jueves, 24 de diciembre de 2009

AGRIDULCE

Que alguien me explique cómo se puede estar triste y feliz al mismo tiempo...

Os deseo lo mejor para estas fiestas. Un abrazo.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

MUY POQUITO A POCO

Poco a poco recupero la respiración aunque siga perdiendo el norte. Mis latidos son de dolor, mi visión borrosa con tanta niebla en los ojos, me acompaña la ansiedad, me evado al mundo equivocado, me lamento de dar pasos en falso, besos fríos, esperanzas infundadas.

Soy consciente y capaz de ponerme en el lugar de la otra persona, de sufrir tanto como ella, de llorar y darme cuenta de cómo es el dolor cuando te parten el corazón. Lo sé porque a mí me ha pasado, porque sé lo que se siente cuando te dejan. Y tengo la suerte o la desgracia de sacar a la luz una extrema sensibilidad cuando hiero a quien menos se lo merece. Puedo entrar en su ser y convertirlo en mío.

¿Pero qué hago? Este proceso es así, pero ¿por dónde empiezo ahora? ¿dónde voy? ¿qué metas me marco? ¿dónde busco las ilusiones? ¿cómo despertar mis sueños? ¿qué quiero? ¿cuál es el camino correcto?

Gracias a mis angelitos de la guarda, a los que me sacan de casa a rastras porque yo no tengo voluntad para hacerlo, a los que explotan mi móvil sin cansarse de llamar a pesar de mi silencio, a los que me tiran de los pelos y tratan de minimizar mi angustia. Gracias a los que, de alguna manera, están ahí, a los que me leen, a los que me escriben palabras de ánimo y sí son capaces de empatizar con esta situación.

Gracias a todos los que me acompañáis en este pequeño gran duelo.

viernes, 11 de diciembre de 2009

SIN ALIENTO

No hay llanto que calme el dolor. No recordaba qué significaba la palabra desolación. No me acordaba de lo profundas que pueden llegar a ser las heridas, no tengo fuerza para buscar una tirita y parchear la ansiedad.

Cuando se rompe el ritmo diario, dejas de ir a trabajar y construyes un muro de hermetismo en el que no haces más que llorar y lamentarte es que algo falla, o falla todo.

Empezando por el sentimiento de culpabilidad y terminando por un vacío que te deja literalmente sin aliento, que te impide vocalizar y dar un paso.

No soy capaz de alzar el vuelo y verlo desde otra perspectiva. Sólo sé que hacer daño a quien no se lo merece me roba la paz y me desmonta, dejándome en nada.

Lo aprendido, lo vivido, lo sentido... ahora las lecciones de moral sólo me sirven para descomponerme más y descubrir mi esencia, hoy pobre, sin recursos, sin energía ni valor para enfrentarme a una realidad que me persigue segundo a segundo y que me alcanza hasta tumbarme.

Soy ese muerto viviente que quiere vivir pero se deja morir.

Gracias a Dios que siempre caen angelitos del cielo que escuchan, aguantan, alivian, cuidan y que, a pesar de todo, me siguen queriendo.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

SIN TÍTULO (y sin palabras)

No tengo voz para articular palabra ni fuerza para teclear estas líneas.

Básicamente, ahora mismo me siento como una mierda. Como la mierda más grande del universo.

En menos de 24 horas he escuchado, por partida doble, frases como 'has jugado conmigo', 'me dueles', 'me has partido el corazón', 'esto no tiene sentido', 'déjame en paz', 'no me llames más' y otras lindeces de las que atraviesan el alma y te rompen por completo.

La primera, mi soldadito invencible. Fiel a mi indecisión, esperanzada ante mis no sé-no sé, paciente, luchadora, constante. Mi soldadito da la batalla por perdida y se retira entre lágrimas ante mi no respuesta. Esa soldado perfecta que reunía todos los requisitos de mi lista, inmejorable, de la que sólo me faltaba enamorarme para tener un final feliz, a la que siempre quise pero nunca pude amar. Ahora abandona su guerra y deja de esperarme. Ahora veo cómo se me escapa una de las grandes oportunidades de mi vida. Seguramente yo haya perdido mucho más que ella. Ahora, de la manera más justa y limpia, se marcha sin opción a súplicas para que vuelva.

La segunda, mi medio compañera del día a día. En mi vida me había dolido tanto ver a alguien sufriendo por mí. Tanto que ha sido ella la que durante horas ha tenido que consolarme y calmarme, porque si hay algo que odio es hacer daño a quien menos se lo merece. Pero ya no era lo mismo, ya no tenía ilusión ni ganas. Había perdido el interés por completo, de la noche a la mañana, algo que jamás podré entender. Dónde, en qué momento, en qué palabra se deja de querer...

A mi favor la honestidad que mostré siempre, a pesar de mi indecisión, de no saber qué camino tomar. Siempre fui con la verdad por delante, y, aunque sabían donde se metían y decidieron jugar, no dejaré de echarme en cara mi actitud y mi falta de coherencia.

A la primera por darle falsas esperanzas aún no habiendo pasado nada en todos estos años. A la segunda por haber hecho que lo dejara todo por mí y no haberle sabido responder ni estar a la altura.

Me siento un ser despreciable.

Y ahora toca decir eso de 'ojalá hubieran sido ellas las que me hubieran mandado a la mierda'. No me considero una mala persona, no soy caprichosa, ni psicópata, ni paranoica ni neurótica, de esas que no son consecuentes, que se meten en líos por puro aburrimiento o porque les va bien en ese momento. Si empiezo una historia es porque lo siento, porque lo vivo, porque me ilusiona. Pero no puedo predecir ni inventarme los finales, no puedo reconducir las cosas cuando algo falla, no puedo forzarme ni engañarme, no sé fingir ni empeñarme en creer que todo es muy bonito cuando en realidad es nada.

Apuesto porque creo, pero cuando dejo de creer, no tengo más remedio que dejar de apostar. No sé mentir.

Me duele ver cómo dos maravillosas personas se apartan de mi lado, pero mucho más duele saber que están sufriendo por mi culpa.

Y eso sí que jamás podré perdonármelo.

lunes, 7 de diciembre de 2009

GAME CASI OVER

Durante mi ausencia pensé en mi medio compañera del día a día, la eché de menos, lloramos juntas por teléfono, tenía muchas, muchas ganas de abrazarla. Volví con dos granitos de arena en el bolsillo para mí y con casi el desierto entero para ella. Por un momento me ilusioné y divisé un pequeño horizonte. Aterricé con nuevos deseos, pero ese espejismo se esfumó en menos de 24 horas. Entonces me di cuenta de que estaba a punto de rebasar la línea en la que uno descubre que prolongar algo que nunca existió termina desmoronándose, y que el tiempo no estaba dispuesto a darme más treguas.

Cerré los ojos y evoqué su imagen, tierna, sufrida, entregada... enamorada.

Desde entonces me duele pensar en ella y estar con ella, y no hago más que echarme la culpa por no estar a la altura, por no quererla como ella se merece, por no dar más de sí. Para mí, esa famosa fórmula de dejarse querer nunca termina con el resultado correcto. Busco otros caminos, mareo la perdiz, estudio otras opciones, pero todos los laberintos conducen al mismo punto muerto, +-0.

No me gusta tener la capacidad de provocar esos daños colaterales, para meterme en un lío por darle a mi vida un toque de emoción y terminar dejando cadáveres. Me siento realmente mal. Y lo único que puede llegar a aliviarme un pelín es que, una vez más, he sido justa, sincera y honesta desde el primer momento.

Las partidas empiezan si dos jugadores quieren, consienten y están de acuerdo con unas normas establecidas, pero nunca puedes predecir cómo será el final, quién gana ó quién pierde, si empatan o acaban en tablas. Me tranquiliza saber que he jugado limpio, que día tras día he puesto las cartas sobre la mesa, que jamás hice trampa. Que no he fingido ni forzado, que he dado lo mejor de mí, que no he mirado a otro lado ni soñado con otras mientras vivíamos esta peculiar historia, sana, pura, intensa.

Pero ahora nada es suficiente consuelo para mi conciencia.


jueves, 3 de diciembre de 2009

TODO LO QUE SUBE... BAJA

Supongo que más tarde o más temprano llega ese momento en el que dejarse querer ya deja de tener sentido, ya no conmueve ni emociona, ni motiva ni ilusiona. Hay veces que nos hacemos los suecos y prolongamos ese parche por los siglos de los siglos, asumiendo condenas que se vuelven llevaderas y hasta dulces. Otras veces, esa chispa que ayuda a vivir con un poquito menos de soledad, se va disipando poco a poco hasta quedar en nada, en el vacío de siempre... y vuelta a empezar.

Hay gente que tiene la enorme capacidad de dejarse querer durante toda la vida. Hay gente que no sabe vivir si no es amando. Me incluyo en el segundo grupo, sin duda.

Admiro a aquellos que saben encontrar la felicidad dentro de su infelicidad.

De mayor quiero ser como ellos.

martes, 1 de diciembre de 2009

ENTRE OTROS PROBLEMAS

No tengo nada que decir... o tengo tantas cosas que decir que no sé por dónde empezar...

Para empezar, tengo un problema: estoy asexual total. Algo importante debe estar ocurriéndole a mi cuerpo. Me preocupa.

Debe ser cosa del desierto...

Como diría la de aquel anuncio: ¡Una solución quiero!