martes, 28 de abril de 2009

LIBERANDO TENSIONES

Hace viento en Madrid. Una pasada.

Es el momento de salir a la calle, quedarse quieta y caminar según sople el viento. A veces no hay nada mejor que dejarse llevar por la inercia, sin pensar más allá. Yo, que siempre me he preocupado excesivamente por todo, hasta por las más absolutas y absurdas tonterías. Tal vez sea una buena filosofía respirar sin pensar, vivir sin pensar, soñar sin pensar.

Será que por fin, después de algunos meses enclaustrada en esta ciudad, me voy un rato a los mares del sur a respirar de lo mío, de lo bueno, de lo que llena sin empalagar. Y es que, no hay nada que me haga más ilusión en este momento que irme a mi amada tierra. Tanta ilusión que los grandes problemas se vuelven pequeños, el cansancio apenas se percibe, la apatía se pierde de vista.

Diosss, cómo me gusta ser andaluza...

Se liberan algunas tensiones y aparecen otras más fáciles de sobrellevar. O son las mismas pero se ven de otra manera. Se apagan algunos miedos y vuelve la vida fácil.

Cómo es la mente, cómo puede llegar a complicar o facilitar. Cómo nos hace ganar o perder, sentir o no sentir, querer o no querer, morir o resucitar.

Es algo así como esta canción, cómo hacer fácil lo difícil, reír por/para no llorar, sacar lo positivo de lo más negativo, burlarse de los desastres cotidianos.

Cantar a carcajadas la letra más deprimente...



También cuenta que la cante Conchita, algo así como la segunda o la tercera de mi lista de "Mujeres con las que siempre soñaré" (próximamente en este blog).

jueves, 16 de abril de 2009

PAUSA

Estoy en apuros. STOP. Me he apartado a otro mundo. STOP. No soy persona. STOP. En esta dimensión no se puede respirar. STOP. Espero que todo vuelva a su cauce. STOP. Unos días más y ¿vendrá la calma?. STOP. No tengo palabras. STOP. Besos y abrazos. STOP.

jueves, 2 de abril de 2009

TIEMPO AL TIEMPO

Hacía tiempo que no me dedicaba un rato y una cerveza después de trabajar. Adoro los momentos rodeada de ruido y gente y tan llena de esa soledad buscada en la que se encuentra el silencio y la calma bajo nubes de humo y bullicio. Hacía tiempo, casi tanto como hacía que no escribía en la servilleta de cualquier bar:

“Que vuele el tiempo. Que me despierte en el mar. Que pueda abrazar a todos los que una vez dejé con la pretensión de no volver.

Que transcurra el tiempo muy lentamente. Que viva cada segundo como si fuera el último, que cuando los reviva me cuelgue la más dulce de las sonrisas y haga la maleta ilusionada, con lo aprendido, lo llorado y lo disfrutado. Que no me arrepienta de nada.

Que queme el tiempo, que mañana sepa que lo apuré al máximo, que en cada momento tomé la opción que quise, aunque no fuera la más adecuada. Que me abrasen los recuerdos y los conserve siempre, grabados a fuego en el corazón.

Que el tiempo sepa perdonarme los días perdidos y el agotamiento mental. Que me los guarde para más adelante. Que no me robe los trocitos de aire que dejé escapar ni la fuerza que no pude sacar.

Que me dé tiempo a ordenar mis pequeños caos. Que no me ate a nada y me oriente sin perderme entre tanta libertad. Que me cuide y me regañe.

Que el tiempo me ayude a ser feliz. Que me haga mirar atrás sin dolor y me advierta el futuro que siempre deseé, con el que siempre soñé”.

Porque estos días echo de menos todo aquello que no tengo. Porque no soporto echar de menos gratuitamente, con la rabia contenida y la lágrima fácil. Porque los últimos cambios no sé si están dando los frutos esperados y cualquier cosa que me afecta me hace mirar hacia otros horizontes.

Pero no, niña, aún no te saldrás con la tuya en ese extraño y persistente intento por convencerme. Porque tengo que ser paciente y esperar a que el cielo se nuble un poquito más para ver los claros. Aunque te reconozca que hoy me he muerto de ganas de tenerte siquiera un momento para decirte al oído que te quiero antes de que me hicieras callar con uno de esos besos que a día de hoy, seguramente, me seguirían volviendo loca. Y es que hoy, aunque no te lo diga, me moría por abrazarte.