domingo, 15 de noviembre de 2009

DESIERTO INFINITO

Curioso este pueblo, estas costumbres, este mundo que sólo se entiende cuando te metes en él... Cómo puede un desierto infinito crear una magia que jamás se vuelve desierto... sólo cuando vemos la realidad con mucha cabeza y no tanto corazón podemos dar la razón a frases como éstas:

- La vida no es justa, pero aún así es buena.

- La vida es demasiada corta para perder el tiempo odiando a alguien.

- Tu trabajo no te cuidará cuando estés enfermo. Tus amigos y familia sí. Mantente en contacto.

- No tienes que ganar cada discusión. Debes estar de acuerdo en no estar de acuerdo.

- Llora con alguien. Alivia más que llorar solo.

- Cuando se trata de chocolate, la resistencia es inútil.

- Haz las paces con tu pasado para que no arruine el presente.

- No compares tu vida con la de otros. No tienes ni idea de cómo es su travesía.

- Si una relación tiene que ser secreta, mejor no tenerla.

- Respira profundamente. Eso calma la mente.

- Elimina todo lo que no sea útil, hermoso o alegre.

- Lo que no te mata, en realidad te hace más fuerte.

- Nunca es demasiado tarde para tener una niñez feliz. Pero la segunda sólo depende de ti.

- Cuando se trata de perseguir aquello que amas en la vida, no aceptes un "no" por respuesta.

- Enciende las velas, utiliza las sábanas bonitas, ponte la lencería cara. No la guardes para una ocasión especial. Hoy es especial.

- Sé excéntrico ahora. No esperes a ser viejo para serlo.

- El órgano sexual más importante es el cerebro.

- Nadie es renponsable de tu felicidad, sólo tú.

- Enmarca todo supuesto "desastre" con estas palabras: "En cinco años, ¿esto importará?"*

- Perdónales todo a todos.

- Lo que las otras personas piensen de ti, no te incumbe.

- El tiempo sana casi todo. Dale tiempo al tiempo.

- Por más buena o mala que sea una situación, algún día cambiará.

- No te tomes tan en serio. Nadie más lo hace.

- No cuestiones la vida. Sólo vívela y aprovéchala al máximo hoy.

- Llegar a viejo es mejor que la alternativa.....morir joven.

- Todo lo que verdaderamente importa al final es que hayas amado.

- Sal todos los días. Los milagros están esperando en todas partes.

- Si juntáramos nuestros problemas y viéramos los montones de los demás, querríamos los nuestros.

- La envidia es una pérdida de tiempo. Tú ya tienes todo lo que necesitas.

- Lo mejor está aún por llegar.

- No importa cómo te sientas... arréglate y preséntate.

- Cede.

- La vida no está envuelta con un lazo pero sigue siendo un regalo.



Abrazos desde el más allá.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

DOCE MIL KILÓMETROS

Llegó el momento, por fin.

Ya he sacado la maleta grande del armario y he metido las primeras cosas. Equipaje de verano, arena infinita, lujo, pobreza, calor, nada de escotes ni pantalones cortos.

Me voy al desierto. A soltar tooooda la energía negativa, a traerme toooooda la positiva. A dormir bajo las estrellas y saludar a los camellos. A beber poco, a reirme mucho, a llorar nada.

Me voy con el 'alta' de mi psicóloga bajo el brazo y con ganas de olvidar y disfrutar, de que este viaje sea otro punto de inflexión, de los que remueven el alma y te hacen empezar de cero.

A seis mil kilómetros la vida puede ser maravillosa y deseo y confío en que tras haber recorrido los doce mil, pueda seguir contemplándola de la misma manera.

Por si no puedo despedirme en condiciones:

- Gem, espero que estés mejor, que los días bajos vayan subiendo, que aunque esté lejos estaré muy cerca. Que no tengo nada que decirte porque ya lo sabes todo.

- Petarda, Punta Cana nos espera (que no se entere nadie, por diosss, qué vergüenza). Nos debemos un viaje a la gloria, ¿no crees? Me acordaré de ti aunque pases de mí.

- A la ganadora del súper concurso de frases, ojalá la primera de tu lista de candidatas sea la primera de tu vida, pero resérvame un finde a mi vuelta para reírnos un rato del mundo y ponerlo del revés.

Os quiero.

Abrazos para todos los que aún no os habéis cansado de pasar por aquí.

lunes, 9 de noviembre de 2009

PRE - VIAJE

Dice mi medio compañera del día a día que no le gusta dormir conmigo, y lo peor de todo es que lo evita a toda costa. Se queja de que ronco, de que me muevo, de que le dejo veinte centrímetros de cama, de que doy patadas levantando ángulos de ciento ochenta grados, de que mantengo conversaciones en voz alta con vete tú a saber quién, de que chirrío los dientes a lo bestia... tiene que ser desquiciante sufrir en primera persona mi transformación nocturna...

Yo siempre digo que es el estrés, que me hace sacar toooodo a través del subconsciente.

Y es que la depresión laboral no me deja descansar tranquila. La situación me resulta insostenible y es muy probable que no dure mucho más. Trato de templar mi templanza pero si los cambios no se avecinan la que tendrá que cambiar soy yo. Me asusta dar el paso, no llego a tener la cabeza lo suficientemente fría como para entrar en el despacho y dar los quince días. Intuyo que hay vida más allá pero tampoco sé hasta qué punto me compensa quedarme de repente con una mano delante y otra detrás.

Por eso me motiva tanto la idea ir sacando la maleta grande del armario, porque esta semana cojo vacaciones y viajo, por fin, donde nada pueda recordarme la mierda que llevo encima.

A la vuelta espero estar más relajada para no tener que echar a patadas de mi cama a nadie, entre otras cosas...

martes, 3 de noviembre de 2009

EL NOVIO, LA NOVIA Y LA EX NOVIA

Otra que se me casa.

No gano para sustos, que tras un par de segundos en shock se convierten en alegrías. Me resulta gracioso que todas las novatas/principiantes/curiosas/confusas que deciden “probar” suerte al otro lado de la acera acaben en el altar de la mano de caballeros andantes, ignorantes de las hazañas pasadas de sus futuras mujeres.

Nuestra relación rozaba el abismo. Llevábamos juntas casi dos años y éramos demasiado cómplices como para estropear una amistad que se estaba haciendo trizas por querer inventar un amor fruto del gran cariño que nos profesábamos. La historia es la de siempre, empiezas tonteando y al final acabas quemándote por todas partes. Lo nuestro era más bien una relación abierta, no porque así lo pactáramos, sino porque en aquel tiempo, época de universidades, fiestas e inmadurez no concebíamos el concepto de relación estable. Ella tenía sus incursiones masculinas, yo mis aventuras alternativas, pero procurábamos no contárnoslo para evitar hacernos daño.

Lo que realmente nos unía no era un amor disfrazado de amistad sino una amistad disfrazada de un amor inocente e inexperto. Jamás nos impusimos reglas, aunque calláramos y sufriéramos en silencio. Jamás tuvimos el derecho a echarnos nada en cara. Jamás nos permitimos que se nos fuera de las manos.

Yo era feliz. Necesitaba más su cariño que su cama, prefería su lealtad a su fidelidad, su lejana presencia a su cercana incertidumbre.

El tiempo fue destrozando aquellos castillitos de arena que nunca pudimos construir sobre tierra firme, y antes de hacerlos escombros, decidí marcharme.

Más bien huí. La quería tanto que no soportaba ver cómo nos íbamos apagando, que ya no dábamos más de sí, que si no nos separábamos lo perderíamos todo. Elegí un país lejano, de esos que no encuentras en el mapa y que no recuerdas la capital que estudiaste con quince años. Un país del que no sabía nada, que me sonaba a chino tanto como su idioma. Me fui sola, llorando en un avión lleno de azafatas rubias monísimas a las que ni miraba por miedo a que me hablaran y no saber contestar. Descubrí la soledad a unos cuantos miles de kilómetros, la soledad física, la de deambular por las calles sin sentido, sin hablar con nadie, escondiéndome del mundo muerta de miedo y preguntándome una y otra vez qué coño estaba haciendo allí. Estuve a punto de coger un avión de vuelta antes de tiempo pero lo que no mata te hace más fuerte y finalmente decidí quedarme y sobrevivir, y vivir.

Fue una de las mejores experiencias de mi vida.

Regresé a España unos meses después. A pesar de todo lo vivido y disfrutado, para qué engañarme, tenía un pelín de pánico a reencontrarme con ella. Pánico porque no sabía si al mirarla a los ojos nos íbamos a reconocer, como siempre, o si por el contrario, se habría esfumado para siempre lo que un día nos unió.

Casualmente me enteré, por terceras personas, que estaba saliendo con un chico. La noticia fue un jarrazo de agua fría, pero era tan justo que yo hubiera tenido mis aventuras estando fuera como que ella rehiciera su vida con alguien que la quería.

Desde el primer momento supimos que lo nuestro seguía intacto, impoluto. Ha llovido desde entonces. Muchos años. Hemos hablado, recordado, reído y llorado, hemos viajado juntas, nos hemos apoyado siempre, nos hemos buscado cuando necesitábamos un cable o un trozo de cariño. Hemos arreglado nuestros mundos a golpe de carcajadas y confidencias.

Nos seguimos teniendo de la misma manera que hace doce años, puede que con más fuerza, y eso, sin duda, no tiene precio.

Ayer, cuando me llamó para darme la noticia de su boda, me alegré de corazón. Después de su familia, fui la primera en saberlo. Es delicioso ser la primera y la única en estas cosas del querer mujeril, casi tanto como ser la primera con la que compartes un acontecimiento de estas dimensiones.

En realidad no me gustan mucho las bodas. Sólo voy a las que realmente me sale del alma ir, a las que sé que no soy un cubierto más sino un testigo especial. Iré encantada de la vida, emocionada, contenta, radiante porque nada me hace más feliz que ver feliz a las personas a las que alguna vez amé.

(Me encanta esta canción, precisamente me transporta a aquellos años en los que, siendo pura inocencia, me quería comer el mundo...)