jueves, 18 de junio de 2009

INSOMNIO

No puedo dormir... llevo más de dos horas dando vueltas en la cama y no hay manera de pegar ojo. Así llevo toda la semana, durmiendo nada, madrugando, rindiendo a tope en el trabajo para luego caer rendida y aún así no logro conciliar el sueño. Cuanto menos preocupaciones, menos capacidad para descansar. Quiero agobios, quiero problemas, quiero tensiones, quiero quebraderos de cabeza!!! Quiero dormir, por diosssss!!! Cuanto más tranquila, más intraquila. Hace nada, ya en la cama con un ojo abierto y otro cerrado, mis exámenes de conciencia se quedaban a la mitad, los balances sin acabar, los miedos sin enfrentar. Ahora, que se puede decir que reina la calma, mis ejercicios espirituales nocturnos duran una eternidad, no repaso los días sino los minutos, mis análisis se han vuelto exhaustivos, me siento en la obligación de terminar los deberes, que tienen que rozar la perfección. Pienso en las tareas realizadas, en lo que dejo pendiente. Intento sentir a mis niñas favoritas en la imaginación para no olvidar y no anclarme en simples recuerdos, las atraigo hacia mí con todas mis fuerzas para que no se marchen de mi alma. Me precipito en pensar qué pasará mañana, cuando me levante, en el metro, en el trabajo, tomando algo, de vuelta a casa. Fantaseo con ilusiones que jamás creeré rotas ni apagadas.

Y así pasan las noches, suaves, con la ventana abierta, frescas, puras. Y resulta que mi única preocupación es no poder dormir.

¿Acaso algo se me remueve por dentro y no soy consciente? ¿Acaso me gusta sufrir y en el momento que dejo de hacerlo me vuelvo una neurótica? ¿Acaso tengo angustia por algo que ni yo misma puedo percibir? ¿Acaso no sé vivir sin un ápice de dolor?

Y como el cuerpo me pide sur, allá que me voy. Tal vez en mi cama, la que tengo junto al mar, sí pueda reposar en paz, sin obligaciones, sin despertadores ni alertas.

Si mi alma descansa, ¿por qué mi cuerpo no responde al unísono? ¿Por qué no se agota?

¿Será que me siento viva?

sábado, 13 de junio de 2009

MUJERES, O DE CÓMO SER UN MELÓN BOLLO

Es verdad, más de cien veces al día.

En las más de doce horas que paso fuera de casa puedo cruzarme con más de mil personas. Pongamos que quinientas son mujeres. Pongamos que veintinco están de muy buen ver, otras veintinco tienen su punto, otras veinticino se presumen entendedoras de la vida y otras veinticinco leen libros no poco interesantes. Total, cien al día (vale, contamos con mi vena andaluza y mi tendencia a la exageración).

Esta teoría propia no obedece a mi pasión por las mujeres sino a mi capacidad de observación. Situación: trayecto de casa al trabajo - metro, escaleras mecánicas parriba y pabajo, espera en el andén, entrada al metro. Primero visualizo asiento libre y después voy a lo secundario: prismático en mano, giro de 360 grados, fotografía mental a mis víctimas de viaje, búsqueda de esa primera mirada que denote interés o desinterés. Si el interés no es mutuo me zambullo en mi lectura; si la niña en cuestión me pone de los nervios en el mejor de los sentidos me quedo tonta mirándola con todo el descaro del mundo; si estoy leyendo y me da la sensación de que me están psicoanalizando alzo la vista y empieza la batalla de a ver quién es la parda que aguanta más. Trayecto del trabajo a casa y vuelta a empezar.

Mi capacidad de observación...

Al final voy a tener que darle la razón a mi camarada Gem, que dice que si me gustan todas, que si cada día le vengo con una nueva, que si le haga un esquema, que si perdió la cuenta… sí, mujeres que me encantan pero que no significan relativamente nada. Porque en realidad, fiel a mis principios y a mis mujeres de verdad, guardo celosamente ese pequeño listado de mis favoritas, las que me hacen gastar mi tiempo de manera deliciosa, las que tienen el don para hacer que me pierda y me encuentre, y me vuelva a perder.

Pero yo me defiendo de las críticas razonables con sólidos argumentos. Que me compré la tele grande para ver si la pelota tocaba línea o se iba fuera en los partidos de tenis y para distinguir el azul del verde en el rosco final de Pasapalabra, y no para deleitarme con mis buenorras en alta definición y full HD.... por diossss, hasta ahí podíamos llegar... si total, luego no me entero de nada… haciendo zapping ahí estaba ella, ELLA, mi Marta Etura, la primera de mi lista, la única que hace que no la escuche cuando habla porque sólo tengo ojos, babas y sentidos para mirarla y admirarla (por cierto, ya estoy tardando en ir a ver su última peli, 7 minutos, yo solita llenaría la sala de emoción, ains).

Eso sí, andaré con ojo en mi próxima salida nocturna de crápula y procuraré no simultanear sms a dos bandas, no vaya a ser que una de mis favoritas reciba un mensaje digno de primer capítulo de atracción fatal (esa fase ya la pasamos hace muuucho tiempo) y la compi de trabajo salte de la cama cuando lea algo así como que, a pesar de todo, siempre la querré tal y cual… vaya sustito que me llevé, por cierto… Es lo que tiene salir de parranda soltera, sin compromiso, sin presiones y con todas las libertades y posibilidades del mundo…

(Por cierto, pedazo de argentina buenorra que tengo de fondo, diossss, preveo que la tele grande no será una buena inversión y que acabará perjudicándome seriamente la salud. Amén).

lunes, 8 de junio de 2009

MÁS DE CIEN VECES AL DÍA

Todo comenzó con un inocente mensaje en mi facebook oficial: "no sé por qué, pero me pones nerviosa, no puedo mirarte a la cara". Después vinieron mis preguntas: "¿por qué te pongo nerviosa? ¿Tan mal te caigo? Me tienes manía, ¿verdad?". Y finalmente llegaron sus respuestas: "no es eso, todo lo contrario, es algo raro, no sé explicártelo ni sé si quiero explicártelo". Al día siguiente llegó la conversación por msn: "estoy asustada, no sé qué me pasa, tengo miedo, jamás me había ocurrido algo así, no creo que tenga que hablarte de esto, no debería, no puedo permitir que esto me influya, tengo un novio estupendo, unos esquemas, proyectos de futuro... se acabó la conversación, no quiero volver a tocar este tema".

Jamás hubiera imaginado que ella, simple compañera de fatigas laborales, tuviera un secreto que callar. Jamás de los jamases hubiera pensado que, desde hace tres meses, la chica que no me miraba a la cara y que rehuía hablar conmigo tuviera motivos de fuerza mayor para no hacerlo. Porque, afortunada o desgraciadamente, yo nunca me entero de nada.

Desde entonces la relación de trabajo pasó a ser personal. Risas, payasadas, complicidad, tonteo, algún abrazo clandestino. De fondo los comentarios de la gente, curiosos, impacientes, extrañados, sorprendidos. De la noche a la mañana. ¿Qué capítulo nos hemos perdido? - se preguntará más de uno.

La pregunta del millón. No, no me gusta. Nunca me hubiera fijado en alguien como ella, de hecho nunca me fijé. Ella no me gusta, pero sí me satisface esa cercanía, ese saber que pones a alguien nervioso, ese juego absurdo que no llegará a ninguna parte y en el que, sin duda, yo no sería la perdedora. Un juego con arma de doble filo, con dos posibles consecuencias: o seguir descolocándola hasta que el cuerpo y la cabeza le aguanten o empezar a decepcionarla a medida que me vaya conociendo. Me siento egoísta si la busco sin querer encontrarla, si la provoco, si tiro a dar. ¿A quién no le gusta gustar? Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Mientras tanto, revoloteo entre sus papeles, nos dejamos mensajes en el correo de trabajo, me llama minutos después de marcharse, quiere que nos veamos un sábado por la tarde... Parece que el juego no deja de ser divertido. Sin embargo, después de un par de semanas sin mencionar el famoso tema, le pregunto: "con respecto a aquello que me contaste... te sigue preocupando?". No se puede ser más rotunda: "No, tengo otras cosas más importantes de las que preocuparme. Además, tengo muy clara mi sexualidad y contigo... me llevo bien, nada más. Y no quiero hablar más de este tema". En fin, yo sólo estaba preguntando... cómo se puede ser tan fría de repente, tan radical, tan abrupta. ¿Qué se le puede pasar por la cabeza a alguien que ayer te estaba llamando 6 ó 7 veces y al día siguiente te trata como si no te conociera de nada?.

Las mujeres no podemos ser más retorcidas, más complicadas, más cobardes, más desagradables. Qué va.

Tengo que reconocer que me ha molestado su reacción. Que me sirva de lección, ya no pondré tanto empeño en gustarle para saciar mi autoestima y mi ego. No sé qué pensar. Puede que haya salido pitando acojonada de la vida y haya decidido apartar completamente ese algo que no le había pasado nunca, ese algo desconocido que a estas alturas de la vida puede perjudicar su salud mental y la de los que la rodean o puede que, simplemente, se haya llevado un pequeño susto emocional que ya pasó. A mí me haría un gran favor cortando por lo sano antes de que la bola se hiciera más grande y empiece a rodar sin control por su parcela afectiva.

Lo malo es que mañana le veré el careto, y pasado, y al otro, y al otro... y aunque la pelota siempre está en mi tejado, no querría que se me fuera de las manos.

(Nota mental: me pregunta, con toda la inocencia del mundo, si alguna vez me he fijado en una persona del mismo sexo. No puedo evitar reirme, casi a carcajadas pero con el poco disimulo que soy capaz de mostrar. Claro que sí - le contesto, y me quedo con las ganas de terminar la frase: alguna vez no, más de cien veces al día).

lunes, 1 de junio de 2009

DE TANTO QUEDARTE A TANTO QUE DARTE

Pocas veces se me viene Leo a la cabeza. Me cuentan que sonríe, que parece feliz, que alguien la recoge cuando sale de trabajar. No duele verla en mis fotos, tampoco las pego en la pared para llorarle o tirarle dardos. La saludaría si me la cruzara por la calle sin detenerme demasiado, la miraría a los ojos sin expresarle nada.

Me costó la vida superarlo, la vida.

Supe disfrutar de esa extraña felicidad que se siente cuando has logrado quitarte el lastre más pesado y, paradójicamente, crees que eres la persona más desgraciada del planeta. Esa mezcla de tristeza y libertad termina siendo deliciosa.

Y sin embargo, lejos de pensar que algo se me remueve por dentro y que es todavía el rencor el que me hace hablar de ella a estas alturas, no puedo evitar descolocarme cuando alguien pronuncia su nombre o se refiere a ella. La conclusión es evidente: náuseas, sólo siento náuseas. Creo que ni siquiera se merece que sienta náuseas, prefiero un millón de veces la indiferencia más absoluta.

Cambié de blog al mismo tiempo que de estado civil, y lo primero que escribí fue alguna frase absurda que nunca publiqué y que, de alguna manera, inspiró el link de mi página (que quede claro que fue Nena Daconte la que me plagió, no yo a ella). Si la saco hoy es, precisamente, para vomitar lo que aún sigue dentro, si es que queda algún resquicio de algo, y sobre todo, para no volver a tener náuseas nunca más.

"De tanto quedarte te quedaste con todo,
de tanto quedarte me quedé sin nada,
de tanto quedarte así nos quedamos,

y ahora...


ahora que te vas me quedo con todo,
ahora que me voy te quedas sin nada,
ahora, por fin, sin ti, vuelvo a ser yo,libre, al fin.

Ahora que no estás...
tengo tanto que dar,
tengo tanto que contar,
tengo tanto amor... "

En más de un año de relación, Leo y yo nunca tuvimos canción, ni ciudad, ni restaurante, ni película, ni demás mariconadas que suelen tener las parejas cuando se supone que están enamoradas hasta las trancas. Yo, sin embargo, desde meses antes de romper, sí tenía una canción para ella: