miércoles, 10 de diciembre de 2008

ALGO NO VA BIEN

No atino últimamente.

No sólo sigo sintiéndome la más gilipollas del lugar. Parece que el agotamiento físico y mental me está jugando malas pasadas. Empiezo a sentir una susceptibilidad extrema que, en ocasiones, me está haciendo perder la cabeza.

Me da la sensación de que la cago por donde paso, cuando hablo y hago. Se me va la fuerza y la pasión por mis absurdos actos y palabras. Creo que estoy más desanimada aunque me lo quiera negar. Lloro por cualquier cosa. Estoy borde. No rindo igual en el trabajo. Bajo la cabeza. No me siento segura. Todo lo recuerdo con nostalgia. No duermo. Tengo pesadillas. Estoy nerviosa. No pienso las cosas con la cabeza. Hago y deshago por mi cuenta. He tenido varios disgustos y no me encuentro bien para enmendarlos.

Estoy triste. Sin motivo ni razón aparente, pero lo estoy. Puede ser el exceso de actividad, el ir corriendo de un lado para otro, el pensar a mil por hora sin sacar ni una sola buena conclusión, el desesperarme por lo que antes no tenía importancia, el mal humor que me acompaña gran parte del día, la lluvia, el frío... vete a saber.

Afortuna o desgraciadamente, en las últimas semanas no cuento con demasiado tiempo libre, ni para mí ni para nadie. Y, aunque trato de disfrutar de mis ratitos de ocio, no los vivo con la misma intensidad.

Hasta me da la sensación de que estoy perdiendo las formas. Meto la pata sin darme cuenta, no me entero de lo que me dicen, bebo tan rápido que después tengo que esconderme para vomitar toda clase de mierda, me siento incómoda en cualquier situación, me cuesta sonreír... es como si estuviera perdiendo todo lo que hasta ahora había recuperado, que no era poco. Bendita estabilidad. Puede parecer que tomo el pelo, pero, sin embargo, soy yo la que se siente estafada.

Daría lo que fuera por desaparecer unos días. Escaparme a un pueblo perdido en algún rincón del mundo, guarecerme del frío en una cabañita de madera y ver caer la nieve tras el cristal. Sentarme frente a una gran chimenea arropada por una mantita y tomar un café con leche caliente mientras paso las páginas de una buena novela. Creo que ahora mismo sería una de las pocas cosas que podrían reconfortarme.

Puede que lo que realmente necesite sea pasar más tiempo conmigo misma, ordenar mis pensamientos y deseos, apartar lo que me hace daño y quedarme con lo bueno. Porque tengo tal caos emocional que no acierto a dar un paso firme y me niego a quedarme más tiempo entre arenas movedizas.

El tiempo ayudará... supongo.

lunes, 1 de diciembre de 2008

NOVIEMBRE DULCE

He cambiado las flores, ya en mejor vida y de las que tanto me ha costado desprenderme, por el árbol de Navidad. Ha sido raro montarlo sola, sobre todo cuando sobrevuela tanta incertidumbre e inquietud por saber dónde y de qué manera pasaré la última semana de diciembre. Me gustan estas fechas si sé que las pasaré rodeada de gente querida, pero se me congela el corazón y el habla cuando pienso en la posibilidad de que me quede en Madrid, lejos de los míos.

Me retumba la cabeza cuando me acuerdo del sueño que tuve hace meses, años quizás... aún conservo un extracto de lo que escribí por aquel entonces:

"Me llamaste llorando. Tu voz me hizo presagiar lo peor, pero ante todo traté de escucharte y calmarte. Había mucho ruido de fondo, yo en el trabajo intentando hacer oídos sordos a los cien mil teléfonos que suplicaban ser cogidos y tú en la calle, con un viento y frío terribles y sonido de sirenas que se perdían por las calles de Madrid. Por fin te atreviste a decir que estabas a escasos metros de mí. En menos de tres minutos ya te divisaba y lo único que se me pasaba por la cabeza era el abrazo que necesitaba darte para hacerte sentir algo mejor. Te abracé tanto y tan fuerte que perdí la noción del tiempo, te abracé con tanto amor que olvidé dónde estaba. Sólo quería correr a tu lado, abrazarte en nuestro mundo, besarte a todas horas, encontrar ese número de la suerte que nos hiciera escapar cogidas de la mano. Tenerte, por fin.

Tenías los ojos hinchados de tanto llorar. Llevabas una pequeña mochila y un billete de ida y vuelta sin cerrar. Habías viajado no sé cuántos kilómetros huyendo momentáneamente de tu caos y tus quebraderos de cabeza. Me dio la sensación de que buscabas en mí un pequeño refugio y en ese momento estaba dispuesta a entregarte mi vida entera por arrancarte una sonrisa. Me marché del trabajo lo antes posible y nos fuimos a casa. Tenías las manos heladas y ya era incapaz de dejarte que pasaras frío un segundo más. Porque conmigo, pensaba, tendrías todo el calor que pudieras necesitar a lo largo de tu vida.

El sol nos brindó la oportunidad de salir a la calle y respirar el invierno madrileño. Siempre me contabas que te volvía loca pasear por el Retiro y, como tus deseos son órdenes para mí, te llevé al parque de tus sueños. Rodeadas de verde, agua y luz te sentía más relajada, y hasta más contenta. Nos tiramos horas andando, recorriendo cada camino y descubriendo rincones mágicos. Apenas habíamos tenido tiempo para cruzar nuestras miradas y no te imaginabas que me moría por volver a empezar a abrazarte. Exhaustas, nos tiramos en la hierba, algo mojada por la humedad, pero con el ánimo ascendente, casi tan alto como las nubes que, en silencio, contemplábamos. De repente, rompes a carcajadas, te miro sorprendida, desconcertada pero feliz. Tú sí que tienes la sonrisa más maravillosa que he visto y la risa más emocionante que jamás he sentido. Te incorporas y te sientas encima de mí, bloqueando mis brazos con tus manos. Te acercas, me miras, me sonríes, te sigues acercando... me tiembla todo el cuerpo y se me nubla la razón y la vista, así que no me queda más remedio que cerrar los ojos, caer rendida a ti y esperar... jamás creí que me hablaras en serio cuando me decías que tus besos eran adictivos".

Desde que tuve este sueño, jamás volví a saber de ella...

Hoy, sin saber por qué extraña razón, me siento la persona más gilipollas que existe sobre la faz de la tierra.

De fondo, "Quiero ser", de Amaia Montero. Pues eso.

lunes, 17 de noviembre de 2008

BLOG NUEVO, VIDA NUEVA

Me he traído un parrafito del primer post que escribí hace ya casi dos años, en mi otra vida, en "Cosas que siempre te dije". Porque, aunque las formas han cambiado, la esencia sigue siendo la misma:

'Puede que mi historia no sea nada del otro mundo, ni siquiera interesante, pero para mí es, cuanto menos, impresionante, emocionante y, sobre todo, viva, aunque dolorosa. Mi historia es un continuo tormento, una eterna incógnita, un presente vacío colmado en ocasiones de efímera felicidad. Es un cuento en el que la vida podría considerarse una farsa, una mentira, pero nunca un autoengaño. En la que escasean los finales felices y nadie come perdices. Un vaivén de sentimientos que salen y se esconden, que asoman la cabeza y se entierran. El desequilibrio emocional. El caos. Las batallas más peleadas perdidas. Jamás la rendición, sí la desesperación. La esperanza asesinada. El consuelo de tontos. El amor, puro y duro, con letras mayúsculas; quizás el desamor, también con mayúsculas. Es una historia en la que las protagonistas son casi exclusivamente mujeres, incluída yo'.

Para los que me han esperado pacientemente y que conocen mis cuentos e historias:

- Leo y yo lo dejamos definitivamente hace poco más de dos meses después de un final infernal e interminable. Me he quitado de encima el peso más grande de mi vida, aunque aún queden heridas por cerrar, aunque aún coincidamos en el trabajo, a pesar de que continúe intentando volverme loca con sus sutiles estrategias. Hoy por hoy, sólo puedo sentir rencor hacia ella. Puede que pronto sabroree las mieles de la indiferencia total y absoluta. Sólo espero encontrar la fuerza para no volver a recaer.

- Me queda un café para cambiar de trabajo.

- De momento las Oposiciones han quedado aparcadas. Puede que más adelante, pero ahora tengo otras prioridades.

- He pasado un mes de vacaciones perfecto.

- Nunca me había sentido tan arropada por la gente que dejé de lado durante mi relación con Leo. Dulces paradojas de la vida.

- Mi psicóloga me ha reducido considerablemente las sesiones de terapia.

- Sin embargo, tengo recaídas, días tontos, malos, nostálgicos, asfixiantes, tristes y asquerosos, pero estoy aprendiendo a respirar.

- Al fin y al cabo, estoy reencontrándome, valorándome, cuidándome y queriéndome.

Porque después de la tempestad llega la calma, detrás de las nubes siempre asoma el sol y no hay mal que cien años dure... y vuelvo al punto de partida, parto de cero, nazco otra vez, empiezo a vivir, a sonreír, y, sobre todo, a soñar.