Descolocada. Estoy hasta arriba de trabajo. No llego ni haciendo tiempo extra. Hay movimientos raros. La tensión se palpa en el ambiente. Veo hipocresía, desmotivación. Después de lo que padecí en el otro trabajo, nada me puede afectar. Hasta que me afecte y explote mi cabeza. Como me salpique la mierda, me voy a pique. Para colmo, mi jefe me alegra la tarde anunciándome un curso de no sé qué chorrada durante tres sábados. Y mira tú por dónde, uno de esos fines de semana coincide con mi billete de avión. O me olvido del viaje o le echo cara al asunto. Optaré por lo segundo y que sea lo que dios quiera.

Además, otros tantos alegrones: he tenido pesadillas, llego tarde, añado otro disgusto a mi lista, me llama un ser desagradable, me suben el alquiler del piso, uno de mis compañeros se marcha, me cuentan que la factura de gas ha ascendido este mes a una cantidad impagable – ummm, ¿no se estará equivocando? – le pregunto ingenuamente al chico. Aún así, esta noche he puesto la calefacción a tope, total, de perdidos al río, peor es morirse de frío.

Qué otra cosa podía esperar después de un fin de semana desconectada de ese mundo oscuro del que no puedo apenas desprenderme, después de un par de días de calorcito y risas, de paz, de cariño, planes y mucha ilusión. Que los días al final se apagan, pesan y se enredan. Que el sol inverna en vez de echar breves siestas. Que la tormenta da treguas y amaina a cambio de volver a jodernos cuando menos lo necesitamos.

Y cómo sé lo asquerosamente estresada que voy a terminar la semana, ya he medio gestado un viajecito para este finde a cierta provincia vecina para despeñar toda la energía negativa que me rodea últimamente y respirar, respirar, respirar, morirme de tranquilidad. Admitiría acompañantes, pero no creo ni pretendo que haya nadie dispuesto a aguantar tooooda mi mala leche reconcentrada. En cualquier caso, se admiten, cómo no.

Sorry, no tengo neuronas para más inspiración.

miércoles 4 de marzo de 2009

DE PENSAMIENTOS Y PUNTUACIONES

Mañana otro desalentador paseo por Serrano para arramplar con los kleenex y las chucherías de mi psicóloga. Me ha costado dios y ayuda rellenar los papelitos que me dio como tarea, a pesar de mi cansina apatía y mi invariable estado de ‘ni siento ni padezco’. Algo es algo.

Entre otros deberes, una nota que puntúe mi estado anímico y el pensamiento que prevalezca sobre los demás al final del día.

Empieza la terapia:

Miércoles 25/02: Si el trabajo antes me salvaba y me daba aire, ahora se ha vuelto contra mí. No llego a mis objetivos y eso me hace sentir la más inútil del lugar. Ya no sé si es un problema de autoexigencia. Detesto todo lo que me rodea. Me parece que el mundo es egoísta. Puntuación: 3,5.

Jueves 26/02: El trabajo me agota. Sigo sin llegar. Me molestan mis compañeros. Creo que murmuran de mí a mis espaldas. Le estoy cogiendo asco a todo. O me pasa algo emocionante que tire de mí, aunque sea a rastras, o me voy a volver loca de tanto vacío. Puntuación: 4,5.

Viernes 27/02: Necesito ordenar mis ideas, no sé lo que quiero ni lo que no quiero. No siento tristeza, sólo cansancio de dar vueltas sin adentrarme en ningún camino. Puedo aguantar varios días como éste, lo malo es que no sé cómo me levantaré mañana. Estoy decepcionada con el mundo, pero intento no reparar en ese pensamiento, por si me hace más daño del que estoy preparada para soportar. Puntuación: 5.

Sábado 28/02: Estar trabajando todo el día me ha permitido no estar sola. Me gusta el ruido de fondo, aunque sea molesto. He llorado con una peli, señal de que aún estoy viva. Me quedo en casa procurando estar tranquila, sé que si salgo esta noche no disfrutaré y no quiero desaparecer de repente y bajar la Gran Vía a moco tendido. Puntuación: 4,5.

Domingo 01/03: Soy frágil, vulnerable. Estoy asustada, sola en casa y retorciéndome de dolor en el suelo del pasillo. No reconozco estos síntomas. Los vómitos me alivian. Gracias a Dios. Hacía mucho tiempo que no me sentía tan pequeñita, tan sola, tan absolutamente desprotegida. Me duele que la gente juzgue sin saber ni preguntar. Puntuación: 4.

Lunes 02/03: Puede que esté llegando a mi final de etapa en Madrid. Necesito un cambio de aires. Voy a darme un tiempo y si todo sigue igual me marcharé fuera. Mis expectativas hoy por hoy son nulas. ¿Y si me voy? No tengo nada que ganar ni que perder. Me paso el día pensando en volar, en aviones y desconexiones. De repente, en menos de tres minutos, casi por inercia, compro un billete que ni siquiera sé si voy a utilizar. Puntuación: 3,5.

Martes 03/03: Lo más inteligente es no posicionarse hasta no conocer las distintas versiones. Escuchar a la otra parte me ha hecho sentir algo mejor. A veces las personas nos sorprenden para bien y para mal. Me duele que me desplacen por pura cobardía. Me duelen los que hablan sin tener ni puñetera idea de nada, los que intentan sacarme a patadas información ajena, los que dicen quererme sin hechos, los que me provocan, los que se aferran a una vida llena de mentiras, los que reniegan de mí. Puntuación: 4,5.

Creo que hoy me saturé de pensamientos...

Miércoles 04/03: Quién sabe si mañana puede ser un gran día. Sólo espero pasar del 5.

jueves 26 de febrero de 2009

NO ME DA IGUAL

Mi psicóloga se ha echado las manos a la cabeza, literalmente, cuando le he dicho que iba patrás, como los cangrejos. Intuí una expresión sincera, un pequeño gesto de dolor, un silencio dramático, interminable, roto en pedazos con un “hoy no me saques los kleenex, por favor”. Porque sé que no esperaba empezar así la mañana, con una paciente que había dado pasos de gigante para ir dejando lastres atrás, con la que acostumbra a utilizar el sentido del humor para restar sufrimiento a los huecos vacíos del corazón. Me alivió, en cierto modo, saborear el lado humano de mi profesional, que volviera a saltarse el protocolo, que aplicara sus teorías con una empatía más personal, más cercana.

¿Dónde está el fallo? – nos preguntamos. ¿Qué te hace retroceder? No lo sé. ¿Qué esperas de la vida? Ahora, nada. ¿Cuál es tu proyecto a corto plazo? Ninguno. ¿Cuál es tu motor? Ninguno. ¿Qué necesitas? No lo sé. De 0 a 10 ¿cuál es tu estado anímico? 3,5. ¿Cuándo fue la última vez que te sentiste realmente bien? No me acuerdo. ¿Estás peor que cuando estabas con Leo? Noooo. ¿Cuál es la auténtica razón de tu apatía? No lo sé. ¿Has hecho las tareas que te mandé? No. Vamos a tener que rascar para que salgan cosas de las que quizás te estés escondiendo. Noooo, por favorrrr.

Si tocaran mi puerta y me ofrecieran un billete de avión sin fecha de vuelta lo aceptaría con los ojos cerrados. Me iría con lo puesto. ¿De qué huyes? No me gusta mi vida. ¿Qué conseguirías si escaparas? Experiencia y ganas de volver a empezar. ¿Y si volar no te llevara a ninguna parte? Algo aprendería, seguro. Te cansarías. Puede que sí, pero aprendería, igualmente.

¿No crees que necesitas una pareja y no te atreves a reconocerlo? Nooo, siempre me ha gustado estar sola, sé disfrutar de la soledad como la que más. ¿No crees que los intereses y las necesidades se transforman con la madurez? Sé perfectamente estar sola. ¿Cómo llenarías ese vacío? Con alguien con quien compartirlo todo, con mimitos y abracitos. Estás definiendo una pareja. No, una pareja no, alguien con quien compartirlo todo… O sea, una pareja. Que no. Que sí. Que no. Que sí, pero tranquila, que no pasa nada. Yo no quiero una pareja, quiero estar bien conmigo, nada más.

Pero el amor es tu motor de vida. El amor, como mi vida, es una mierda.

Creo que te voy a citar para la semana que viene. Pos vale, me da igual, como si me quieres citar mañana o dentro de un año. Como sigas así te mando al psiquiatra. Me da igual, mira, una experiencia nueva.

¿Hay algo que no te dé igual? Todo.

martes 24 de febrero de 2009

MI META

Yo corría sin descanso y ella estaba esperándome en la meta. No aceleraba para ser la primera de la carrera sino porque sabía que cuando llegara tendría un abrazo como premio. Mi premio. Un abrazo.

Por qué suplico en sueños algo tan fácil de conseguir. Por qué esa imperiosa necesidad de sentirme protegida. Por qué corro tanto y hacia ningún lugar. Por qué me vacío cada vez más en vez de llenarme. Por qué busco donde no hay. Por qué no quiero lo que me dan. Por qué sueño en vez de vivir…

No tendría un solo motivo para quejarme y sin embargo me considero con derecho para quejarme por todo. No me falta nada, dicen por ahí que soy afortunada, que mi vida es emocionante y está surtida de alicientes. Yo no veo la emoción y lloro porque estoy estancada, porque estoy paralizada, porque, aunque pueda parecer exagerado y sonar desgarrador, no encuentro sentido a estos asquerosos días, en los que me pierdo con facilidad entre pensamientos negativos, cerveza y hastío. Porque me aterroriza detenerme a analizar el punto en el que estoy. Porque me fui de mi lado y dejé que el alma se paseara dando tumbos sin ton ni son, sin preocuparme lo más mínimo de mis objetivos. Porque sólo sé soñar dormida, porque hay días que no quisiera despertar y darme de bruces con un sol que no caliente, con un aire que no quiere que respire y que resulta asfixiante, con horas y más horas hundida en una tristeza de la que no recordaba su amargo sabor.

Lo daría todo por reencontrarme, por tenerme, por quererme, por compartir conmigo el regalo de vivir e ilusionarme. No quiero que nadie me espere en algún lugar sino volver a mí, reencarnarme en lo que siempre he sido, reconocerme y mimarme, no dejarme caer sino avanzar, crecer, sentir.

Pero estoy tan fuera de mí que no aspiro más que a caer rendida día tras día, noche tras noche, rota, agotada, esperando a que sea mi inconsciente el que me alivie de la crueldad de este sinsentido que me golpea el alma un segundo sí y otro también. No duermo para descansar sino para darle una tregua a mi alma. Cierro los ojos como la venda del ciego que no quiere ver. Me escondo en los sueños porque en la realidad sólo sé ser una auténtica cobarde.

No quiero que nadie me espere en la meta de mi carrera. Quiero estar yo, conmigo me basta y me sobra. Quiero ser mi propio premio, la victoria sobre todas las cosas, la valentía de no rendirme, la superación por adelantar a fantasmas, las ganas de seguir avanzando, la ilusión de ganarme, la fuerza para levantarme, la constancia de mantener el ritmo y llegar al final con una sonrisa de oreja a oreja.

Llegar a la meta. Encontrarme. Darme un abrazo. Reconciliarme.

(Otra canción dedicada a mí como compensación en el caso de no ganar mi carrera)


lunes 16 de febrero de 2009

TERCER GRADO

Hoy no tengo el cerebro un poco bastante hueco, así que me limito a rellenar uno de tantos interrogatorios de tercer grado que circulan por ahí.

¿Qué hora es?: Las 3:07 de la mañana.

Hora de irse a la cama: No tengo hora fija, normalmente de 2 a 3 de la madrugada.

¿Crees que el amor puede durar eternamente?: Antes sí, pero cada vez soy menos idealista, así que no creo en el amor eterno. Ojalá pudiera cambiar de opinión.

¿Has estado en otro continente?: Sí, y espero conquistarlos todos!

¿Qué tiene que tener tu pareja ideal?: Inteligencia, sentido del humor, honestidad y lealtad.

¿Qué te gustaría hacer en este instante?: Coger un avión y escapar.

¿Has sido infiel alguna vez?: Hace muchos años, cuando no sabía lo que significaba valorar lo que se tiene. Si creo en la relación, soy absolutamente fiel.

¿Has sido el otro/la otra?: Puff, me temo que sí. Triste y angustioso papel.

¿Qué estás leyendo?: El Ocho, qué decepción, no me termina de enganchar y eso que estoy a punto de terminarlo.

Alguien a quien eches mucho de menos: Siempre a mi familia, especialmente a mi sobrino que es quien me quita todas las penas. Y a alguna que otra personita.

Canción que más quemas últimamente: Cualquiera que me ponga más tonta de lo que soy/estoy.

¿Cuándo fue la última que lloraste y por qué?: Llorar a moco tendido… hace un par de semanas, tras discutir con un compañero de trabajo. Injusta que es la vida.

¿Cómo te gusta dormir?: En pijamita, bien abrigada y abrazada, aunque sea a una triste almohada.

¿Cuándo fue la última vez que te tembló la VISA?: Últimamente me tiembla demasiado, sobre todo cuando me compré la PDA sin querer mirar el precio. Creo que me estoy arrepintiendo…

¿Cuál es tu prototipo físico de hombre/mujer?: Pues justo el que todavía no he podido disfrutar, todavía estoy esperando que el cielo me regale una Marta Etura de la vida…

¿Eres de algún equipo?: Del de mi tierra, aunque esté en Segunda B. Volveremos a la 1ª división un siglo de éstos!

Última persona que te hizo daño: Alguien a quien quiero mucho.

¿Qué es lo primero que piensas cuando te levantas?: Que tengo mucho sueño. Que llega otro día más vacío que lleno. Que a ver con qué me encontraré.

¿Y en lo último cuando te acuestas?: Hago un balance del día y me paro a pensar detenidamente en las cosas que me preocupan, en las que me gustan, en mis sueños… hasta quedarme frita.

Último beso que diste: Pues depende del beso. Besos normales todos los días, besos de verdad… hace algo más de tiempo.

Última película que te hizo llorar: Yo lloro hasta con las pelis malas de Antena 3! La última… Camino, gran película, delicada, sutil, muy bonita.

Último sueño que recuerdes: Me paso la vida soñando cosas surrealistas. Anoche por ejemplo soñé que me cogían por enchufe en el casting de Supervivientes y me iba a una isla del Caribe a pasar hambre! ¿Alguien me lo puede explicar, por favor?

Si te dieran la opción de poder cambiar algo de tu vida...: No cambiaría nada. Sí pediría algo más de frialdad, más razón y más suerte.

¿Qué harías si te tocara la lotería?: Me gusta esta pregunta! Me iría al aeropuerto con lo puesto, me pondría frente al panel de vuelos, elegiría destino y compraría el billete al instante. Primera parada: playa paradisíaca, relax total y agenda en mano para ir anotando cosas que podría hacer para arreglar un poquito mi mundo y el de los míos.

¿Necesitas pedir perdón a alguien?: Duermo con la conciencia tranquila. Y si alguien creyera que debo pedir perdón por algo, lo haría una y mil veces.

Un plan perfecto: Una noche de risas con amigos, una tarde con mi familia, un fin de semana en un lugar perdido con alguien especial, una cena con pizza, mantita, palomitas y peli con mi pareja. Por ejemplo.

¿Has estado con alguien casado/a?: Hmmm, algo parecido.

¿A quién le darías un abrazo?: A la gente que no está cerca de mí y que tanto echo de menos.

¿Cómo te ves en el futuro?: Pues depende: si estuviera soltera me veo millonaria, dando vueltas por el mundo y con un amor en cada puerto. Si estuviera comprometida me veo millonaria (con una casa en el norte y otra en el sur) y disfrutando cada segundo de mi pareja y de la vida.

¿Qué te llevarías a una isla desierta?: Un avión, para poder volar a todos los maravillosos rincones de este mundo. Y una buena compañía.

Última vez que saliste de fiesta, qué bebiste y qué ligaste: Este viernes. Bebí ron con limón. ¿Qué ligué? Yo no sé ligar. Me quedo con todo lo que me reí.

¿Prefieres estar solo/a o con pareja?: Por llevar la contraria, cuando estoy sola echo de menos compañía y cuando tengo compañía echo en falta la soledad. Señal de que no he encontrado la persona adecuada.

¿Cuánto vale el sexo?: No tiene precio! De 0 a 100, pongamos de 60 a 80%, según la persona y las circunstancias.

¿Cómo te llevas con tus ex?: Algunas son mis mejores amigas. Me conocen bien y no hemos perdido la complicidad.

¿Qué le dirías a alguien que te ha hecho feliz?: Que estaré eternamente agradecida, que seguramente me hayan ayudado a crecer y a ser lo que soy hoy.

¿Y a alguien que te ha hecho daño?: Que también tienen su hueco en mi corazón, que si me han hecho sufrir es porque también me han hecho sentir cosas bonitas.

¿Te consideras buen/a amante?: Ooooohhhhhh… no sabría evaluarme a mí misma, así que creo que todos nos quedaremos sin saberlo, vaya por dios.

¿Planes para vacaciones?: Con suerte este año me perderé en el desierto.

Una frase que te transmita algo: Más bien unos versos de Luis García Montero “Si alguna vez la vida te maltrata, acuérdate de mí, que no puede cansarse de esperar aquel que no se cansa de mirarte”.

¿Eres feliz?: Hoy por hoy no. Pero me gusta pensar que mañana puede ser un gran día.

¿Qué hora es?: Tarde, hora de irse a la cama.

Buenas noches y buena suerte.

miércoles 11 de febrero de 2009

COSAS QUE SÓLO PASAN UNA VEZ EN LA VIDA

Porque me parece increíble que en dos días me pasen las cosas que no podrían ocurrirme en años.

SMS: “Salgo de una reunión a las 19. Te invito a un café”. – Ex pareja?

SMS: “¿Dónde estás? Hace tiempo que no sé de ti. Dime algo, recuerda que te debo una cena. Tengo muchas ganas de verte…”. – Ex pareja.

Mensaje a través de Facebook: “Este fin de semana voy a estar en Madrid. ¿Una copa (detrás de otra)? Vamos a liarla, no?”. – Ex amante.

SMS: “¿Cómo estás? Pienso en ti. Un abrazo”. - Ex todo.

Mail: “Proposición indecente antes de que me arrepienta: Pide vacaciones y vente a Santiago (de Chile), te pago el billete. QUIERO VERTE. Ya me estoy arrepintiendo. QUIERO VERTE. Me acabo de arrepentir. Déjalo”. – Ex… ex nada, amiga, supongo.

SMS: “Srta. Nuuk… hoy estuve acordándome de Ud, repasando aquel intenso verano… ¿se acuerda como me acuerdo yo? Tierna y seductora, así le recuerdo... espero que siga igual… si pasa por aquí, no dude en llamarme. Besos desde el sur”. – Ex amante.

Conversación telefónica (contando un extraño sueño que había tenido la noche anterior): “Deja de soñar gilipolleces y a ver si sueñas conmigo en la cama”. - Ex nada! Camarada!! Perdón??? Joer, es mi camarada, nada más! (ya no sé qué creer!).

Casi pierdo la respiración cuando anoche, volviendo a casa, divisé unos metros por delante de mí a una chica que bien podría haber sido mi última pareja, y para no comprobarlo, me desvié del camino habitual... no más malos recuerdos, por dios!!!

Y así se me ha quedao el cuerpo. Porque hay cosas que sólo te pueden pasar una vez en la vida, y creo que ésta es una de ellas. En el caso de que tuvierais que elegir alguna opción, ¿cuál os parecería la más tentadora? Yo por si acaso, cambiaré las sábanas por segunda vez esta semana.

Y al contrario de lo que pueda parecer, me ahogo en esa clase de soledad en la que ni se siente ni se ama. En ese vacío que no te permite entregarte. En la soledad de no poder compartirlo todo con alguien.

Porque así me siento antes de acostarme y/o antes de levantarme…

martes 3 de febrero de 2009

HASTA AQUÍ HEMOS LLEGAO

Porque hay cosas que no pueden esperar mucho más y de repente, entre nubes y contradicciones, se hace la luz. Porque a veces hay que colmar el vaso y ponerse al límite para ser racional. El paso que cuesta la vida dar, el empujón que desesperadamente buscamos, las falsas conclusiones que sacamos a fuerza de engañarnos una y otra vez… y al final, todo llega.

Algo parecido me pasó hace una semana. Un día dices: BASTA. Y hasta los deseos se hacen realidad.

Basta de acumular agotamiento y estrés. De madrugar los fines de semana. De trabajar de lunes a domingo. De tener una tarde de ocio en siete días y un día libre en treinta. Basta de quedarme dormida por los rincones, de no ser persona, de soñar con compañeros y expedientes, de ir corriendo por la vida perdiéndomelo todo. ¿A qué precio he pagado refugiarme en el trabajo todo este tiempo? Basta, ya pasé lo peor, la tormenta amainó. Ahora entiendo que mi adicción al pluriempleo sólo respondía a un motivo: escapar para no pensar. Pensar en lo que me hacía daño. Ahora, con tiempo y con calma quiero disfrutar de lo que tuve que sacrificar y apartar. Ahora me toca disfrutar de mí. Y eso sí que no tiene precio.

Con respecto a ti… esa frialdad, esa manera de escribirme como si fuera una completa desconocida, como si no hubiera pasado nada, han hecho que caiga del guindo más alto. Esa reacción no es justa cuando alguien te está abriendo y entregando el alma de par en par. Perdona si te hiero… créeme que hasta ahora lo habías hecho bien y hubiera sido más valiente por tu parte callarte que forzar esas palabras, que inventarte más culpa y desentenderte del pasado con esa pasmosa facilidad. No sé por qué pero por primera vez he tenido la sensación de que no estabas siendo honesta, de que la verdad no iba cargada de tanta verdad como pretendes aparentar. No, no quiero que te sientas mal, y tú lo sabes. Pero no olvides que opino y escribo lo que quiero y siento, independientemente de estar en lo cierto o no. Y si estoy equivocada, te invito a que me corrijas y de paso a quitarme este mal sabor de boca.

Ese martes tomé la decisión de dejar un trabajo que me estaba haciendo polvo. Ese martes tomé la decisión de dejar de soñar con alguien que también me estaba haciendo polvo.

Objetivo cumplido. Que no es poco.

Ahora sólo quiero caminar palante, siempre palante…

P.D. Ya no habrá más post de amor pero no quería dejar de compartir contigo el recuerdo de aquellos días de abril… un abrazo enorme, con todo mi cariño.


martes 27 de enero de 2009

24 HORAS

Para tu mundo, haz un paréntesis, sueña conmigo un rato. Páralo y dime que te mueres por besarme. Aunque sea mentira. Páralo y acércate, abrázame fuerte y comprenderás que no te reclamo nada, que te quiero bien, sin ataduras. Páralo y mírame y verás cómo la nostalgia recorre cada poro de mi piel. Páralo y siénteme y sabrás que quiero verte feliz. Que después de haberte tenido una última vez te concederé la libertad sin fianza. Para tu mundo y cerremos este capítulo, que mi dolor no se traduce sino en esta historia a medias, inacabada. Que me arrebataste los segundos con los que contaba. Que me quedaron cosas por hacer, palabras que decir, risas por compartir y besos por dar. Que quiero recuperar el tiempo perdido, el que nos pertenece y nos debemos. Regálame tus caricias y quítame este mal sabor de boca, duerme conmigo y deja que me pegue a ti para contarte cuánto te eché de menos. Y prometo no extrañarte más.

Para tu mundo y deja que te haga el amor con la ternura infinita que se entregan los enamorados cuando tienen que despedirse hasta siempre. Suplícame que te lo haga otra vez, despacio, sin miedo, con el alma. Después podrás irte, te dejaré marchar sin pedirte que te quedes. Te cambio un beso por un adiós, un abrazo por la soledad, una noche por la locura. Y mañana Dios dirá…

Para tu mundo y sígueme, sólo 24 horas. Déjate llevar y vuélveme a repetir que nadie te besó igual. Y luego vuelve a lo tuyo, reconstruye tu vida y tus sueños, deja de pensar en mí hasta olvidarme.

Quiero conservar el mejor de los recuerdos, pasar página y guardarte muy dentro. Pero necesito que me mires, que me hables, que me digas que me quisiste. Hazlo y luego vete, sin tristeza, sin pena que arrastrar. A cambio prometo quitarte la culpa que no tienes, la carga que no debes soportar. Que no hay rencor. Dame tu olor y tu sonrisa una vez más, una palabra tuya. Y luego vete en paz con tu conciencia.

Porque ahora qué hago yo con un millón de besos que no me dio tiempo a darte aquella vez…

24 horas… aunque todo sea mentira.

Puede que así aprenda a saborearte de otra manera, sin dolor y con un cariño insuperable. Puede que así me enseñes a empezar a ser feliz, sin ti, pero contigo, siempre en mi corazón.

martes 20 de enero de 2009

...QUÉ CORTO FUE EL AMOR Y QUÉ LARGO EL OLVIDO...

10 de enero. La última vez que supe de ti.

Me has despertado, me has desvelado, me has hecho levantar de la cama cuando apenas me quedan unas horas de sueño, encender el ordenador y un cigarro y ponerme a escribir. ¡¿Desde cuándo tengo yo esas costumbres?! A mí no me levanta nadie a no ser que sea un caso de fuerza mayor. Y tú no eres fuerza mayor. No me da la gana. Estoy cabreada conmigo misma, cabreadísima.

Si algo no me ha gustado es tu insistencia para que esté bien. Si así te vas a quedar más tranquila, te lo diré veinte mil veces: estoy perfectísimamente. Si se trata de un ataque de egoísmo para arrancarte la culpa, te diré que estoy bien hasta que te canses. Si buscas consuelo en el simple hecho de escuchar esas dos palabras mágicas, te las regalo para siempre para no tener que repetírtelas. Pero, sinceramente, creo que tiene más mérito valorar el cariño y el esfuerzo con el que te trato de explicarte las cosas: tú no tienes culpa de nada, no te sientas mal, no tienes por qué sufrir porque seas consciente de mi dolor. Ha sido cosa de dos. Las dos quisimos entrar en el juego y quemarnos. Que yo haya salido más perjudicada es otra historia, que a mí me cueste más sobrellevarlo es mi problema. Porque no has tenido mala intención, porque siempre fuiste sincera, y eso es lo que cuenta. Porque lo único que hiciste fue dejarte llevar, independientemente de las consecuencias. Ésas ya las asumo yo, tú no tienes por qué cargar con ese peso. Punto.

Que sí, que después de todo, tú has retomado tu relación y yo me estoy pudriendo sola. Que antes tenía doscientos mensajes y horas de conversación al día. Que ahora no tengo nada y tú lo sigues teniendo. Que antes tenía cien mil palabras de amor y ahora escupes frialdad. Y tú sin embargo sigues teniendo a alguien a quien dedicarle versos y canciones. Que antes tenía ilusiones y se me han partido en mil pedazos. Y tú las sigues teniendo, pero ya no tienen mi olor. Que antes tenía planes y ahora vivo al día, mientras tú tienes argumentos sólidos para planificar tu vida a largo plazo. Que tus dudas se disipan y vuelves a reencontrarte. Que yo me he perdido un poco y a veces me doy cabezazos contra la pared sintiéndome la persona más imbécil del planeta.


Pero era con lo que contábamos. Era un pacto tácito, por eso me jode que le sigas dando vueltas. Porque es mi problema. Y tú no tienes nada que ver en esto. Has sido limpia y justa, con eso me basta. Por eso sigo poniéndome en tu lugar y te comprendo, y te apoyo, y te animo a que sigas trazando ese camino, el que te hace feliz. Y que, de alguna manera, siempre me tendrás para lo bueno y lo malo.

Vuelvo a la cama. Cualquiera se duerme ahora. Sigo cabreada. Pero no es asunto tuyo.

13 de enero. Conversación con una de mis camaradas.

No sé, no me encuentro bien, a estas alturas se me debería haber pasado, ¿no? ¿Pero cómo vas a estar bien? Es normal que te sientas así. Te han puteado. No, no. A mí nadie me ha puteado. Yo he hecho lo que he querido y me he metido hasta donde he querido, nadie me ha obligado. Ah, o sea, que aprovecha su momento de confusión para aprobar su asignatura pendiente y tener su aventurita para luego tirarte a la basura y tú lo ves normal… ¿cómo ibas a estar si no? Que no. Que yo sabía dónde me metía. Y todo el mundo tiene derecho a hacer lo que le dé la gana, en crisis o en no crisis. Hmmm, ahora que lo pienso, es una buena estrategia. En épocas de crisis, tirar de asignaturas pendientes… no está mal pensando, no… vamos, que de tonta no tiene un pelo. Que noooo, que ella sentía algo, al menos lo parecía. Anda tía, no flipes, qué va a sentir… estaba mal y aprovechó ese momento para echar un polvo, que nunca viene mal, y después volvió a su maravillosa vida, más reforzada y convencida, sin pensar el daño que te hacía… qué va a sentir, por dios, que parece que te has caído de un guindo. Que no, que lo sentía. Al menos ha sido honesta, prefiero quedarme con eso. Lo mismo es que no la dejaste ‘contenta’. Mira, ahí te voy a dar la razón. No estuve ni al treinta por ciento. Pero bueno, eso no es lo importante. ¿Ah no? ¿Y qué es lo importante en este tipo de historias? Mira, y ahora en serio, si quieres saber qué es lo verdaderamente importante… lo importante es que tú ya no estás en su vida, es que tú no has sido la elegida, es que tú no eres todo lo que te ha dicho, es que te ha rechazado, es que no te quiere a ti… y lo máximo a lo que puedes aspirar es a ser un buen recuerdo. Nada más. A ver si te lo metes en la cabeza. Además, es que no te entiendo, con lo que tú eres, que tardas cero coma dos en olvidarte de estos rollos pasajeros, ¿qué te ha dado con la niña esta?. No fue un rollo, fue más, fue especial, diferente. Fue… Anda, que te me estás volviendo mariquita… a estas alturas, no sé cómo te crees todo lo que te ha dicho. Abre los ojos y vuelve al mundo real, que estás ciega perdía y no te enteras de ná.

16 de enero. Le contaba a otra camarada:

“Estoy bien, pero no sé, siento que la pena la llevo por dentro y que no la puedo sacar. Raro en mí, porque ya sabes que tiendo a ser expresiva, a reírme o llorar según me salga. Pero no sé qué pasa esta vez, puedo hablar horas sobre lo mismo y sin embargo me cuesta arrancar este dolor que me embriaga de nostalgia, que no tanto de tristeza. Porque al fin y al cabo llevo el mismo ritmo, no me encuentro mal, se puede decir que estoy normal, y no sé por qué, de repente me sumo en una melancolía fuera de lo normal, la echo de menos, busco su olor, recuerdo su sabor, añoro sus besos, extraño sus caricias, sus ojos, su sonrisa. Pero de repente aterrizo y todo vuelve a su cauce, y soy capaz de continuar y seguir para delante como si nada, como si no la hubiera conocido nunca. Pero está siempre presente, a veces me molesta, otras me duele y otras me gusta. Siempre intento apartar lo que me angustia y sin embargo… a ella no puedo olvidarla.

Pasan los días y sigue ahí. Le deseo lo mejor y me alegro que sea feliz, aunque no sea conmigo. Al fin y al cabo ella no tiene la culpa, nadie tiene la culpa, no podría echarle nada en cara. Yo creo que en algún momento tuvo que sentir algo, si no, no me lo explico. Pero también creo que en época de crisis las cosas se confunden y ella confundió. No creo que fuera real. Supongo que a todos en tiempos de incertidumbre se nos va la cabeza, tiramos por otros derroteros y nos montamos una película que en realidad no existe. Pues sabes lo que te digo, que si a ella le ha servido para darse cuenta de lo que quiere, para despejar sus dudas, para retroceder y avanzar al mismo tiempo… si le ha servido para aclarar sentimientos y deseos, me alegro de haber contribuido en algo.

Aunque… qué putada para mí, ¿no? Que tenga que llegar yo para reforzar una relación, para que se dé cuenta de lo que busca, de lo que no quiere, de lo que ama… en fin, que me voy, que me estoy poniendo tonta, gilipollas y lo peor, triste. Y no quiero estar triste. Que bastante triste he estado ya. Que no, que no. Que se acabó. Que me voy. Que la echo de menos y no es habitual en mí en estas situaciones. Que mañana hablamos. Joder, su olor… Que nos vemos el lunes. Buff, qué me ha hecho. Que me voy, por millonésima vez. Apuff, mira que lo sabía. Llámame. ¿Por qué no me quiere? ¿Por qué no le gusto? Ala, venga, vete ya que es tarde. Tía… qué mal, snifffff, dame un abrazo, joder. Que me dice ahora mismo que vaya y voy con los ojos cerrados, que no puede ser, qué mosca me ha picado. Anda, arranca ya, que si no me veo llorándote en el hombro y no, por ahí sí que no paso. Pero si estoy bien, qué me pasa, voy a llamar a la psicóloga para que me alivie las penas. Lo dicho, que mañana hablamos. Diossss, no quiero dormir sola esta noche. En fin. Ala, hasta luego, Lucas.”

19 de enero. A solas conmigo.

Estos últimos días no levanto cabeza. Trabajo más para pensar menos. Quiero más, le suplico a mi jefe. Y cuando apenas me queda un rato libre me paro a racionalizar mis ideas y ordenarlas, me enfrento a tu mundo y a tus sueños. Me dejo caer en las garras de tu música, de tu paisaje, de tu olor, todo a la vez, para que el dolor se arranque de cuajo de dentro y no me torture a pequeñas dosis. Para sacarte del tirón, sin anestesia. Puede que así me escueza más ahora, pero mañana mis días serán más dulces, mis noches más suaves, mi soledad más llevadera. Para no pensar lo que fui y lo que soy, de cien a noventa, a ochenta, a sesenta, a treinta, a diez… Por eso tengo la ventana abierta, porque así se escapa el tiempo sin verte… el tiempo sin verte y tus besos, quizás el recuerdo más presente, más vivo y el más difícil de olvidar.

Lo siento, no puedo decirte que estoy bien, porque no lo estoy.

Ojalá me dieras una razón por la que no pudieras olvidarme jamás.

Ojalá creyera, por un solo momento, que alguna vez me quisiste.

jueves 8 de enero de 2009

NUESTRO DESTINO... EL MISMO QUE NOS UNE Y NOS SEPARA

Este es mi rincón, sólo mío, y no puedo permitirme dejar de escribir lo que quiero y como quiero. Porque callé y hablé, me llevé al límite para no mostrarte que me estaba desinflando y eché los restos para aliviar tus cargas, para no sumar otra preocupación a tu conciencia, para mantenerte fuerte. Por eso, igual que creo que tengo todo el derecho del mundo a ser absolutamente libre y sincera para escribir, tienes el mismo derecho a seguir leyéndome, censurarme, borrarme o salir corriendo.

……………………………………………………………………………………………………......

(Editado durante varios días)

1 de enero, o de cómo soportar un jarro de agua fría horas después de tomar las uvas.

2 de enero, o de cómo amainar la pena con alcohol, lluvia y un paseo junto al mar.

3 de enero. Esta noche no me tocaba dormir sola. No sé si me consuela saber que soy la que menos explicaciones debe dar y recibir. Algo bueno tenía que tener ser el segundo plato, el rollo, la amante, el aire fresco, la tercera, la cuarta o la quinta en discordia, el paréntesis (no pongas esa cara, va con cariño). No soy yo la que tiene que tomar decisiones transcendentales ni ordenar el caos y los muebles. Yo pasaba por allí, fuiste a por mí y me dejé seducir. Al fin y al cabo yo no tenía nada que perder y tú querías saber si lo ideal era sinónimo de real, si eran ciertos tus deseos, tus palabras, tus sueños. Viajamos por las nubes sin invocar recuerdos de mi pasado y tu presente, nos entregamos como si fuera para siempre o como si no fuera a haber otra ocasión. Te besé con la ternura infinita que me transmitieron tus besos, inolvidables. Cuántas veces nos dijimos que sería la primera y la última vez… y aunque estuviera mentalizada, nunca se termina de estar preparada para un desenlace rápido, implacable y sin avisar.

Cuatro y pico de la madrugada. Mucho humo. Razón medio nublada. No sé cuántas cervezas. No me gusta hablar demasiado por si resulto cansina. Me molestan los monólogos, los míos y los ajenos. Nada me ha servido tanto como la intensa terapia con Clara, compañera de juergas, batallas, mala suerte, ideales y frustraciones. Fiel camarada de mis naufragios, de cómo arreglar el peor mundo del mundo con el humor más inteligente, riéndonos de nuestras propias desgracias. Clara me ha hecho relativizar, bajar, pensar, racionalizar, valorar, sopesar y medir la situación de cabo a rabo. Estas sesiones son las mejores, todas gratis e ilimitadas en tiempo. Y tantas horas de conversación me han ayudado a sobrellevar el dolor, si es que éste no es simplemente producto de mi imaginación.

No es la distancia. Es cualquier cosa menos la distancia.

Aún te me atragantas cuando te pienso y te mentiría si te dijera que te he borrado de un plumazo. Sí me gustaría enterrar algunos pedacitos de ti, los que escuecen, queman o hielan. Me ha dolido literalmente el corazón cuando Amaia me decía no sé qué del mar, de libertad, del verbo puedo o cuando le pedí prestado a un tal Rodríguez un trocito de tu esencia… daría lo que fuera por anestesiarme el alma unos días para no tener que curar más heridas, para no cambiar más tiritas, para no recordar los viajes al dolor. No borraría nada pero sí volvería al punto de partida cada vez que me ocurra algo así, para concienciarme y guardar un rato el corazón en el congelador antes de situarme al borde del precipicio. Porque aún me llueven los recuerdos de aquellos días que corríamos al viento…

Pero como dice otra canción, ahora que estás un poco más alejada de mí, que ya no soy importante me iré, sin hacer nada de ruido. Al menos es mi pretensión a corto plazo. No sólo lo haría por mí sino por ti. No quiero ser un obstáculo ni una pérdida de tiempo, no quiero líos ni jugar con el fuego que ha terminado quemándome. Te dejo tranquila para que cada uno de tus amaneceres sean libres y rebosen de paz, para que cada noche te acuestes sin otra carga, para que reconstruyas tu vida y luches por lo que verdaderamente te hace feliz.

Me quedo con la magia y la emoción que me brindaste siempre. Porque antes de fundirnos ya nos habíamos unido de una manera más que especial, y eso sí que permanecerá indisoluble con el paso del tiempo. Me quedo con tu honestidad que no ha sido sino el principal motivo por el que he aprendido a quererte. Me quedo con esas 24 horas, con tus canciones, tu cariño, tu valentía y humildad. Me quedo con muchísimas cosas más que tal vez te cuente durante ese café que tanto se está haciendo esperar.

Ahora me pregunto si fue real o nos lo inventamos para tapar nuestras miserias. Al menos, yo, te puedo asegurar, que te hablé con el alma, que todo lo sentí.

Después de unos días, algo menos inconsciente, esos acordes de guitarra que me cortaban la respiración suenan más suaves, más dulces y bonitos. Cierro los ojos y me traslado, por una milésima de segundo, a tus sábanas, buscando tu abrazo y pidiéndote que me beses una vez más.
Pero sabes que, por encima de todo, mi prioridad siempre ha sido cuidarte, animarte y apoyarte en cualquier circunstancia, pasara lo que pasara. Por eso te deseo, de corazón, la mayor de las felicidades, que es la que te mereces. Y te espero para que me sigas haciendo partícipe de tu lucha por ver cumplidos todos tus sueños.

Que llegue pronto el café, que no se enfríe, que guarde bien los recuerdos y quién sabe, nos vuelva a empapar de magia.

martes 23 de diciembre de 2008

NUEVA YORK

Aún estabas a mi lado y ya te echaba de menos. Cuando te perdí de vista, con un nudo en la garganta y con ganas de salir corriendo detrás de ti, me quedé paralizada mirando el suelo y lamentando no haberte besado una vez más, con los cinco sentidos, con la ternura y el amor suficientes para que ya no pudieras olvidarme nunca. En el fondo, me alegro de no recordar tu último beso, porque la palabra último me pone enferma, porque prefiero tener grabado a fuego nuestro primer roce y porque me niego a creer que realmente sea el último, el penúltimo o el antepenúltimo.

Mañana Dios dirá, pero hoy… hoy me siento la mujer más afortunada de todos los planetas de la galaxia infinita.

No puedo ni quiero borrar de la memoria ni media milésima de segundo a tu lado. Ha sido tan maravilloso que volvería ahora mismo a por otro abrazo eterno. A no dejar de mirarte sin cansarme, a soñarte despierta, a disfrutarte en cuerpo y alma. Desde que me sorprendiste por detrás y empecé a admirar tu sonrisa sabía que sería perfecto. Como lo ha sido. No podía ser otra sino tú. O tú o ninguna.

No te imaginabas las ganas locas que tenía de probar tus besos, tal y como asegurabas, completamente adictivos. Muerta de miedo y de deseo te tenía allí delante, junto al mar. Sería imposible explicarte esa mezcla de paz y nervios, de calma y locura, de felicidad y desconcierto. La pasión me quemaba la sangre y recurrí al torneo de cervezas para relajarme: tus verdes contra mis amarillas. Te tumbé, debes reconocerlo, igual que tú lo hiciste en esa cocina inolvidable cuando me cogiste por detrás y me abalanzaste sobre ti. Desde ese instante, y desde que me robaste la botella mientras hablaba por teléfono, debo confesarte que empecé a morir por ti. Me sentí tuya, y ahora, lejos de ti, también siento pertenecer a ti de alguna manera, aunque lo tengamos terminantemente prohibido.

Que alguien me diga si no es amor estar con alguien más de 24 horas sin más necesidad que la de tus besos y dos litros de agua. Me olvidé de comer y de que había vida más allá de tu cama. Me olvidé de Madrid y su estrés, de mi pasado y de mi futuro y hasta de colocarme en posición vertical. Conseguiste hacer parar el mundo y crear el nuestro propio en el que no existía más vida y más amor que el que nos derrochábamos. Me encantó no separarme de ti, ni aún cuando dormías. Te velé toda la noche y te regalé, sin que te enteraras, otro millón de besos. No dejé de abrazarte y acariciarte ningún momento. Te tenía ahí y no me lo creía, por eso no quería quedarme dormida, porque nada me hacía sentirme tan llena como tenerte pegada a mí.

No podría elegir entre tantos segundos mágicos, me quedo con todos.

Sólo me perdí de camino a la estación cuando retumbaba en mi cabeza tanto silencio y tanta letra bonita de fondo. Me cogiste la mano justo en el momento en el que si no lo hacías te lo iba a suplicar, emocionada, rota de nostalgia y muerta de miedo pensando cuándo sería la próxima vez que te vería, si es que puedo volverte a ver. Me guardaré las esperanzas aunque tú no lo sepas, viviré ilusionada sin molestarte demasiado, te tendré muy dentro, ocuparás un lugar privilegiado en mi alma, te echaré de menos cada día y cada noche, te pensaré y te soñaré siempre.

Quiero que seas mi regalo para este nuevo año, saborearte otra vez, volverme loca con tus besos, vivir con la ilusión de exprimirte en otro encuentro furtivo, perderme en tus ojazos y en tu preciosa cara, volver a recorrer cada milímetro de tu cuerpo para terminar de aprendérmelo de memoria y así recordarlo cuando no estés y llenar el vacío de tu ausencia.

A pesar de todo... a pesar de todo soy feliz. Llegué eufórica a Madrid, luciendo mis heridas de guerra en el cuello, en plan adolescente total, presumiendo de agujetas y dos kilos menos. Como te acabo de decir, soy tan consciente y racional que trato de vivirte con realismo, de pensarte con paz, de echarte de menos sin dolor, como si fuera la sensación más maravillosa que jamás hubiera sentido. Cómo se puede echar tanto de menos a alguien y ser feliz al mismo tiempo… porque he sabido tratar esta historia con tanto cariño, con tanta prudencia, con tanto desinterés que no pesan las distancias ni los miedos, que las dificultades son más llevaderas de lo normal. Porque he aprendido a tener tanto cuidado contigo que sólo me importa que estés bien por encima de todo, pase lo que pase.

A ver ahora quién se mete en la cama sin tus abrazos. A ver si ahora voy a tener que suplicarte que me quites otra vez la ropa, que en el fondo me vuelve loca. Dime tú qué hago ahora con los trozos de pasión que no te di. A ver cómo lo hago para pedirte que sigas encima de mí y que no te bajes nunca porque mirarte desde aquí abajo es tan sensual, tan romántico, tan precioso… tanto como tú. Si no te di más es porque me lo guardé casi todo para la próxima ocasión, porque no quiero que lo intenso pierda fuerza sino que lo que empieza no deje de crecer.

Ya sé, mi amor. Ya sé que hay muchas cosas que no debería decir. Pero permíteme expresar lo que siento hoy porque será lo que me quede, significará que lo he vivido y no lo cambiaría por nada del mundo. Olvidar tus caricias ya será misión imposible, tu manera de hacerme el amor (buffff), tu sonrisa, diosss, tu sonrisa.

Susúrrame al oído las canciones de amor más bonitas, dime que te vuelvo loca, dime que jamás me olvidarás, dime que no es imposible, dime que me quieres, que jamás has sentido nada igual… aunque todo sea mentira… dímelo una vez más.

Debes ser un sueño. No me despiertes todavía, por favor. Que cuando llegue la calma te advertiré y te recordaré que ya va siendo hora de ir haciendo las maletas y que si no me haces caso voy a tener que secuestrarte, vendarte los ojos, meterte en un avión y volar… volar alto, sobrevolar la confusión y la incertidumbre y despegar de cero con destino Nueva York, sinónimo de besos y abrazos para toda la vida. Nuestra última parada, nuestro destino final.

miércoles 10 de diciembre de 2008

ALGO NO VA BIEN

No atino últimamente.

No sólo sigo sintiéndome la más gilipollas del lugar. Parece que el agotamiento físico y mental me está jugando malas pasadas. Empiezo a sentir una susceptibilidad extrema que, en ocasiones, me está haciendo perder la cabeza.

Me da la sensación de que la cago por donde paso, cuando hablo y hago. Se me va la fuerza y la pasión por mis absurdos actos y palabras. Creo que estoy más desanimada aunque me lo quiera negar. Lloro por cualquier cosa. Estoy borde. No rindo igual en el trabajo. Bajo la cabeza. No me siento segura. Todo lo recuerdo con nostalgia. No duermo. Tengo pesadillas. Estoy nerviosa. No pienso las cosas con la cabeza. Hago y deshago por mi cuenta. He tenido varios disgustos y no me encuentro bien para enmendarlos.

Estoy triste. Sin motivo ni razón aparente, pero lo estoy. Puede ser el exceso de actividad, el ir corriendo de un lado para otro, el pensar a mil por hora sin sacar ni una sola buena conclusión, el desesperarme por lo que antes no tenía importancia, el mal humor que me acompaña gran parte del día, la lluvia, el frío... vete a saber.

Afortuna o desgraciadamente, en las últimas semanas no cuento con demasiado tiempo libre, ni para mí ni para nadie. Y, aunque trato de disfrutar de mis ratitos de ocio, no los vivo con la misma intensidad.

Hasta me da la sensación de que estoy perdiendo las formas. Meto la pata sin darme cuenta, no me entero de lo que me dicen, bebo tan rápido que después tengo que esconderme para vomitar toda clase de mierda, me siento incómoda en cualquier situación, me cuesta sonreír... es como si estuviera perdiendo todo lo que hasta ahora había recuperado, que no era poco. Bendita estabilidad. Puede parecer que tomo el pelo, pero, sin embargo, soy yo la que se siente estafada.

Daría lo que fuera por desaparecer unos días. Escaparme a un pueblo perdido en algún rincón del mundo, guarecerme del frío en una cabañita de madera y ver caer la nieve tras el cristal. Sentarme frente a una gran chimenea arropada por una mantita y tomar un café con leche caliente mientras paso las páginas de una buena novela. Creo que ahora mismo sería una de las pocas cosas que podrían reconfortarme.

Puede que lo que realmente necesite sea pasar más tiempo conmigo misma, ordenar mis pensamientos y deseos, apartar lo que me hace daño y quedarme con lo bueno. Porque tengo tal caos emocional que no acierto a dar un paso firme y me niego a quedarme más tiempo entre arenas movedizas.

El tiempo ayudará... supongo.