martes, 27 de enero de 2009

24 HORAS

Para tu mundo, haz un paréntesis, sueña conmigo un rato. Páralo y dime que te mueres por besarme. Aunque sea mentira. Páralo y acércate, abrázame fuerte y comprenderás que no te reclamo nada, que te quiero bien, sin ataduras. Páralo y mírame y verás cómo la nostalgia recorre cada poro de mi piel. Páralo y siénteme y sabrás que quiero verte feliz. Que después de haberte tenido una última vez te concederé la libertad sin fianza. Para tu mundo y cerremos este capítulo, que mi dolor no se traduce sino en esta historia a medias, inacabada. Que me arrebataste los segundos con los que contaba. Que me quedaron cosas por hacer, palabras que decir, risas por compartir y besos por dar. Que quiero recuperar el tiempo perdido, el que nos pertenece y nos debemos. Regálame tus caricias y quítame este mal sabor de boca, duerme conmigo y deja que me pegue a ti para contarte cuánto te eché de menos. Y prometo no extrañarte más.

Para tu mundo y deja que te haga el amor con la ternura infinita que se entregan los enamorados cuando tienen que despedirse hasta siempre. Suplícame que te lo haga otra vez, despacio, sin miedo, con el alma. Después podrás irte, te dejaré marchar sin pedirte que te quedes. Te cambio un beso por un adiós, un abrazo por la soledad, una noche por la locura. Y mañana Dios dirá…

Para tu mundo y sígueme, sólo 24 horas. Déjate llevar y vuélveme a repetir que nadie te besó igual. Y luego vuelve a lo tuyo, reconstruye tu vida y tus sueños, deja de pensar en mí hasta olvidarme.

Quiero conservar el mejor de los recuerdos, pasar página y guardarte muy dentro. Pero necesito que me mires, que me hables, que me digas que me quisiste. Hazlo y luego vete, sin tristeza, sin pena que arrastrar. A cambio prometo quitarte la culpa que no tienes, la carga que no debes soportar. Que no hay rencor. Dame tu olor y tu sonrisa una vez más, una palabra tuya. Y luego vete en paz con tu conciencia.

Porque ahora qué hago yo con un millón de besos que no me dio tiempo a darte aquella vez…

24 horas… aunque todo sea mentira.

Puede que así aprenda a saborearte de otra manera, sin dolor y con un cariño insuperable. Puede que así me enseñes a empezar a ser feliz, sin ti, pero contigo, siempre en mi corazón.

martes, 20 de enero de 2009

...QUÉ CORTO FUE EL AMOR Y QUÉ LARGO EL OLVIDO...

10 de enero. La última vez que supe de ti.

Me has despertado, me has desvelado, me has hecho levantar de la cama cuando apenas me quedan unas horas de sueño, encender el ordenador y un cigarro y ponerme a escribir. ¡¿Desde cuándo tengo yo esas costumbres?! A mí no me levanta nadie a no ser que sea un caso de fuerza mayor. Y tú no eres fuerza mayor. No me da la gana. Estoy cabreada conmigo misma, cabreadísima.

Si algo no me ha gustado es tu insistencia para que esté bien. Si así te vas a quedar más tranquila, te lo diré veinte mil veces: estoy perfectísimamente. Si se trata de un ataque de egoísmo para arrancarte la culpa, te diré que estoy bien hasta que te canses. Si buscas consuelo en el simple hecho de escuchar esas dos palabras mágicas, te las regalo para siempre para no tener que repetírtelas. Pero, sinceramente, creo que tiene más mérito valorar el cariño y el esfuerzo con el que te trato de explicarte las cosas: tú no tienes culpa de nada, no te sientas mal, no tienes por qué sufrir porque seas consciente de mi dolor. Ha sido cosa de dos. Las dos quisimos entrar en el juego y quemarnos. Que yo haya salido más perjudicada es otra historia, que a mí me cueste más sobrellevarlo es mi problema. Porque no has tenido mala intención, porque siempre fuiste sincera, y eso es lo que cuenta. Porque lo único que hiciste fue dejarte llevar, independientemente de las consecuencias. Ésas ya las asumo yo, tú no tienes por qué cargar con ese peso. Punto.

Que sí, que después de todo, tú has retomado tu relación y yo me estoy pudriendo sola. Que antes tenía doscientos mensajes y horas de conversación al día. Que ahora no tengo nada y tú lo sigues teniendo. Que antes tenía cien mil palabras de amor y ahora escupes frialdad. Y tú sin embargo sigues teniendo a alguien a quien dedicarle versos y canciones. Que antes tenía ilusiones y se me han partido en mil pedazos. Y tú las sigues teniendo, pero ya no tienen mi olor. Que antes tenía planes y ahora vivo al día, mientras tú tienes argumentos sólidos para planificar tu vida a largo plazo. Que tus dudas se disipan y vuelves a reencontrarte. Que yo me he perdido un poco y a veces me doy cabezazos contra la pared sintiéndome la persona más imbécil del planeta.


Pero era con lo que contábamos. Era un pacto tácito, por eso me jode que le sigas dando vueltas. Porque es mi problema. Y tú no tienes nada que ver en esto. Has sido limpia y justa, con eso me basta. Por eso sigo poniéndome en tu lugar y te comprendo, y te apoyo, y te animo a que sigas trazando ese camino, el que te hace feliz. Y que, de alguna manera, siempre me tendrás para lo bueno y lo malo.

Vuelvo a la cama. Cualquiera se duerme ahora. Sigo cabreada. Pero no es asunto tuyo.

13 de enero. Conversación con una de mis camaradas.

No sé, no me encuentro bien, a estas alturas se me debería haber pasado, ¿no? ¿Pero cómo vas a estar bien? Es normal que te sientas así. Te han puteado. No, no. A mí nadie me ha puteado. Yo he hecho lo que he querido y me he metido hasta donde he querido, nadie me ha obligado. Ah, o sea, que aprovecha su momento de confusión para aprobar su asignatura pendiente y tener su aventurita para luego tirarte a la basura y tú lo ves normal… ¿cómo ibas a estar si no? Que no. Que yo sabía dónde me metía. Y todo el mundo tiene derecho a hacer lo que le dé la gana, en crisis o en no crisis. Hmmm, ahora que lo pienso, es una buena estrategia. En épocas de crisis, tirar de asignaturas pendientes… no está mal pensando, no… vamos, que de tonta no tiene un pelo. Que noooo, que ella sentía algo, al menos lo parecía. Anda tía, no flipes, qué va a sentir… estaba mal y aprovechó ese momento para echar un polvo, que nunca viene mal, y después volvió a su maravillosa vida, más reforzada y convencida, sin pensar el daño que te hacía… qué va a sentir, por dios, que parece que te has caído de un guindo. Que no, que lo sentía. Al menos ha sido honesta, prefiero quedarme con eso. Lo mismo es que no la dejaste ‘contenta’. Mira, ahí te voy a dar la razón. No estuve ni al treinta por ciento. Pero bueno, eso no es lo importante. ¿Ah no? ¿Y qué es lo importante en este tipo de historias? Mira, y ahora en serio, si quieres saber qué es lo verdaderamente importante… lo importante es que tú ya no estás en su vida, es que tú no has sido la elegida, es que tú no eres todo lo que te ha dicho, es que te ha rechazado, es que no te quiere a ti… y lo máximo a lo que puedes aspirar es a ser un buen recuerdo. Nada más. A ver si te lo metes en la cabeza. Además, es que no te entiendo, con lo que tú eres, que tardas cero coma dos en olvidarte de estos rollos pasajeros, ¿qué te ha dado con la niña esta?. No fue un rollo, fue más, fue especial, diferente. Fue… Anda, que te me estás volviendo mariquita… a estas alturas, no sé cómo te crees todo lo que te ha dicho. Abre los ojos y vuelve al mundo real, que estás ciega perdía y no te enteras de ná.

16 de enero. Le contaba a otra camarada:

“Estoy bien, pero no sé, siento que la pena la llevo por dentro y que no la puedo sacar. Raro en mí, porque ya sabes que tiendo a ser expresiva, a reírme o llorar según me salga. Pero no sé qué pasa esta vez, puedo hablar horas sobre lo mismo y sin embargo me cuesta arrancar este dolor que me embriaga de nostalgia, que no tanto de tristeza. Porque al fin y al cabo llevo el mismo ritmo, no me encuentro mal, se puede decir que estoy normal, y no sé por qué, de repente me sumo en una melancolía fuera de lo normal, la echo de menos, busco su olor, recuerdo su sabor, añoro sus besos, extraño sus caricias, sus ojos, su sonrisa. Pero de repente aterrizo y todo vuelve a su cauce, y soy capaz de continuar y seguir para delante como si nada, como si no la hubiera conocido nunca. Pero está siempre presente, a veces me molesta, otras me duele y otras me gusta. Siempre intento apartar lo que me angustia y sin embargo… a ella no puedo olvidarla.

Pasan los días y sigue ahí. Le deseo lo mejor y me alegro que sea feliz, aunque no sea conmigo. Al fin y al cabo ella no tiene la culpa, nadie tiene la culpa, no podría echarle nada en cara. Yo creo que en algún momento tuvo que sentir algo, si no, no me lo explico. Pero también creo que en época de crisis las cosas se confunden y ella confundió. No creo que fuera real. Supongo que a todos en tiempos de incertidumbre se nos va la cabeza, tiramos por otros derroteros y nos montamos una película que en realidad no existe. Pues sabes lo que te digo, que si a ella le ha servido para darse cuenta de lo que quiere, para despejar sus dudas, para retroceder y avanzar al mismo tiempo… si le ha servido para aclarar sentimientos y deseos, me alegro de haber contribuido en algo.

Aunque… qué putada para mí, ¿no? Que tenga que llegar yo para reforzar una relación, para que se dé cuenta de lo que busca, de lo que no quiere, de lo que ama… en fin, que me voy, que me estoy poniendo tonta, gilipollas y lo peor, triste. Y no quiero estar triste. Que bastante triste he estado ya. Que no, que no. Que se acabó. Que me voy. Que la echo de menos y no es habitual en mí en estas situaciones. Que mañana hablamos. Joder, su olor… Que nos vemos el lunes. Buff, qué me ha hecho. Que me voy, por millonésima vez. Apuff, mira que lo sabía. Llámame. ¿Por qué no me quiere? ¿Por qué no le gusto? Ala, venga, vete ya que es tarde. Tía… qué mal, snifffff, dame un abrazo, joder. Que me dice ahora mismo que vaya y voy con los ojos cerrados, que no puede ser, qué mosca me ha picado. Anda, arranca ya, que si no me veo llorándote en el hombro y no, por ahí sí que no paso. Pero si estoy bien, qué me pasa, voy a llamar a la psicóloga para que me alivie las penas. Lo dicho, que mañana hablamos. Diossss, no quiero dormir sola esta noche. En fin. Ala, hasta luego, Lucas.”

19 de enero. A solas conmigo.

Estos últimos días no levanto cabeza. Trabajo más para pensar menos. Quiero más, le suplico a mi jefe. Y cuando apenas me queda un rato libre me paro a racionalizar mis ideas y ordenarlas, me enfrento a tu mundo y a tus sueños. Me dejo caer en las garras de tu música, de tu paisaje, de tu olor, todo a la vez, para que el dolor se arranque de cuajo de dentro y no me torture a pequeñas dosis. Para sacarte del tirón, sin anestesia. Puede que así me escueza más ahora, pero mañana mis días serán más dulces, mis noches más suaves, mi soledad más llevadera. Para no pensar lo que fui y lo que soy, de cien a noventa, a ochenta, a sesenta, a treinta, a diez… Por eso tengo la ventana abierta, porque así se escapa el tiempo sin verte… el tiempo sin verte y tus besos, quizás el recuerdo más presente, más vivo y el más difícil de olvidar.

Lo siento, no puedo decirte que estoy bien, porque no lo estoy.

Ojalá me dieras una razón por la que no pudieras olvidarme jamás.

Ojalá creyera, por un solo momento, que alguna vez me quisiste.


domingo, 4 de enero de 2009

NUESTRO DESTINO... EL MISMO QUE NOS UNE Y NOS SEPARA

Este es mi rincón, sólo mío, y no puedo permitirme dejar de escribir lo que quiero y como quiero. Porque callé y hablé, me llevé al límite para no mostrarte que me estaba desinflando y eché los restos para aliviar tus cargas, para no sumar otra preocupación a tu conciencia, para mantenerte fuerte. Por eso, igual que creo que tengo todo el derecho del mundo a ser absolutamente libre y sincera para escribir, tienes el mismo derecho a seguir leyéndome, censurarme, borrarme o salir corriendo.

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(Editado durante varios días)

1 de enero, o de cómo soportar un jarro de agua fría horas después de tomar las uvas.

2 de enero, o de cómo amainar la pena con alcohol, lluvia y un paseo junto al mar.

3 de enero. Esta noche no me tocaba dormir sola. No sé si me consuela saber que soy la que menos explicaciones debe dar y recibir. Algo bueno tenía que tener ser el segundo plato, el rollo, la amante, el aire fresco, la tercera, la cuarta o la quinta en discordia, el paréntesis (no pongas esa cara, va con cariño). No soy yo la que tiene que tomar decisiones transcendentales ni ordenar el caos y los muebles. Yo pasaba por allí, fuiste a por mí y me dejé seducir. Al fin y al cabo yo no tenía nada que perder y tú querías saber si lo ideal era sinónimo de real, si eran ciertos tus deseos, tus palabras, tus sueños. Viajamos por las nubes sin invocar recuerdos de mi pasado y tu presente, nos entregamos como si fuera para siempre o como si no fuera a haber otra ocasión. Te besé con la ternura infinita que me transmitieron tus besos, inolvidables. Cuántas veces nos dijimos que sería la primera y la última vez… y aunque estuviera mentalizada, nunca se termina de estar preparada para un desenlace rápido, implacable y sin avisar.

Cuatro y pico de la madrugada. Mucho humo. Razón medio nublada. No sé cuántas cervezas. No me gusta hablar demasiado por si resulto cansina. Me molestan los monólogos, los míos y los ajenos. Nada me ha servido tanto como la intensa terapia con Clara, compañera de juergas, batallas, mala suerte, ideales y frustraciones. Fiel camarada de mis naufragios, de cómo arreglar el peor mundo del mundo con el humor más inteligente, riéndonos de nuestras propias desgracias. Clara me ha hecho relativizar, bajar, pensar, racionalizar, valorar, sopesar y medir la situación de cabo a rabo. Estas sesiones son las mejores, todas gratis e ilimitadas en tiempo. Y tantas horas de conversación me han ayudado a sobrellevar el dolor, si es que éste no es simplemente producto de mi imaginación.

No es la distancia. Es cualquier cosa menos la distancia.

Aún te me atragantas cuando te pienso y te mentiría si te dijera que te he borrado de un plumazo. Sí me gustaría enterrar algunos pedacitos de ti, los que escuecen, queman o hielan. Me ha dolido literalmente el corazón cuando Amaia me decía no sé qué del mar, de libertad, del verbo puedo o cuando le pedí prestado a un tal Rodríguez un trocito de tu esencia… daría lo que fuera por anestesiarme el alma unos días para no tener que curar más heridas, para no cambiar más tiritas, para no recordar los viajes al dolor. No borraría nada pero sí volvería al punto de partida cada vez que me ocurra algo así, para concienciarme y guardar un rato el corazón en el congelador antes de situarme al borde del precipicio. Porque aún me llueven los recuerdos de aquellos días que corríamos al viento…

Pero como dice otra canción, ahora que estás un poco más alejada de mí, que ya no soy importante me iré, sin hacer nada de ruido. Al menos es mi pretensión a corto plazo. No sólo lo haría por mí sino por ti. No quiero ser un obstáculo ni una pérdida de tiempo, no quiero líos ni jugar con el fuego que ha terminado quemándome. Te dejo tranquila para que cada uno de tus amaneceres sean libres y rebosen de paz, para que cada noche te acuestes sin otra carga, para que reconstruyas tu vida y luches por lo que verdaderamente te hace feliz.

Me quedo con la magia y la emoción que me brindaste siempre. Porque antes de fundirnos ya nos habíamos unido de una manera más que especial, y eso sí que permanecerá indisoluble con el paso del tiempo. Me quedo con tu honestidad que no ha sido sino el principal motivo por el que he aprendido a quererte. Me quedo con esas 24 horas, con tus canciones, tu cariño, tu valentía y humildad. Me quedo con muchísimas cosas más que tal vez te cuente durante ese café que tanto se está haciendo esperar.

Ahora me pregunto si fue real o nos lo inventamos para tapar nuestras miserias. Al menos, yo, te puedo asegurar, que te hablé con el alma, que todo lo sentí.

Después de unos días, algo menos inconsciente, esos acordes de guitarra que me cortaban la respiración suenan más suaves, más dulces y bonitos. Cierro los ojos y me traslado, por una milésima de segundo, a tus sábanas, buscando tu abrazo y pidiéndote que me beses una vez más.
Pero sabes que, por encima de todo, mi prioridad siempre ha sido cuidarte, animarte y apoyarte en cualquier circunstancia, pasara lo que pasara. Por eso te deseo, de corazón, la mayor de las felicidades, que es la que te mereces. Y te espero para que me sigas haciendo partícipe de tu lucha por ver cumplidos todos tus sueños.

Que llegue pronto el café, que no se enfríe, que guarde bien los recuerdos y quién sabe, nos vuelva a empapar de magia.