miércoles, 22 de diciembre de 2010

Y TÚ, ¿CABES POR LA PUERTA ó ERES MÁS DE POSTRE?

Ha caído en mis manos un artículo, así por casualidad, sobre la infidelidad. Es raro porque, ahora que me doy cuenta, nunca o casi nunca he escrito nada sobre este tema, máxime cuando es algo que me persigue y está muy presente en mi día a día. Y no precisamente por mi papel de infiel, sino por ser, sin ninguna duda, la Cornuda y la Tercera en Discordia de España y parte del extranjero.

Paso a exponer las causas que señala el dichoso artículo de por qué somos infieles:

- La infancia: la manera en cómo se vivió en la infancia determina las formas de conducta de la familia y la persona en la edad adulta. Por lo tanto, una persona que de niño fue desatendido, extremadamente sobreprotegido, inseguro, proveniente de una familia disfuncional o donde no hay promoción de valores y principios, es más probable que cuando se haga mayor sea infiel a su pareja.

- Vacío: la soledad, el aislamiento, desesperanza o una depresión sin explicación provocan inestabilidad en las parejas. Cuando aparece ese sentimiento de vacío en una de las partes, la persona tiende a seguir buscando a su "pareja ideal" y, aunque no sabe lo que realmente quiere, es infiel.

- Nos sentimos devaluados: una vez que ha pasado la etapa de enamoramiento en la pareja, ésta se enfrenta a la realidad, olvidando a aquella persona que tanto se idealizaba. Ahora sus conductas ya no son placenteras en la convivencia, por lo que se defraudan las expectativas. Por otro lado, hay un abandono mutuo en la pareja, centrándose cada uno en sus objetivos personales y no en los de ambos, así que si aparece otra persona que los haga sentir más valorados, se elige inconscientemente como nuevo compañero.

- La monotonía: Cuando se produce un distanciamiento y nos empezamos a sentir encadenados a pasar el resto de nuestros días en una relación que ha perdido su encanto, cuando se ha perdido la ilusión por innovar y nuestra pareja presta más atención a su rutina diaria que a alimentar la pasión, la opción de tener una aventura que nos saque del aburrimiento y nos aporte encanto, misterio, novedad y riesgo de los que carece nuestra relación, se hace cada vez más atractiva.

- Una vida sexual deficiente: El sexo es un elemento esencial en la pareja y si éste es defectuoso, quien se siente insatisfecho tiende a buscar fuera de la relación la satisfacción sexual que no encuentra en su pareja. Si a pesar de sentir un gran amor por la pareja, en la cama no encontramos nada excitante, nos "vengamos" teniendo relaciones sexuales con otra persona.

- Dependencia emocional de los padres: Si nuestra pareja no es emocionalmente independiente de sus padres y no establece límites respecto a ellos, esta conducta infantil nos hace sentir sin su apoyo, y nuestra necesidad insatisfecha de ser escuchados y atendidos nos impulsa a buscar una nueva relación.

- Buscamos nuevas sensaciones: Si se acaba la seducción del enamoramiento y se vive en el hastío de una relación, hay quienes necesitan seguir satisfaciendo su necesidad de seguir enamorados. La curiosidad de experimentar el sexo con otras personas y de vivir la aventura es un fuerte motor para buscar un affair. Una vez que la pasión y el enamoramiento inicial dan paso a la rutina, se despierta en muchas personas la necesidad de seguir experimentando la adrenalina del principio y, por ello, la buscan en terceras personas.

- Idealizamos a la pareja: Para continuar idealizando a nuestra pareja, muchas veces elegimos como amante a una persona totalmente opuesta. Hay quienes llevan a cabo todas sus fantasías sexuales con el amante y no con la pareja para sentir que la siguen manteniendo en el concepto de "decente".

- La pareja lo permite: Se dan casos en que la pareja está de acuerdo en que tengamos otras relaciones, porque es consciente de que necesitamos satisfacer las deficiencias que existen en nuestra propia relación.

- Sentimos amenazada nuestra libertad: Cuando la pareja es asfixiante o nos da pavor perder nuestra independencia y quedar atrapados en una relación, intentamos sentirnos libres cometiendo actos de infidelidad.

- Alarde de poder: Por haber obtenido poder, dinero y una posición social, hay quienes sienten que se han ganado el derecho a tener un mayor potencial sexual con el sexo opuesto.

- Crisis de autoestima: Tras una infidelidad siempre hay un componente de inseguridad, de necesidad de reafirmar tu poder de seducción a través de otra persona. Necesitas volver a sentirte importante y piensas que un hombre sabrá hacerte sentir especial de nuevo. Puede que tu pareja te haya descuidado o que seas tú la que arrastre un problema de inseguridad.

- Reafirmación de nuestra independencia: A medida que la relación va avanzando y se van asumiendo nuevos compromisos, hay gente que siente vértigo debido a cierta inmadurez o por falta de enamoramiento. Por temor a implicarse demasiado emocionalmente, la infidelidad es una salida rápida: muerto el perro, muerta la rabia.

- Ratificación de nuestro poder de seducción: Mientras que estás en pareja se reducen considerablemente las posibilidades de ser adulado en público o de entrar en el divertido juego de la seducción. Sólo tu pareja tiene derecho a “regalarte los oídos” y hay gente que necesita ser reconfortada constantemente debido a sus inseguridades.

TIPOS DE AVENTURA

- La aventura del barco que hace aguas: Cuando un miembro de la pareja siente cierta insatisfacción con la relación. La aventura es una manera inconsciente de llevar la atención al problema y sacar los problemas a la luz.

- La aventura de escape: Se produce cuando se utiliza un aventura amorosa para salir de una relación. En vez de afrontar el hecho de que una relación no está funcionando, la aventura fuerza la ruptura.

- La emoción de la aventura: La naturaleza ilícita de una infidelidad supone una subida de adrenalina. Si añadimos a esto la excitación del sexo con alguien nuevo y los escarceos románticos de una relación nueva, puede parecer irresistible.

- Dos mejor que uno/a: Puede darse durante años; o bien, puede tratarse de una cadena de aventuras sucesivas. Algunas personas encuentran difícil comprometerse a una sola persona; se sienten agobiadas por la monogamia y el miedo a poner todas sus emociones en la misma cesta. Tener una tercera persona en escena puede proporcionarles una salida para las emociones difíciles.

Como experta en la materia, puedo decir que algunas causas me suenan muuucho, otras no tanto… Y después de darle dos vueltas y media al articulito es cuestión llego a las siguientes conclusiones:

- Que si tantas veces me han puesto los cuernos, como pareja debo ser lo peor
- Que si tantas veces me eligen como tercera en discordia (o postre, que queda mejor), debo ser estupenda como amante
- Que si no acostumbro a ser infiel es porque soy gilipollas
- Que las payasas que me usan como amante: 1) o tienen la autoestima por los suelos y me utilizan para que se la suba y les solucione sus crisis existenciales; 2) o tienen claros problemas sexuales y aquí estoy yo para resolvérselos; 3) o están hasta los cojones de vetetúasaberqué y terminan volviéndome loca y hasta los cojones de ellas; 4) o las tres anteriores juntas (esta opción es la más probable)
- Que este mundo está tan lleno de infieles como de cobardes
- Que soy cornuda, un triste postre y una imbécil
- Que el 95% de las mujeres son unas cerdas (con perdón a los cerdos) y tienen un problema (detrás de otro)
- Que tengo que hablar con mi psicóloga de este tema porque lo mismo tengo un trauma y no me he enterado
- Que si mañana me toca El Gordo me van a salir mil parejas y dos mil amantes
- Que a partir de ahora quiero ser infiel

Y me surgen no pocas preguntas: ¿Por qué somos infieles? ¿Por qué dejamos que nos sean infieles? ¿Tendríamos los huevos de decírselo a nuestra pareja? ¿Por qué perdonamos o no una infidelidad? ¿Es la infidelidad un claro síntoma de crisis de pareja? ¡¿POR QUÉ LA GENTE SE EMPEÑA EN JODER/NOS LA VIDA A LOS DEMÁS?!

La verdad, me traen al pairo las respuestas porque mañana ¡¡¡SERÉ MILLONARIA!!!

viernes, 17 de diciembre de 2010

INFELIZ NAVIMIERDA

"Vengo del contenedor más al quinto pino de Madrid que he encontrado. Vengo de tirar tu regalo de Navimierda allá donde nadie pueda descubrirlo ni donde yo pueda volver a buscarlo arrepentida de romper la sonrisa de mi cara al dártelo. Vengo de caminar muerta de frío por las calles desiertas, con las emociones congeladas y la mirada perdida. Vengo destrozada, llorando como si fuera la primera vez que me hicieras llorar. Vengo de pasear por el subsuelo, sorda, muda, ciega, porque todos mis sentidos han dejado de sentir. Vengo de abrazar al aire y de hablar con las piedras, de gritar al cielo y clavar las rodillas en el asfalto sin percibir el más mínimo dolor. Vengo de echarme la bronca y de perdonarme, de preguntarme qué coño estoy haciendo, por qué caigo una y otra vez.

Hubiera tirado también todas las cosas que guardas en casa, pero tener el convencimiento de que puedo hacerlo en cualquier otro momento me resulta suficiente por ahora. Porque hoy, por fin, sé que puedo. Sé que puedo llenar una maleta y quemarla sin anestesia con tus fotos, con tus canciones, con tu ropa, con tu olor, con todos tus recuerdos. Contigo dentro si hace falta.

Todo este tiempo te he pedido por activa y por pasiva que te alejaras de mí, que si tanto me valorabas, que si tanto me querías me dejaras en paz, que te olvidaras de mí para yo poderte olvidar. Porque yo no tenía ni el valor ni la fuerza para intentarlo. Pero eras demasiado egoísta como para hacerlo. Ni conmigo ni sin mí. Ni comes ni dejas de comer. Tal vez nadie te haya dicho todavía que tienes una capacidad tremenda para volver loca a alguien, no loca de amor, sino loca de remate, de manicomio.

No sólo me conformaba con la mierda que me dabas, sino que me arrastraste contigo a tu desastre, como si yo no tuviera suficiente con el mío. No sólo no estuviste, sino que pides la compresión incomprensible, la tranquilidad que nadie más que tú debe encontrar, la justificación de tus actos. Pero me niego a excusarte una vez más porque tu actitud no tiene excusa, porque tus promesas son mentira, porque tus ganas no existen. Porque te has acostumbrado a que viva para ti, a que te vacíe de culpa, a que te perdone, a que te mire a los ojos sin rencor. Como un títere que has utilizado a tu antojo, como una marioneta sin personalidad que se mueve al son de los hilos que manejas. Pero tal vez no contabas con que podía levantarme de la silla y dejar de esperarte como una gilipollas, aún sabiendo que nunca tendría nada de ti, más que dos míseros abrazos mal dados y un polvo mal echado cada año bisiesto.

Te pedí que me hicieras estas navimierdas llevaderas, que estuvieras a mi lado de alguna manera, que no te escaparas estos días. Pero, quién soy yo para pedirte, ¿verdad?. No recuerdo un diciembre tan... duro de llevar. Te pedí que no me dijeras nada, si ibas o si venías, si estabas aquí o allá. Cada navimierda siempre había tenido un motivo por el que sonreír, si no era por un aliciente externo, alguno más absurdo que otro, era porque podía respirar sin la ayuda de nada ni de nadie, porque era feliz conmigo misma y no me hacía falta más. Pero te aseguro que no se me viene a la cabeza ni un diciembre con tanto dolor como el de este año, no sólo porque no estés, sino porque yo tampoco estoy conmigo, porque estoy bloqueada, frágil y muerta de miedo.

Sin embargo... si algo sé es que sí tengo el valor de cargar con esa maleta y tirarla a ese mismo contenedor y quemarlo vivo, con lo mejor y lo peor que viví contigo. Esperaría impaciente a la explosión, todos tus recuerdos por los aires junto con mis últimas lágrimas. Y después, la liberación. Porque por primera vez me veo capaz de mandarte a la mierda, de decirte hasta luego lucas, de desaparecer del mapa sin que jamás pudieras encontrarme. Y valorar esa posibilidad me alegra tanto como me entristece, porque la lucha ha sido difícil, el camino estrecho, los obstáculos imbatibles, las pausas demoledoras, la incertidumbre matadora, las treguas rotas, el equilibrio desequilibrado, la tranquilidad inexistente, la ansiedad por las nubes y el dolor, el dolor... inexplicable, incomparable, insuperable, descabellado, irracional e inadmisible.

No hay marcha atrás. No bastarán palabras, paja y más paja. No bastarán hechos. Llegaste tarde no porque no quiera aguantar más sino porque estoy consumida y mi alma extenuada. Ya es como pedir peras al olmo. Y el juego se acabó, no soy un juguete en manos de nadie ni un perro al que decir dónde tiene que cagar. Tú dejaste de ser tú porque así lo decidiste, pero yo dejé de ser yo porque aposté por ti, por una ilusión que empiezo a echarme en cara por haberme equivocado contigo. No por no haberme querido como yo te quise, sino porque nunca me demostraste que te importaba, porque cualquiera que me hubiera tenido algo de aprecio se hubiera ido de mi lado, con pena, pero se hubiera ido.

 Ya no tengo cartas que mostrarte. Todo te lo di, todo te entregué. Y a estas alturas, parece mentira que no te hayas dado cuenta de lo que dejas ir, de lo que has perdido.

Ni siquiera hay música, porque la música que nos acompañó en todo este tiempo se ha quedado hueca y no suena a nada, sólo ralla, aburre y enfurece. Porque hasta nuestra música ha dejado de tener sentido".

jueves, 9 de diciembre de 2010

EN CERO COMA

Para la próxima sesión de terapia tenía que buscar dos canciones de esas que me hicieran levantar de la silla y subir el ánimo, que evaden, que desconectan, que me hacen dejar la mente en blanco, olvidar los ratos grises y pintar de un plumazo la vida en color. No estoy muy convencida de mi apuesta, pero al final, me he decantado por un par que cuando escucho me transportan al mundo de la esperanza y la sonrisa. Me las he puesto a todo volumen y me he sentido bien, transformándome en inmune y poniéndome el mundo por montera. Dos canciones que no me hacen pensar en nada más que en mí, que me envuelven con su letra optimista y su música alegre. Dos canciones egoístas, risueñas y cargadas de euforia, ilusión, humor y aliento.

Pero lo malo de rebuscar entre tanta música es que corres el riesgo de topar con tu vida, con la realidad, con tu momento, este momento, hoy. Enfrentándote a la desgana y la apatía, al dolor, a la angustia. A cómo se puede llegar a echar tanto de menos...

De la exaltación de la alegría a la extenuación de la tristeza. En cero coma dos. Al agobio, al agobio de saber que algo no cuadra, que algo está fallando, que el corazón se contradice y te grita que no lo remates, que vivas sin tiritas pero no lo ahogues, suplicándote que no extingas la llama del todo, que no apagues lo que alguna vez tanto te hizo sentir. Y qué sería de un corazón con emociones muertas y sin nada que decir.

Me encanta esta canción, pero es de las pocas que no puedo escuchar a menudo porque al final, no falla, siempre termino rota en lágrimas. La delgada línea entre subir y bajar, entre querer y no querer, entre reír y llorar.

lunes, 6 de diciembre de 2010

EL ABRAZO MENOS ROTO

Me quedé clavada en el ascensor, justo antes de descender otra vez al mundo de los vivos y de los muertos en vida. Sabía que había cerrado su puerta con una especie de vacío casi imposible de llenar. Me había marchado rota, pero medio satisfecha. Sin embargo, esta vez necesitaba más. Algo que no tardé en adivinar. Tras un rato cuestionándome si era ridícula la idea, volví atrás y toqué su timbre. Su cara de extrañeza se convirtió en un poema al verme temblar:

- Estoooo... lo sientooo, tal vez no debería pedirte esto, pero es que... no sé... estaba ahí en el ascensor... y estaba pensando... jo, lo siento... te parecerá absurdo, no suelo hacer estas cosas, pero es que si no, no me iba tranquila... ¿podrías darme un abrazo, por favor?

- Pero... ¿estás tonta? Anda, entra que hace frío ahí fuera. Ven aquí, ven...

Y cuando me abrazó, me derrumbé. Dos segundos antes me estaba ahogando y entonces empecé a experimentar una paz difícil de describir. Perdí la noción del tiempo, del dolor, de la agonía y todo se hizo suave, la vida más bella y ella... ella más especial. Me retuvo al menos tres minutos, me acariciaba el pelo, me daba besos, me susurraba, me hablaba dulce y en silencio. Entre sus brazos no había miedo, sólo descanso, sosiego, calma absoluta. Hubiera querido retener ese momento, mejor prolongarlo horas más, hubiera querido tener siempre su abrazo, inmensamente reconfortante y reparador de almas rotas que vagan perdidas sin rumbo. Respiré profundamente, olvidando dónde y cómo estaba, borrando de un plumazo las ilusiones descosidas y las tiritas de mi cuerpo. Pensé que aún había esperanza, la esperanza de no quedarme atrás, de seguir luchando por curar las heridas, de levantarme y caminar.

Cerré su puerta aliviada, cogí el ascensor fortalecida, salí a la calle con una media sonrisa, a pesar de la lluvia.

Hacía tanto tiempo que no me daban un abrazo tan real, tan sincero, tan tierno, tan alentador, tan vivo... Y es que hay abrazos y abrazos. Los rotos, los cumplidos, los que se dan por que sí, sin pena ni gloria. Y los abrazos que te devuelven la vida, aunque después vuelvas al mundo de las mentiras y se esfumen de la faz de la tierra.

Es la fuerza del abrazo. Y algunos abrazos, los de verdad, pueden llegar a ser suficientes para sanarnos.

jueves, 2 de diciembre de 2010

QUÉ FÁCIL Y QUÉ DIFÍCIL FUE

Cuando ya no distingues el amor del odio, cuando la cabeza te baila al son de una melodía desafinada, cuando respiras y te ahogas al mismo tiempo, cuando sientes sin padecer, cuando crees reír y lloras, cuando la lluvia lucha contra el sol y los sueños contra las pesadillas, cuando te encuentras para volver a perderte, cuando callas por no gritar, cuando eres tan fría como cálida, cuando ya no esperas nada pero no te levantas de la silla, cuando corres y frenas, cuando piensas y ya no hay recuerdos que valgan, cuando te acostumbras a hablar con la pared, cuando te levantas y vuelves a acostarte, cuando gimes de dolor y de placer, cuando necesitas un abrazo y lo rechazas, cuando aprendes a escuchar pero sigues interrumpiendo, cuando bebes agua y tragas fuego, cuando aprecias el paisaje y ya no te gusta, cuando estás dispuesto a empezar y terminas, cuando tomas aire y te atragantas, cuando escribes y borras, cuando comes y vomitas, cuando disfrutas mientras sufres, cuando la hueles y te entran náuseas, cuando escuchas su voz y deseas acallarla, cuando te acuerdas y quieres olvidar, cuando pides sin querer que te den, cuando madrugas y Dios no te ayuda, cuando hay luz y tropiezas con la oscuridad, cuando vives malviviendo, cuando quieres besarla y abofetearla, cuando se acerca a ti y le das la espalda, cuando avanzas y quieres retroceder, cuando buscas la salida y te empeñas en no encontrarla, cuando te acuestas sola y te sientes llena, cuando te acuestas acompañada y te sientes vacía, cuando muere el dolor sin dejar que muera del todo... cuando eres feliz y sientes tristeza... porque en el fondo el alma te pide a gritos que no huyas, que no des cuatro saltos sin antes haber dado un paso. Que el proceso hay que vivirlo de principio a fin, con lo bueno, con lo malo, con lagunas, con dudas, con incertidumbre, con pena, porque más allá, al final del túnel, encontraremos la entrada a la tranquilidad del espíritu. Pero hasta entonces, al camino es largo, casi infinito, apenas un infierno.

Hazme el favor de pasarte por mi casa, abre la puerta a patadas y mírame... y así podré descubrir si lo que me pasa es que he empezado a odiarte o es que aún te sigo queriendo.

(NOTA: Me falta cero coma dos para explotar y joderla bien jodida, pero es que la ira me está comiendo por instantes, tanto que no me reconozco. Estoy perdiendo la cabeza y los nervios. Un puto click y salimos todos volando. ¿ALGUIEN PODRÍA PARARME, POR FAVOR?).

domingo, 28 de noviembre de 2010

CONTRADICCIONES

La vida de la tercera en discordia no deja de ser una montaña rusa. No es que un día estés arriba y otro abajo, no es que haya rachas mejores ni peores. Es, simplemente, que hay bajones, desequilibrio y estrés. A ratos. Por momentos. Bebes tres copas y te olvidas de todo, bebes otras tres y te acuerdas de todo. Sigues bebiendo y te ríes para después llorar. Piensas en ti y te sientes la mujer más poderosa del planeta. Piensas en ella y eres diminuta, no eres nada. Recuperas el control y aprendes a ser feliz. Lo pierdes y te desmoronas entre las cuatro paredes de tu habitación. Avanzas y retrocedes. Lo ves todo claro y acto seguido se te oscurece el día. Te comes el mundo y segundos después el mundo te come a ti. Sabes lo que quieres y luchas por ello y después piensas que no tiene sentido sin haberlo intentado una vez más. Dejas de padecer y te invade el dolor en el instante menos esperado. Te devoran los recuerdos, se te ablanda el corazón, se te congela, se te enternece y se enfurece. Destruyes las imágenes del pasado y, cuando estás a punto de borrarlas de la memoria, las retienes porque en el fondo sabes que el alma las necesita para no morir. No hay que mirar atrás para seguir adelante, hay que seguir adelante sin mirar atrás.

Trato de tirar, que no es poco. Me concentro en mi día a día, en mi disciplina, en mis ilusiones, en hacer lo que me gusta. He vivido demasiado tiempo a expensas de palabras que no se pueden demostrar y de besos que se quedaron en el aire. Asumí una realidad que pocos hubieran aguantado. Pisé la tierra con firmeza y me tragué el dolor para seguir a su lado, aún sabiendo que el laberinto no tenía salida. Como un borracho dando tumbos. Como el eterno perdedor que se resigna a seguir perdiendo. Como el drogadicto que necesita su dosis diaria, por más mínima que sea.

Afortunadamente el tiempo perdona y cura, y te ofrece nuevas oportunidades, otros paisajes, canciones frescas y sábanas limpias cada noche. Te ordena y te quita la razón, te alivia, te calma. El tiempo te enseña, te levanta y te arregla. Te hace la vida más fácil y es justo ahí donde hay que sacar toda la artillería para dar el gran salto, para captar y aferrarte a la luz al vuelo. Y tener la suficiente valentía y templanza como para mantener ese equilibrio que siempre pende de un hilo.

Equilibrio que se me ha ido a la mierda cinco minutos antes de empezar a escribir este post. No es tristeza exactamente, sino esa mezcla explosiva que a veces me atormenta. Rabia, ira, frustración, impotencia, rencor. No sé si es dolor. No sé si sufro por lo que no pudo ser o porque despego y aterrizo constantemente sin poder mantener una línea constante. Emociones cruzadas y enfrentadas. Es querer y odiar, sentir y no sentir, soñar y no dormir, vivir y malvivir. Sí ó no. Ahora ó nunca. Blanco ó negro. Hola ó adiós.

Y ahora toca bajón, bajonazo. Y como música de fondo, sólo silencio, su silencio.

Perdida en mis contradicciones.

jueves, 25 de noviembre de 2010

LA DEPRESIVA MÁS FELIZ DEL MUNDO

Porque las apariencias... casi siempre engañan.

C: Joé, mírala, es que sieeeeempre se está riendo. En mi vida he visto a nadie más feliz que Marta.

A: ¿¿Marta?? :S. ¿Acaso no lo sabes? Pero si tiene una depresión de caballo desde hace meses...

C: ¿¿¿Perdóoooon??? O_O

¿Quién no se ha sentido alguna vez 'bipolar' (o tripolar) en su vida?



"A la primera persona que me ayude a sentir otra vez, pienso entregarle mi vida, pienso entregarle mi fe... y es que amar en soledad es como un pozo sin fondo donde no existe ni Dios, donde no existen verdades..."

(Dedicada a mi compi de madrugadas en vela y de emociones... porque sé que terminarás dándome la razón).

martes, 23 de noviembre de 2010

LA FRASE QUE MÁS ODIO DEL MUNDO

Anoche, unos metros antes de llegar a casa, me encontré con esto:


Puedo asegurar que el día anterior no estaba y parecía que estuviera ahí esperándome, como si una mano divina se hubiera encargado de pintar en este muro y representar así a todos los que alguna vez me dijeron sin pena ni gloria la famosa frase, la frase que más odio del mundo.

Digo sin pena ni gloria porque la trillada expresión LO SIENTO o palabra tan manida LOSIENTO o asquerosa locución LO SIEEEEEENTOOOO ha dejado de tener siquiera una pizca de sentido, valor y significado en mi vocabulario del perdón. Hay frases tan hechas que se usan casi por inercia, porque es la mejor manera de quedar bien, porque se ha convertido en una forma de hablar como el que da los buenos días (si es que los da) y ha perdido su esencia como manera de sentir.

Nos hemos acostumbrado a mentir, a ofender, a hacer daño, a no prestar ayuda cuando nos la han pedido, a no dar explicaciones cuando son necesarias, a quitarnos los marrones de encima, a decir no cuando deberíamos decir sí ó viceversa... y algunos se creen que pronunciando las palabritas mágicas quedan libres de pecado y tal como arrasan y abrasan salen corriendo huyendo de todos los mapas mundi. Menos mal que todavía quedan algunos honestos e inteligentes que cuando se meten en la cama y hacen su examen de conciencia (otros caen roncando en cero coma dos) son conscientes de que decir "lo siento" no es la solución, porque como siempre me dice mi madre, el movimiento se demuestra andando y las palabras se las lleva el viento.

Cómo decir lo siento sin que suene vacío y absurdo, sin que las palabras sean huecas y salgan de verdad de dentro. Cómo recuperar el poder de una frase tan curativa que puede llenar de paz tanto al que la dice como al que la recibe. Cómo llenarla de fuerza, de verdad, de arrepentimiento, de sentimiento. Cómo decir lo siento desde el alma, no como mero instrumento para lavar conciencias. Cómo hacer que hable el corazón, con una sinceridad latente, con el miedo a no ser perdonado, con el riesgo a ser rechazado...

Cómo cambia la película... qué fácil liberarse alegremente de las cargas de los demás, qué fácil correr, huir, olvidar, dormir y soñar con los angelitos, "porque yo ya dije lo siento"...

Menos SENTIR-LO y más SENTIR.

Hoy me autorregalo un "LO SIENTO" verdadero, por todos aquellos que me sonaron falsos:

sábado, 20 de noviembre de 2010

FINALES PERFECTOS

Una noche de hace un par de años me ocurrió algo insólito: perdí la voz. Recuerdo estar en el coche, aparcada en al arcén, hablando por teléfono sin parar de llorar y gritar. Así durante horas. Al día siguiente salía de viaje a la boda de una amiga y al despedirme de mi madre no articulaba palabra, no podía emitir sonidos, me había quedado literalmente muda. Me asusté tanto que me tiré días rezando para que, si existía alguien por ahí arriba, me devolviera la voz y la vida. Temí no volver a hablar nunca más. Me atiborré a pastillas y caramelos de miel y limón pero no había manera. Me comunicaba por gestos y, aunque parecía divertido, cada vez que me quedaba a solas intentaba llorar, pero ni siquiera me salían gemidos de impotencia. Fue mi punto de inflexión. Me acojoné tanto, por mi salud, por el asqueroso mundo en el que estaba metida, que entonces decidí poner punto y final a la relación que mantenía con Leo, la psicópata. Antes lo había intentado más de un millón de veces, sin éxito. Y lo conseguí, claro que lo conseguí, pero tuve que morirme para poder resucitar después.

Otoño se me dio bien para decir BASTA. Ahora estoy teniendo sensaciones idénticas a las que tuve hace dos años, ese tocar fondo y flotar por inercia, el rozar los límites más prohibidos, el sentir que muero otra vez

No creo en el amor, pero sí en los finales casi perfectos. Porque el amor no existe, pero el desenlace de una historia que se rompe, por lo que sea, sí se puede construir de la manera menos dolorosa posible. Pero precisamente porque hay dolor la cabeza se descoloca, se enfurece y se entristece. Y el corazón se apaga como la vela a punto de rendirse a la oscuridad. No quiero no creer en la paradoja de construir un final. Derrumbar una relación piedra a piedra, ayudarnos mutuamente a colocarlas, cada una en su sitio, limpiamente, sin rencor. Mirarnos a los ojos y asumir que no puede ser. Darnos algunos restos de amor, muchos abrazos y echar a andar, cada una por su lado y, tal y como llegamos, marcharnos con una sonrisa agridulce en los labios, pero con una sonrisa al fin y al cabo.

Pero ahora no puedo ser adulta ni coherente. Menos que nunca soy dueña de mis sentimientos. La ira y el rencor me comen, me arrastran y, lejos de ser la sensata o insensata que aceptó ser la tercera, me he convertido en la despechada que no soporta que hagan de ella un sparring que se lleve todos los golpetazos y no aprenda a levantar cabeza. Sí, tal vez me esté equivocando de estrategia, pero no puedo dominar la rabia, ataco y rectifico, hiero y pido perdón, pero estoy tan absolutamente rota que los pocos papeles y la cordura que me quedaban los he tirado a la basura.

Tengo sentimientos encontrados, tantas ganas de verla como de enterrarla, el mismo deseo de abrazarla y olvidarla, la misma necesidad de tocarla y que desaparezca... Siento tanto amor como odio y estoy loca por llorar y gritar, gritarle hasta quedarme sin voz, otra vez, y así volver al punto de inflexión y renacer entre tanta esquizofrenia.

jueves, 18 de noviembre de 2010

LOS KLEENEX TAMBIÉN LLORAN (Editado)

Llevo más de una hora dando vueltas con el coche, pero no sé dónde voy. He tenido que parar y salir a respirar, me ahogo. Avanzan los días mientras retroceden mis pasos. Vuelven chirriando las canciones que se fueron sin pena ni gloria y que pensaba haber enterrado para siempre. Me retumban los oídos recordando: "VETE A TOMAR POR CULO, TE ODIO". Ayer me coge, hoy me suelta, ayer sí, hoy no. Mañana... mañana nunca sé, esa incertidumbre insoportable que me provoca taquicardias que no descansan ni en sueños. El adiós que iba bien encaminado pero que nunca es definitivo. No soporto más gritos, más discusiones, más desgastes, más ojos hinchados y mirada perdida, más infelicidad, más cabezazos. Ya no quiero paciencia ni fuerza, no quiero ovarios para esperar ni pastillas para mantenerme en pie. No quiero llamadas ni cartas, no quiero que me diga que me quiere y me necesita siendo mentira. No quiero más mentiras. Los mentirosos que vivan entregados a sus mentiras, pero que dejen en paz a los que todavía creemos en la honestidad y sensibilidad de las personas.

Ella pide, yo le doy. Necesita hablar, hablamos. Quiere verme, en dos horas estoy en la puerta de su casa. Quiere llorar, y se desahoga conmigo. Quiere explicar lo mal que se siente, y yo la escucho. Quiere reír, y ríe conmigo. Quiere un abrazo, y la lleno de ellos. Yo pido, ¿y qué tengo?. Prohibido llamarla. A llorar a otra parte. A hablar con las piedras y con la pared. A desahogarme con la almohada. A reírme en silencio. Y si quiero abrazos, que me los dé el primero que salga de la boca de metro. Reconfortante. Insoportable. Hasta los cojones de ser tan gilipollas.

¿Quién soy ahora? ¿En qué me he convertido? Lo tenía, tenía medio camino hecho, estaba tranquila, tenía poder y control, estaba bien, coño!!! Siento que he vuelto a caer en un pozo sin fondo, que me he perdido, que no soy yo, que vuelvo a morirme poco a poco, como aquellos días de verano...

¿¡Cómo se hace?! ¿¡Cómo coño se resucita en esta puta vida llena de gentuza, egoístas y ladrones de almas?

Y ahora, ahora que te necesito, ¿¡dónde te escondes?! ¡¿DÓNDE COÑO ESTÁS?! Ahí, en tu lado del sofá, ahí, en tu lado de la cama, ahí, tan tranquila, tan fría conmigo y tan caliente con otra, colgándome el teléfono, porque ni cojones tienes para terminar una conversación sin colgarme, porque después de soltar tu rollo no me concedes ni cinco minutos para escucharme... colgándome una vez más y dejándome así, sin nada y desapareciendo, desapareciendo en silencio y sin poder buscarte porque nunca te pude encontrar.



Miércoles, 17 de noviembre de 2010

Hay lágrimas, lloros y llantos.

Ahora caen las últimas lágrimas del día. Hace una hora lloraba a moco tendido. Hace dos no podía contener el llanto. Gritaba mientras daba puñetazos a la pared y me tiraba al suelo desesperada. Perdiendo el aire y el equilibrio sólo acertaba a decir: "Vete, vete, vete, vete". Ya sólo quedan lágrimas porque las pastillas me han quitado la fuerza para seguir llorando, ahora siento que estoy más muerta que viva, más ausente que presente, más dormida que consciente. Me mareo tanto que me doy un golpe en la cabeza con el pico de la puerta y ni siquiera noto dolor, sólo el del corazón, que me aprisiona el pecho y apenas me deja respirar. Tiro de mi psicóloga, a la que me tengo terminantemente prohibido recurrir siquiera en casos de fuerza mayor... pero mi solución son unas palabras, o tan sólo un abrazo sería suficiente. Pero no hay abrazos. Porque los abrazos son para otra, las palabras son para otra, el tiempo es para otra, la ternura es para otra, el amor es para otra... y uno nunca termina de acostumbrarse a escuchar las frases que nunca querría escuchar, por más veces que se hayan repetido. Porque, mientras ella proclama su felicidad a los cuatro vientos, yo no hago más que intentar resucitar, sobrevivir, vivir y sentirme bien. Porque ella tiene todo lo que quiere tener y yo no tengo nada de lo que quisiera tener. Entonces, ¿por qué coño me busca? ¿qué coño quiere de mí? Si es tan feliz, si no necesita nada más, si todo lo tiene TAN CLARO CLARÍSIMO... ¿por qué cojones no me deja en paz? ¿por qué no me deja VIVIR? ¿por qué no deja de volverme loca?

Me borra, me recupera, me agrega, me desagrega, se suena los mocos y me tira a la basura, me dice, me deja de decir... y hasta lo que era exclusivamente "nuestro" ya lo comparte con cualquiera.

He dimitido ya varias veces, pero no hay manera, dicen que las recaídas son peores que las primeras caídas... no atino a escribir, siento que estoy en otra dimensión y que nada de lo que he escrito en este post es real ni tiene nada que ver conmigo. Necesito unos segundos para escaparme de la realidad, serenarme y volver a ser yo. Necesito un sueño bueno, bonito y que no me pase factura mañana cuando despierte.

domingo, 14 de noviembre de 2010

LA VIDA DE... MUCHOS

Hoy tan sólo una recomendación de cine, "La vida de nadie":

"Emilio Barrero (José Coronado) es, en apariencia, un hombre de éxito. Economista, "del Banco de España, nada menos", como le gusta decir a su padre. Tiene una esposa modelo, un bonito chalet y un hijo que le admira. Está a punto de cumplir 40 años y Ágata (Adriana Ozores), su esposa, le está preparando una sorpresa. Pero la sorpresa se la van a llevar los otros, porque la vida de Emilio Barrero está basada en la mentira. Cuando Rosana (Marta Etura), una encantadora estudiante, aparece en su mundo, el precario equilibrio en que se mantiene su existencia se desmorona... y todo se precipita en un inesperado desenlace".

La vida de un don nadie, o por lo menos en su interior, ya que todo lo demás era carcasa, objeto de la mentira. Esa mentira que, sin lugar a dudas, forma uno de los ejes más patentes en nuestra sociedad, pues desde el noticiario más imparcial hasta cualquier persona lejana a nuestros intereses, las esconden. Y aunque no lo parezca, nos corroen, nos extenúan, hacen de nosotros una simple y llana parodia de lo que éramos, ya que, más que por impulsos ó decisión propia, actuamos tras ellas, intentando que en ningún momento nos puedan perjudicar y esquivando todos esos escollos que pueden hacer que salgan a relucir sin más, delatándonos. Así, vivimos encerrados en nuestras propias mentiras.

La vida de nadie. La historia de nadie y las mentiras de todos. Todos hemos mentido alguna vez, todos hemos ocultado -con mayor o menor acierto- algo alguna vez. Y es que, a menudo olvidamos que todas las mentiras que hemos intentado sostener a lo largo de nuestra 'vida perfecta' pueden desmoronarse en una trágica avalancha. Y los medios seguro que engrandecían los fines, pero se corre este peligro. El peligro real de que hundas a tu familia, a tus amigos, a tus seres queridos, por algo que en algún momento surgió y luego se convirtió en un bucle demoníaco que te iba a pedir como precio para pararlo y pagarlo algo tan sencillo como lógico: tu propia vida.

Nota 1: Parte del texto está plagiado, lo reconozco, no como la Trapote, que escribe un libro de sexo y no sabe ni de qué va.

Nota 2: "La vida de nadie" es una película seria, real, valiente e inteligente para aquellos que aún conservan el gusto por el buen cine español y les queda todavía estómago para no atreverse a sentarse esta tarde a ver "27 vestidos", esa patética gran obra sólo apta para los que le faltan unos cuantos hervores. Yo me entiendo, gracias.

Nota 3: También recomendadísima para los amantes, para los amantes de Marta Etura y para los amantes de la madre que la parió. ¡¡¡Impresionante!!!


lunes, 8 de noviembre de 2010

LA PU... REALIDAD

Una idiota que no me conoce de nada me dijo ayer que yo vivía en mi mundo, en una dimensión paralela a la realidad. Me sentó como una patada en el culo, teniendo en cuenta que no hago más que pisar la tierra con los pies firmes y la cabeza en mi sitio, en un intento por continuar con ese aprendizaje que nos da la vida a pesar de tanta espina que esquivar. Me faltó medio segundo para reaccionar, primero porque quién es quién para juzgar a los demás, máxime cuando no tienen ni puñetera idea de lo que uno guarda dentro y se basan en actitudes de lo más superfluas para emitir juicios. Segundo porque no se puede hablar sin conocimiento de causa. Y tercero porque las personas que nos desmarcamos de lo común, de la apariencia, del que dirán y de los estereotipos que los ignorantes se empeñan en inventar tendemos a ser catalogados de raros (o diferentes, que suena mejor), algo que me resulta absolutamente ridículo e incluso patético.

Precisamente vivo a golpe de realidad y me considero una persona que se pringa hasta las cejas, que no hace más que caerse y comerse el barro, que se tira a las piscinas sin agua y anda continuamente sobre arenas movedizas. Odio ver pasar la vida desde el andén, llevando a cabo una rutina que me dé seguridad y refugiándome en el sol que más calienta sólo porque ahí pueda estar la paz. A mí me gusta meterme en líos, sentir vértigo, buscar la aventura, plantarme en el borde de los precipicios, sentarme a esperar hasta que desespero, enfrentarme al miedo, a la soledad, al dolor, al desamor, a toda clase de tormentas que me hagan sentir viva aunque luego me maten. Pero la emoción de mi vida consiste en sentir... sentir lo mejor y lo peor con la misma intensidad, la intensidad que sólo los valientes tenemos la suerte de alcanzar, llueva o haga sol.

Me río yo de los que viven en un mundo paralelo a la realidad, construído de mentira y dependencia, de falso amor hacia uno mismo y hacia los demás. En ese mundo donde nadie es capaz de mirarse por dentro porque no interesa, no vaya a ser que encuentren más vacío del que ya tienen. Porque reconocer que uno está podrido por dentro hace daño, mucho daño. Reconocer que no hay valores, ni principios, ni libertad, ni objetivos, que la inercia nos lleva y nos trae y así pasan los días, creyéndonos al final una película guionizada por la cobardía y la comodidad, por la desidia y la inseguridad, por la inmadurez y la falta de personalidad y autoestima, por el temor a descolocarnos en este universo, después de lo que nos ha costado medio ubicarnos.

Pero andamos también en tiempos de crisis de valores en los que la proeza de conocernos, valorarnos, querernos y hacer lo que nos dé la gana es algo que pasa totalmente inadvertido.

Y sí, puede que viva en mi mundo. Pero mi mundo es el real. No hago otra cosa más que trabajar en mi laberinto interior para intentar ser cada día más coherente y consecuente, y de paso más racional. Y ojalá más egoísta. Tal vez en ocasiones me meta en mi burbuja con el único fin de protegerme de todos aquellos que sí viven en su mundo paralelo y caminan haciendo el pino y con los ojos cerrados en vez de avanzar pasito tras pasito enfrentándose a su peor enemigo: ellos mismos.

Abundan mis capas de cebolla, pero lucho para ir deshaciéndome de ellas, sincerándome y siendo honesta conmigo y con los demás.

Porque otra cosa no, pero si algo sé, a pesar de todo, es que no hago otra cosa que vivir la realidad, por más puta que sea.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

EN EL AUTOBÚS

En la antesala de otra dura sesión de terapia los pensamientos se agolpan a gran velocidad. Los positivos, los negativos, todos, no hay lugar para despejarlos, cerrar los ojos y desconectar del medio con una canción, o mirando al mar, o simplemente parando el tiempo con la imaginación. Las horas aprietan y ahogan a ratos, es muy poco llevadero separarse de lo que más quieres, de lo que fue y no fue, de lo que se deja atrás y no vuelve. Alguna vez leí por ahí que los finales no se inventan, que no se construyen a la imagen y semejanza de uno mismo. Que son finales, y punto.

Entre esos pensamientos llego a la conclusión de que este blog hace mucho tiempo que dejó de tener sentido. Una vez me censuraron y desde entonces he perdido parte de mi esencia y de la realidad. No poder escribir lo que te salga de los cojones es una auténtica putada. Empiezas a medir las palabras, a cuidarlas, a disfrazarlas e incluso a borrarlas, hasta que llega un momento en el que te autocensuras tú mismo y aunque todo es real hay una parte que se te queda dentro y que no puedes vomitar. Me he cansado de hacer malabarismos con las letras, dibujando pajaritos y caminos de rosas. Porque, ¿dónde quedé yo? ¿dónde quedo yo?

A partir de ahora tengo dos opciones, o dejar de escribir o escribir lo primero que se me pase por la cabeza, lo que me dé la gana, sin contemplaciones, como ahora, en el autobús.

Hay días y días, y hoy es uno de esos en los que hace falta un abrazo sincero, pero no.

viernes, 29 de octubre de 2010

DESDE EL -100

La vida me ha ido preparando para vivir el amor, para sentirlo y sufrirlo, para amarlo y odiarlo, para que me rompan el corazón y romperlo yo, para que me lo hagan trizas y lo reinvente, para morir por desamor y resucitar por la vida.

Lo que nadie me había explicado y que la vida tampoco me ha enseñado hasta ahora es cómo puede digerirse que una misma persona te parta el cuerpo, la mente, el corazón y el alma más de una vez. Resurgí de la primera, la segunda me ha matado y rematado.

Y vuelta a empezar... desde -100 y esperando llegar algún día al +100, pasando por el maldito cero, punto muerto.

lunes, 25 de octubre de 2010

HOLA, QUÉ TAL. AQUÍ ESTAMOS

Lo cierto es que últimamente no me apetece escribir porque apenas pienso, lo cual no sé si es bueno o malo. Tal vez bueno porque así el pensamiento no padece, tal vez malo porque así se me congela el corazón y no pueda transmitir emociones. Tal vez no tenga nada nuevo que contar o quizás mis dos neuronas y media me impidan hacerlo. Podría ser. Hay momentos en la vida en los que la mente se queda en blanco y no hay sitio para nada. Paradójicamente, estos instantes son los que me llenan el alma porque no hay más preocupación que la de no poder parar el tiempo y volar eternamente dentro de una dimensión en la que nada duele y todo es perfecto. Pero, lejos de soñar, voy bajando a la tierra y posando los pies en el suelo con tanta firmeza como incertidumbre.

Toca época de cambios, todos los cambios posibles me han venido juntos. ¿Realmente todo pasa por algo? Tal vez sea bueno para poder respirar más y mejor, tal vez malo porque la nostalgia a veces se convierte en nuestro peor enemigo.

Sólo quería asomarme un rato a través de estas líneas y recuperar mi pasado convertido en posts, primero porque me sorprende la cantidad de gente que me ha escrito para animarme a republicarlos, segundo porque, supongo, ya no duele tanto lo que empiezo a dejar atrás.

Aunque me hubiera gustado que todo fuera diferente, mis sentimientos, mi pesimismo, mi tristeza, y en definitiva, lo que he reflejado a través de mis escritos, quiero creer que todo pasa por algo y que éste será el final de un final predestinado al dolor y que el día de mañana será un recuerdo maravilloso, imborrable en el tiempo, de los mejores de mi vida.

La puerta se cierra, pero dicen que siempre hay luz al final del túnel. Y aunque momentáneamente he dejado de soñar, espero que, al menos, "ese último momento" sí se haga realidad. Y los demás... que aguanten, y se aguanten.

miércoles, 6 de octubre de 2010

EN LA OTRA ORILLA




A J, gracias por tu voz y tu inacabable repertorio de Rosana, tu calor y tu compañía aquella madrugada en Chueca, la primera de muchas noches infinitas que nos quedan por compartir. A F, por tu amistad, tus broncas y tu amor incondicional haga lo que haga y pase lo que pase, por quererme así. Anda que no nos queda por vivir...

A ti. Dondequiera que naveguemos, donde nos lleve la marea, nos vemos en la otra orilla.

viernes, 1 de octubre de 2010

SIN TÍTULO

La niña de las despedidas frías ha puesto punto y final, a su manera, como siempre.

Qué manera más diferente de leer e interpretar la sinceridad y el cariño con que se dicen las cosas... yo me acosté con la estúpida ilusión de verte hoy pasar por mi casa y tú te acostaste con la idea en la cabeza de acribillarme con palabras de adiós. Intento justificarme sin tener que justificarme pero ya no me escuchas. Ni tú ni yo hemos aceptado nunca esta realidad. Y hasta para echarme de tu vida apagas tus sentimientos, ¿en qué momento se te congeló el corazón? Me cuelgas indiferente y me doy cabezazos contra la pared por no gritar, porque todavía me queda algo de cordura para callarme.

Mira, paso... paso de que sigas sin enterarte de nada, paso de que no quieras saber que te di mi vida a cambio de nada, paso de intentar arreglar, reconducir, sanar, fortalecer o reconstruir esta relación, porque también sabes que me has dejado sola en esto y vacía, vacía como este blog tan triste que borro entero porque releer tanto dolor me destroza aún más el alma si cabe. Y porque prefiero callarme y dejarte marchar aun sabiendo que no volverás.

viernes, 24 de septiembre de 2010

DÍA CERO, CUANDO LA MENTE TODAVÍA ESTABA EN BLANCO

"Yo no puedo dejarte, pero yo tengo la excusa de los tontos sin cabeza que aman sin sentido y siempre me puedo agarrar al pretexto de los ciegos que no ven la realidad. Mi coartada consiste en no separarme de ti porque no puedo dejar de quererte y no soportaría perderte. Pero tú, ¿por qué no puedes? ¿cuál es tu excusa?

Es terrible tener millones de abrazos al alcance y sólo necesitar el tuyo, escuchar voces por todas partes y sólo buscar la tuya, la que me calma y me desquicia. Me pregunto adónde van todos los abrazos que ahora te guardas, dónde murieron tus palabras y si la balanza de tus besos ha dejado de inclinarse hacia mi lado. Probablemente. ¿Qué pasa por tu cabeza para que me robes de un plumazo todo el cariño que me dabas?

Hoy no pude dejar de pensar en ti. Por nada en especial, de repente llegan las ráfagas de nostalgia y la memoria no hace más que trabajar en su archivo selectivo para encontrar los recuerdos que de alguna forma me acercan a ti. Necesitaba respirarte, por eso al volver del trabajo tuve el impulso de pasarme por el bar donde nos dimos el primer abrazo. Me senté en la barra y te vi allí, en aquella terraza, con tu cocacola, tu montadito y tu sonrisa de oreja a oreja. Ya me gustabas, y de qué manera.

Mientras apuraba mi cerveza eché un vistazo atrás en el tiempo. Cuando la pizarra y la mente todavía estaban en blanco. Cuando no había manchas y no hacía falta borrador. Sonreí y me emocioné al mismo tiempo. Conseguí olerte en ese espacio que hicimos nuestro, reencontrarte cuando todo iba bien, rozar tu alma cuando eras toda ilusión. Me gustó saborearnos en estado puro y odié pensar en lo que nos habíamos convertido con el paso del tiempo. Te alcancé durante unos instantes para acordarme de cómo se vivía en el cielo de tus brazos y cómo se dormía en tu pecho. Cómo alguna vez sentí que me querías.

Hace mucho tiempo que no te siento cerca y volví donde te encontré por si quedaba algo de ti. Volé a tu cuerpo acariciándolo y me deshice otra vez en tus besos. Te imaginé en mi cama abrazándome durante noches sin fin. Evoqué nuestras locuras de niñas adolescentes. Soñé despierta, aunque fueran segundos.

Recuerdo al despedirnos lo que me costó separarme de ti. En la esquina tú tiraste a la izquierda y yo a la derecha y te quedaste esperando hasta perderme de vista. Tuve una sensación rara, atípica, más bien dulce. Giré la calle sabiendo ya todo lo que iba a quererte.

Hoy el bar está vacío, apenas dos almas me miran con extrañeza intuyendo las subidas y bajadas de mi montaña rusa. No hay mucho más. Restos de una hoguera que no termina de apagarse. Demasiado escrito en una pizarra. Demasiada vida en una mente. No hay borrador que valga para olvidar y volver al punto de partida. Ser siquiera un reflejo de lo que fuimos. Vivir y disfrutar sin pensar. Sin pensar. Vaciarte de bloqueos cuando me tienes enfrente, vaciarme de dolor cuando estoy contigo. Y sobre todo sentirte, como te sentía entonces. Quién pudiera volver al día cero, cuando la mente todavía estaba en blanco y la historia podría haberse escrito de otra manera.

Probablemente hoy haya sido uno de los días que más te he echado de menos, por tenerte y no tenerte, por sentirte, y no".


jueves, 16 de septiembre de 2010

DESPUÉS DE UN MILLÓN DE VECES... Y AHORA QUÉ

"Ya sé, lo hemos hablado un millón de veces, pero mi sentido de la lógica me hace seguir buscando entre los recuerdos y tus besos y tu música algún resquicio de amor, el que callas pero expresas sin que te des cuenta, el que no dices y no demuestras pero lanzas al aire en ocasiones, cuando todo se pierde o cuando ganamos estando juntas y no existe nada más. No sé de dónde he sacado la fuerza para ser directa contigo, para preguntarte todo aquello que nunca quise escuchar, para autodestruirme el alma a pedazos teniendo las respuestas de antemano. Hay que ser masoca para mirarte a los ojos agonizando y esperar impaciente palabra tras palabra e ir cavando mi propia tumba. Para qué me dices la verdad pudiendo engañarme, qué poco peso puede llegar a tener la mentira si en ella todavía se puede respirar. Hay que quererse muy poco para no echarte de menos pero sí morirme sin tu olor. Hay que estar loca para seguir queriéndote así, para seguir luchando a contracorriente a pesar de todo, sin esperanza, sin un porqué, sin nada a lo que agarrarme. Hay que estar jodida para quemar los últimos cartuchos y ofrecerte lo que me quedaba sin esperar nada, simplemente, porque a estas alturas del guión, no se puede estar peor.

Sabes que lo único que me falta para completar la película son las causas, los motivos, los porqués, las explicaciones que se llevó el viento y que dices nunca existieron. Sabes que tengo mil caminos para resolver la incógnita de mi problema matemático y que me pierdo entre laberintos de incertidumbre, dudas y contradicciones. Pero necesito llegar a la solución final. No espero que sea la mejor para mí, eso ya me da igual, pero necesito resolverlo aplicando el sentido común, sin hacer cuentas al azar o tanteando a la suerte. Necesito que un número me lleve a otro, destapar ecuaciones, sumar, restar, multiplicar, dividir, seguir un proceso de lógica pura y dura que me lleve a una conclusión. Me da igual una solución positiva o negativa, sólo quiero dejar de romperme la cabeza y estar tranquila, cuadrar cuentas y conceptos y comprender las cosas para poder asumirlas.

Como siempre me dices, todo tiene un porqué, una explicación... ¿acaso mi problema matemático no? No me despejes la solución, sólo quiero el camino para llegar a ella. Del resto ya me ocupo yo".

Llueve en Madrid, y de qué manera...

miércoles, 1 de septiembre de 2010

A DIEZ MIL KILÓMETROS

¿Sabes cuando el corazón se para y te falta el aire? Cuando despiertas, miras a tu alrededor y sólo hay vacío. Y sudas aunque haga frío, y se congela el alma a 40 grados. No, no hay fuerza capaz que te levante de la cama, porque sabes que al poner un pie en el suelo nada tendrá sentido. Entonces sientes mil palpitaciones por segundo, no puedes respirar y vuelves a dormirte para tratar de sumirte en una pesadilla irreal, de las que no duelen tanto.

"Ya no sé si me compensa verte a ratos, tomar un café y marcharte. Llegar a casa, apagar la luz y saber que no estás, que nunca estarás cuando te necesite. No sé si alguna vez te pedí demasiado, algún abrazo a tiempo, tu voz en la oscuridad, marcar tu número cuando sienta que no puedo más. Cómo sentirte si no estás, aunque digas estar, pero qué coño, no estás ni por asomo. No creo en misticismos ni espiritualidades ni telepatías que me hagan creer que me cuidas desde tu cama, no alcanzo a sentir tu presencia sino tu vacío, el que dejas cuando te vas, cuando evitas palabras de cariño e impones la barrera a tu antojo, que para eso son tus normas.

Ya no sé si me compensa soñarte porque la única pesadilla que tengo es que estás en todas partes menos aquí, conmigo. No sé si recordarte como único remedio para sentirte cerca, no tengo por qué pensarte pudiendo tenerte, olerte, rozarte. No tengo por qué esperar sentada a que el sol brille y decidas buscarme un rato, dos ratos, tres ratos y después se quede en nada. Tal vez me equivoqué al quererte, quizás no debería haberte retenido, puede que aquella noche que abriste la puerta para marcharte, debí haberla cerrado yo.

Ya no sé si me compensan tus risas, tus abrazos fugaces, tus palabras prohibidas. Ya no sé, porque cuando me falta el aire no puedo contar con tu ternura ni con tus besos, porque cuando me duele y me dueles no apareces, porque siempre estuviste de paso y así lo asumí. Porque ni siquiera esta noche escuchas mis quejidos y aquí me tienes, llorando de rabia, siguiendo las reglas a rajatabla pero esperando a que te des una vuelta por mi casa para abrir la puerta a patadas y abrazarme tan fuerte que por fin logre sentir que sí, que estás aquí, aunque no estés.

Ya no sé si me compensan tus visitas de diez minutos, porque ya no me suben tanto como para mantener el vuelo y seguir adelante. Porque no quiero subir y bajar, no quiero sentir para luego llorar, no quiero un abrazo a medias ni despedidas llenas de incertidumbre, no quiero dos palabras si luego te olvidas de pronunciarlas, no quiero nada tuyo que no sea amor. Porque el resto empieza a sobrarme, porque comienzo a no conformarme, porque las treguas no me valen, porque me agoto.

Ya no sé si me compensan las cuatro cervezas al mes, acercarte a tu casa con un adiós frío, quedarme mirándote hasta que desapareces sin que te des la vuelta y me dediques tu última sonrisa del día. Ni un buenos días cariño, ni un te echo de menos, ni un me muero por verte. Escupiendo distancia, marcando terrenos, aclarando espacios, separando vidas, haciéndome ver que jamás conseguiré más de ti y que soy yo la esclava de tus estados de ánimo, la víctima de tus trastornos, la que consiente y aguanta, mi voluntad, cegada y obcecada por el amor que siento por ti.

Nunca te pedí lunas ni estrellas, sólo un poco de cariño y atención, sólo que me tuvieras en cuenta, que me cuidaras en la medida que pudieras. No mucho tiempo, no muchos besos, sólo palabras y caricias sinceras. Sólo te pedí sentirte cada segundo del día como si estuvieras entre mis brazos. Desde tu sitio y sin muchos esfuerzos, saberte cerca aunque no te vea, olerte por todos los rincones de mi habitación sin que me duelas, sonreír al escucharte, estar tranquila si tú no estás aquí, ser feliz aunque no pueda tocarte pero sí sentirte, sentirte a todas horas, allá donde estés.

Siempre tuve poco, pero esta vez me quedo sin nada. Y no me sale contarte qué es el dolor cuando siento que me abandonas, que te dejas y me dejas, que vuelves a tu sitio sin mirar atrás, que te olvidas, que te apagas y me apagas, que tu camino toma rumbo otra vez, a cualquier parte menos a mí. Y a mí no me quedan fuerzas para tirar y retenerte y pedirte y rogarte que te quedes un rato más. Porque el silencio se ha convertido en mi defensa para que no percibas cómo me arrastro y cómo, sin que te des cuenta, me voy alejando de ti.

Ojalá pudieras leer esto. Ojalá pudieras comprenderme y, si de verdad me quieres, tocaras mi puerta para abrazarme y sentir que estás ahí, CERCA, a diez mil kilómetros o en mi cama, aunque no estés".

sábado, 28 de agosto de 2010

SILENCIO

"A veces callo porque no me salen las palabras. A veces callo porque no quiero romper ese hilo tan fino que separa la armonía de la discordia, porque cruzar al otro lado se me vuelve un abismo en el que no percibo la realidad. Me empeño en hacerte señales de humo para que escuches lo que quiero decirte sin abrir la boca. A veces te cuento por qué este silencio, pero otras enmudezco porque tengo un nudo en la garganta y no quiero cruzar esa línea frágil, endeble, que nos une y nos separa, que nos lleva al cielo o al infierno. Siento haber pensado en mí por un momento, siento haber sido egoísta y preocuparme por mi sensibilidad... no sé si tengo la suerte de que me conozcas lo suficiente como para que sepas intuirme y distinguir un mal momento de una falta de respeto o de empatía.

A veces callo porque no sé qué decir y porque no quiero importunarte con mis miedos, porque me pierdo y durante unos segundos no encuentro el camino. Bajo, sin más, y puede que espere a que me subas, aunque sé que no debería esperar nada. A veces no quiero darte explicaciones porque sé que si te las doy darás un paso atrás y sabes que es lo último que necesito. Quisiera ser una máquina que no expresara emociones, que jamás se sintiera mal, que nunca pensara para no provocarte la más mínima preocupación ni un ápice de desconcierto, para que no tuvieras que hacerme preguntas sin respuesta y no desesperarte. A veces creo que la única manera de no disolver el delicado equilibrio que te acerca a mí es callándome y fingir que todo está bien, pero sería mentira, y sabes que de eso sé bien poco.

A veces callo cuando me muero de ganas de decirte que te quiero y que hoy no hice otra cosa que echarte de menos.

Me callo porque no hay un sólo día en que no tenga miedo a perderte.

Son mis silencios.

Ojalá pronunciaras su nombre. Así desaparecería, y con él, todo lo que me aleja de ti".

jueves, 19 de agosto de 2010

MÁS QUE PALABRAS...

Llegué a casa, como cada mañana, después de otra agotadora noche de trabajo. Ella madrugaba y no era raro encontrarme la cama vacía, recién hecha y todavía templada, lista para mi letargo. Pero ese día  noté la habitación más desierta, como fría, ausente. Eché un vistazo rápido y me di cuenta que faltaban cosas, fotos en la pared, objetos encima de la mesa, ropa en la silla... y desorientada, en un impulso autómata, abrí su armario de par en par y me di de bruces con lo que intuía segundos antes: se había marchado. No había notas, ni sms, ni media llamada perdida. Nada. Su olor tampoco estaba. Me encontré con su móvil apagado y con la cabeza a punto de explotar. No entendía qué podría haber pasado. Por qué alguien que te quiere desaparecería de la faz de la tierra sin dejar rastro, sin explicaciones ni motivos.

Creí volverme loca, me eché a la calle a buscarla como una desesperada, fui a su trabajo, pregunté a su familia, a sus amigos, a gente común, restándole la mayor importancia posible, para no preocupar a nadie. Estuve paranoica días, semanas, haciéndome preguntas, remontándome a hechos que pudieron desencadenar su decisión, pero no tenía respuestas. Opté por echarme la culpa de todo. Estaba pasando un mal momento, la empresa en la que trabajaba y que tantas alegrías me había dado decidió sacrificar a casi la mitad de la plantilla y a mí me tocó irme con una mano delante, otra detrás y con mis sueños profesionales esparcidos por la calle. Podría ser que se me hubiera endurecido el carácter, podría ser que estaba más fría, más distante. Podría ser que pagara mi vacío y confusión con ella, que no estaba como antes, que me pesara y me importara más mi estabilidad laboral que la sentimental. Pero, ¿tan mal lo había hecho? ¿tanto como para que mi pareja me abandonara de la noche a la mañana sin mediar palabra?

Anduve tiempo atormentada, asumiendo mi responsabilidad y echándome en cara cada día y cada noche lo mal que había hecho las cosas. La mayor parte del tiempo me desahogaba con mi compañera de piso y amiga de toda la vida con la que convivíamos, que pacientemente me escuchaba y soportaba mis llantos de niña pequeña perdida. Pero ni siquiera ella, que compartía nuestra vida en primera persona, entendía nada y apenas podía aliviarme. Dime, ¿tú qué has visto? ¿qué he hecho? ¿por qué? ¿tan perra he sido? - le preguntaba insistentemente a pesar de sus continuos silencios. Tal vez he estado más en mi mundo que en el nuestro y no la cuidé lo suficiente, tal vez se sintió sola y se acercó a ti, tal vez me puse más celosa de la cuenta cuando os veía tan cerca - le confesé de una vez por todas lo que llevaba tragando desde hacía tiempo. Pero mi amiga de toda la vida enmudecía una y otra vez.

Después de un período de incertidumbre agónico, conseguí localizarla. Al parecer, yo era la única idiota desinformada del mundo, nadie tuvo los cojones de explicarme nunca nada, de darme una sola razón. Daba señales de vida cada tanto, por supuesto no quería verme, no cogía el teléfono ni me abría la puerta de su nueva casa. Mi grado sumo de demencia no fue suficiente para que quisiera hablar conmigo. La locura me acompañó durante meses, lo recuerdo como de lo más amargo que he padecido en mi vida. Mi tortura no era el dolor de su deserción sino la angustia de la duda.

Me aislé del mundo y me pasaba los días encerrada entre las paredes de mi habitación buscando la manera de recuperarla. Agoté todos los recursos posibles, todo lo que pude hacer lo hice pero entendí que ya no dependía de mí. Entendí también que no valían las súplicas ni los llantos ni las preguntas ni las demostraciones de amor, así que me resigné a asumir y comprender que la había perdido y que su felicidad no estaba conmigo. Por eso dejé que se marchara.

Me encontré dando tumbos y reconduciendo mi vida a base de mentiras y falsas ilusiones. Mi nuevo trabajo me agotaba y en casa no encontraba paz, me había distanciado abismalmente de mi amiga de toda la vida. Había perdido el sentido de la realidad, me echaba la culpa de todo hiciera lo que hiciera, no distinguía qué estaba bien ó mal, vivía en un estado de enajenación mental permanente.

Meses después de todo aquéllo, cuando medio levantaba la cabeza y empezaba otra vez a respirar, me encontré con otra sorpresa: también de la noche a la mañana y tampoco sin mediar explicación alguna, mi amiga de toda la vida se había marchado de casa. Estaba tan agotada que ni siquiera la busqué. Pasé noches tratando de limpiar mi conciencia por unas cosas y por otras, pero, con el tiempo, cuando recuperé la cordura, me di cuenta de que yo no había tenido nada que ver en ninguno de los dos abandonos.

Pasaron los años y ambas volvieron a buscarme, la primera pidiéndome perdón hasta la saciedad por todo lo que me había hecho pasar. La segunda simplemente volvió y recuperamos la amistad con esfuerzo y muchas cañas, con noches de juerga y complicidad, llegando a nuestro punto de partida, como si nada hubiera pasado. En todos estos años ninguna de las dos ha querido remover aquel episodio, obviando los hechos como si jamás hubieran tenido lugar. Jamás conseguí encajar las piezas del puzzle, pero ya me daba igual. Rescaté lo mejor de cada una y eso era lo único que me importaba.

Hace unos días, tomándonos tranquilamente una cerveza, mi ex tuvo la gentileza de regalarme la última pieza de mi puzzle. Las explicaciones, los motivos, aunque ya no tuvieran sentido. Todo encajaba. Siete años después, pero por fin, todo encajaba. Y suspiré, y me sentí liberada, a pesar de notar cómo dos puñales me atravesaban el alma durante diez segundos. Pero fueron diez, ni uno más, porque el tiempo, qué sabio refrán, lo cura todo. Se acabaron las preguntas, se acabó la culpa, se acabó el dolor dormido. Caso cerrado. Y volver a empezar sin mirar atrás.

Durante ese silencio interminable de diez segundos, un tipo argentino se acercó a nuestra mesa y entonó unos acordes de guitarra que me hicieron volver a la realidad, a la de hoy... y caí, y me removió, y lloré, no por un pasado malogrado y esquizofrénico, sino por un presente incierto, borroso, titubeante y casi tan amargo como el ayer.

Porque no hay ceguera peor que no querer mirar...

(No podían ser otros acordes...)

viernes, 13 de agosto de 2010

NO PIENSO, LUEGO INTENTO EXISTIR

Uff, viernes 13. 13, qué número más feo, más raro, más... particular.

Me decía una Amiga: "No pienses, no pienses en nada que pueda hacerte daño". Y yo le hice un poco de caso, a pesar de ser el consejo más sabio y absurdo que había escuchado nunca. Sabio porque no pensar es que lo único que puede evitar el dolor, absurdo porque es imposible conseguirlo.

Y como últimamente ni pienso, ni siento ni padezco me dejo llevar a preguntas y respondo, también sin pensar:

01) ¿Tienes un diario?
No especialmente. Tengo mil notas en papeles sueltos, en servilletas, en el móvil, en el ordenador, en la memoria… y este blog, que no es un diario sino una terapia.

02) ¿Crees en el amor?
Coñazo pregunta, está en todas partes. Que noooooooooooooooo, coooooño yaaaa!!!

03) ¿Sabes cocinar?
Poca cosa, algo he aprendido últimamente. Para cocinar estará mi pareja, ah no, que no creo en el amor. Pues nada, seguiré a base de latitas, pasta y comida basura.

04) ¿Te quieres casar?
Pero para casarme se supone que debería creer en el amor, ¿no? Pues no, ni me lo planteo, no es algo que me haga especial ilusión, pero nunca digas nunca.

05) ¿Te gustan las tormentas?
Mucho!! Y empaparme también me encanta (en la calle, bajo la lluvia, se entiende)

06) ¿Podrías comer un gusano?
Ahora menos, pero antes me hartaba de comer gusanos blanditos de colores, rojos con rayas verdes, azules con lunares amarillos… pero lo que más me gusta son los gusanitos!!

07) ¿Te consideras pijo/a?
Más bien me considero estupenda y divina de la vida y de la muerte. Oseadeverdadtelojuro, qué pregunta más patética, por dios y por la virgen!

08) ¿Perdonarías una infidelidad?
Ojú, y dale. Uno nunca sabe cómo va a reaccionar hasta que no se enfrenta a una situación concreta. En este caso, dependería de muchísimas variables. Aunque por experiencia sí sé que podría perdonarla, pero depende de cada caso, lógicamente.

09) ¿Aprendiste a montar en bicicleta?
Pues claro, cuando era una enana. Y a montar en avión también, y nadie me enseñó.

10) ¿Te has quedado dormido en público?
Lo raro es no quedarme dormida… en clase, en el trabajo, en el metro, en la biblioteca, en trenes, aviones y barcos. Y en la bici también. En todas partes menos en la cama.

11) ¿Te atreves a cantar en un karaoke?
Dame un micrófono y conquistaré el mundo. Y dame también un par de cervezas, para calentar la voz y tal. Me encanta hacer el ridículo, y si es cantando a voz en grito, mejor.

12) ¿Podrías ser vegetariano?
Uff, lo dudo, aunque es acostumbrarse, como todo en esta vida. Soy demasiado de carne (y de pescado, obviamente)

13) ¿Te has pasado una noche bailando sin parar?
Como un pato mareado, pero sí, muchas.

14) ¿Has perdido alguna vez tus llaves?
No. Es lo que tiene tener TOC (trastorno obsesivo compulsivo). Antes de cerrar la puerta puedo llegar a mirar cinco o seis veces si llevo las llaves, aunque las tenga en la mano. Pierdo la cabeza constantemente, pero eso de quedarme fuera de casa, llamar al cerrajero, esperar tal y cual, como que me da pereza.

15) ¿Eres de los que les gusta la coca-cola?
No me gusta, más bien soy un poco bastante adicta.

16) ¿Tienes carné de conducir?
Tengo casi treinta años ¿?, hombre por favor! Me he tirado el último medio año viajando por los mundos de Dios sin carnet, hasta que el otro día pensé que renovarlo sería una buena idea.

17) ¿Te gustaría saber el día de tu muerte?
Hmmm, pues nunca lo había pensado… puede que sí, para vivir más intensamente todavía, valorando cada segundo de la vida, para dejar de sobrevivir y de perder el tiempo, que es oro.

18) ¿Has subido a un helicóptero?
Sí, en el de la Isla de los Famosos. Me tiré justo después de la Trapote, caí a dos centímetros de ella y casi se queda en el fondo del mar matarile rile rile. Y también me he subido en globo y en bici.

19) ¿Podrías matar a alguien?
En plena enajenación mental transitoria, todo el mundo podría matar, estoy segura.

20) ¿Aprendiste a nadar?
Nací nadando y luego fui campeona de Andalucía y casi de España. Un partidazo, vamos.

21) ¿Te gustaría tener un pene o unos pechos más grande/s?
¿¿Perdón?? Pene no tengo de momento, ni ganas. Pechos… estoy bien servida, gracias.

22) ¿Roncas?
Ronco como una mula, mantengo monólogos, me peleo con el mundo… pero cualquiera que se mete en mi cama ronca mucho más que yo. Qué sería de mí sin mis tapones…

23) ¿Lloraste con Titanic?
Yo lloro hasta con Gran Hermano, así que imagínate.

24) ¿Te has emborrachado alguna vez?
Nooooooooooo, qué vaaaaaaaaaaaaa.

25) ¿Olvidaste el cumpleaños de alguien querido?
Jamás. Es lo que tiene no tener memoria de pez, que hasta de los cumpleaños de algunos alguienes no queridos también me acuerdo.

26) ¿Te has quedado en blanco en un examen?
Uys, pues cuarenta mil veces. Sobre todo cuando he ido a un examen sin haber tocado un libro, oye, que no se me venía nada a la cabeza, fíjate. Los misterios de la vida…

27) ¿Has viajado en barco?
Muchas veces, de mi ciudad a mi capital, de un país a otro, en el de Chanquete… Y en bici también.

28) ¿Has dado o recibido una patada en los huevos?
Recibir… va a ser que no. Dar… hace muchos años, a mi hermano, en plena pelea fraternal a muerte. Jamás podré olvidar aquella bronca de mis padres.

29) ¿Te han robado la cartera?
Sí, una vez. En la parada de metro Diego de León (Madrid), menos mal que no me di ni cuenta. Iba de camino al hospital La Princesa a ponerme un holter para medirme la tensión y claro, exploté la maquinita de los nervios que tenía encima. Bueno, llevaba un euro y pico, vaaaaaaaale, tampoco era para tanto...

30) ¿Has pasado una noche en un calabozo?
No, pero he pasado noches metida en una cárcel de indiferencia, que es peor.

31) ¿Te has desmayado alguna vez?
Alguna vez. La última recuerdo que fue una mañana en plena calle, después de trabajar toda la noche y tras hartarme de comer mierdas varias. Un corte de digestión, me dijeron los del SAMUR… Ah! Y con 17 añitos, que me bebí media botella de whisky a palo seco como los borrachos, aysss, nunca más!

32) ¿Te fuiste sin pagar en algún bar o restaurante?
Soy una mujer honrada, aunque sí que es verdad que cuando he vivido en el extranjero me llevaba algunas cosillas de las tiendas (tipo ropa, libros…) o metía tres plátanos en la bolsa, los pesaba, sacaba el ticket y luego metía cinco más. Entre otros truquitos…

33) ¿Has escrito cartas de amor?
Incontables. Soy asquerosamente repugnante para esas cosas. Una que lo da todo, qué le vamos a hacer.

34) ¿Pagarías por sexo?
Insisto, nunca digas nunca, pero de momento no he tenido esa necesidad. Aunque a lo mejor pagaría por… síiiii! Por Marta!!!

35) ¿Morirías por amor?
Una y otra vez. Es la aventura más apasionante de esta vida.

Y entre unas cosas y otras, se me ha venido a la cabeza un vídeo con el que me reí un montón en su momento, y que hoy he vuelto a rescatar:

martes, 10 de agosto de 2010

REGISTRO DE LA VIDA ( I )

Esto sería, en el lenguaje de los psicólogos, un registro. Hay millones de tipos de registros. En éste, en concreto, el profesional escoge, tras varias y variadas conversaciones, una serie de palabras y personas de manera aleatoria que han salido a la palestra a lo largo de los diálogos, las formula en voz alta y el paciente, con la mayor precisión posible deberá decir lo primero que se le pasa por la cabeza. De esta manera, se busca reflejar y medir, entre otras cosas, la asociación irreal que el paciente realiza sobre el significado real y objetivo de las palabras, así como el estado anímico del paciente inestable (o sea, yo en estos momentos), ya que, según los estudios de no sé qué, las respuestas varían considerablemente en el tiempo, pudiendo apreciarse la evolución positiva o negativa de su equilibrio emocional.

Aunque ya sé que mi estabilidad emocional hoy día brilla por su ausencia (me remito a mis respuestas catastróficas) quién sabe si en un par de semanas conseguiré resolver el test con contestaciones completamente adversas.

Aunque pueda parecerlo, las respuestas carecen de ironía.

PALABRAS (por estricto orden alfabético)

AGENDA: hay cosas que no se deberían anotar

AGENDA: ah, de contactos. Parches de los que hay que tirar de vez en cuando para respirar un rato

ALMA: a veces desearía no tenerla

AMANTE: yo soy esa, las actrices secundarias son las peores pagadas

AMANTE: bandida y fiel

AMANTE: ¿otra vez? No puedo opinarme, sí sé que lo doy todo

AMIGOS: desafortunado en amores, afortunado en amigos

AMOR: el peor invento del hombre y de los directores de cine

ANDALUCÍA: mi futuro, mi sitio

ANSIEDAD: por las nubes

APUNTES: Sin tocar, mañana empiezo ¿?¿?

ARMARIO: entreabierto. Si es empotrado y con perchas, mejor.

ARREPENTIMIENTO: jamás de los jamases. Prefiero estamparme que quedarme de brazos cruzados

AUTOESTIMA: ¿auto qué?

AVIÓN: donde más lejos me lleve, mejor

BIBLIOTECA: mañana, mañana. Gran sitio para estudiar y ‘observar` el ambiente

BLOG: terapia. Decepción y alegría

CAMA: se hace grande. Mirando a la pared, ¿estoy castigada?

CÁMARA: a todas partes, hay que retratar cada segundo de la vida

CERVEZA: demasiada últimamente

CONCIENCIA: en paz, buff, qué alivio

CORAZÓN: partío, por imbécil

CORNUDA: y apaleada, ¡no quepo por la puerta!

CUERNOS: para los que no saben amar con el alma, para fracasados y cobardes

DEFECTO: incontables

DEPORTE: energía, vida

DESEO: estar bien

DESAMOR: la consecuencia de creer en el amor

DINERO: el necesario. El estatus de los pobres de espíritu

DIOS: ¿te vienes a dar un paseo conmigo?

DOLOR: aprender, crecer, aprender, crecer y así, sucesivamente

DOS: imposible, imperfección que creemos perfecta

EGOÍSMO: Plaga que ha invadido la tierra y que jamás podrá fumigarse. “Aquel sujeto que se empeña en hablarte de sí mismo cuando tú te estás muriendo de ganas de hablarle de ti” (Jean Cocteau).

ENAMORADA: de mí, próximamente. Y de Marta Etura, claro

ENGAÑO: nada es tan difícil como no engañarse a sí mismo

ESPAÑA: a muerte

ESPERANZA: no siempre es útil. Quien espera, desespera. Bienaventurado el que nada espera, porque nunca sufrirá desengaños

ESTABILIDAD: para los que quieren bien y para los que no saben querer sin depender

ESTADO ACTUAL: vaciándome para llenarme (tristeza), trepando paredes (ansiedad), me cago en tó lo que se menea (rabia, frustración)

ESTRELLAS: en Madrid hay dos o tres

EX: divinas algunas, zorras pocas

FAMILIA: lo mejor de mi vida, a pesar de todo

FIDELIDAD: valor extinguido. Ahora nos lo perdonamos todo, aquí paz y después gloria. Ole ole, qué bonito es el amor

FRASE: Más vale malo conocido que bueno por conocer... válgame Dios

HUIR: a veces los que huyen son los más valientes

ILUSIÓN: cero patatero

INFIEL: sólo cuando algo no va bien o cuando se interponga una causa de fuerza mayor espiritual

INSOMNIO: compañero fiel, qué guapo es

ISLA DESIERTA: ¿dónde hay que firmar?

JUSTICIA: lo mismo en el cielo o en otro planeta no pagan justos por pecadores

LIBRO: uno fácil que consiga distraerme la mente

LUNA: bajando... y me niego a bajarla más

LUZ: para el alma siempre

LLUVIA: hay que llorarlo todo para empezar a dejar de hacerlo

MADRID: últimos coletazos

MAR: cuanto menos lo vea, menos lo echaré de menos

MEMORIA: la memoria es el talento de los tontos… quisiera ser un pez

MENTIRA: hasta luego, Lucas

MISTERIO: mi carta de presentación. Funciona

MONTAÑA: refugio

MÓVIL: que se me pierda, me lo roben o se lo trague el wc

MUERTE: mejor mañana

MÚSICA: ahora no necesito trasportarme al más allá

NUUK: evolución. Agradecida. Le he cogido cariño, me costará deshacerme de ella

OLOR: el mío, claro

OSCURIDAD: imprescindible a veces, asfixiante otras

PACIENCIA: virtud más preciada y que más he fomentado con el paso de los años

PAREJA: en otra vida, quizás

PASAPORTE: quiero más sellos

PASTILLAS: las necesarias, no me queda más remedio

PAZ: siempre corre por delante

PELÍCULA: cualquiera que no me haga llorar

PLUMA: ¿estilográfica? Me gusta la que tengo, ni más, ni menos

PORTÁTIL: dos. Los regalo. O que se los trague el wc también

PRÓXIMO VIAJE: pronto, al más allá

PRIORIDAD ACTUAL: yo, yo y yo. Quererme, valorarme y hacerme respetar

PRUDENCIA: perdiéndola... con el tiempo te das cuenta de que sólo sirve para darte cabezazos contra la pared

PSICÓLOGOS: yo misma, sin tener el título. A veces ayudan, otras arruinan

SEXO: el 90% de las mujeres no saben hacer el amor. Y me quedo corta

SOL: muy bonito, pero con esta piel tan sensible, cuanto menos, mejor

SOLEDAD: mejor sola que mal acompañada. Amiga en los buenos momentos y enemiga en los malos

SUERTE: en todo menos en el amor. Sobrevivo gracias a mi fuerza interior

TIEMPO: que vuele

TRABAJO: lo que menos me preocupa ahora, cómo cambia la vida de un día para otro

TRAICIÓN: si te he visto, no me acuerdo. Se acabó lo que se daba

TRES: multitud, problemas y dolor

TRÍO: sólo si es con Marta Etura y Conchita

ÚLTIMA: asquerosamente fría

ÚLTIMA VEZ: asquerosamente frío

ÚLTIMO VIAJE: ayer

UNIVERSIDAD: los mejores años de mi vida

UNO: Unno suena a bragas. Si me adorara, el estado perfecto

VALENTÍA: Nuuk. ¿Qué sería la vida si no tuviéramos el valor de intentar algo?

VERDAD: la verdad os hará libres (Juan 8, 32). Siempre con la verdad por delante. Como me dijo Nietzsche el otro día: Es desconsolador pensar cuánta gente se asombra de la honradez y qué pocos se escandalizan por el engaño

VIAJAR: mi mejor terapia

VÍCTIMA: le dijo el mudo al sordo. Mierda pa ti.

VIDA: estancada

VIRTUD: mi entrega

YO: no sé quién soy


CONTINUARÁ...

"Comprenderás que a estas alturas de la película cada vez me cueste más captar y entender las cosas... otro beso"

domingo, 1 de agosto de 2010

SIN TÍTULO

Qué duele más, ¿hacer daño o que te lo hagan?

Hacer daño a una persona que quieres duele, y de qué manera. Pero es un dolor pasajero, suave, sin agobios ni ahogos. Es un duelo efímero porque nadie vive pensando en la agonía de los demás sino en la tranquilidad de uno mismo. Pasa pronto porque no puedes hacer nada, salvo limpiar un rato la conciencia a costa de convencerte de que la vida es así y que la intención de no herir conscientemente es lo que cuenta. El mundo no se acaba y no hay que empezar de cero sino continuar por donde lo habías dejado.

Que te hagan daño duele más. Es un dolor prolongado en el tiempo, que mata, que te aprisiona el alma y no te deja respirar. Es un duelo que te hace llorar constantemente, en el que las preguntas se quedan sin respuesta y la ansiedad merma las ganas de avanzar. Es un duelo largo en el que no puedes despojarte de los buenos recuerdos que no ayudan sino que agudizan la agonía. Es esperar que la vida dé mil vueltas aún sabiendo que no cambiará nada. Es perder la esperanza y la fuerza para levantarte de la cama. Es quedarte sin cartas con las que jugar porque ya agotaste todos los recursos. Es un dolor que atraviesa el corazón y lo destroza en mil pedazos. Es ira, impotencia, rabia, odio. Es una desazón que te invita a caerte y tocar fondo para obligarte a salir a flote. Es apagarte en silencio, perderte en silencio, desaparecer para reaparecer, es terminar muerta para empezar a sobrevivir y tratar de mantenerte viva, otra vez.


"Cuántas excusas me inventé para no quererte
cuántas verdades te conté para retenerte.
Te esperé cada vez que te ibas
te lloré en silencio por si no volvías
te pedí en sueños lo que nunca podrías darme
me convertí en Dios para que no me intuyeras en el infierno.
Te salvaría cada día
te daría 365 primaveras
te empecé a querer así, te querría siempre así
me partiría en dos para darte la mitad de mi fuerza
vendería eternamente mi sonrisa por la tuya
canjearía tu felicidad por la mía.

Pero te vas
y este dolor me escuece tanto que me deja sin alma
escuece porque te vas para no volver
porque a ratos olvidé que no eras mía.
Creí que vendrías
que te quedarías
hoy o dentro de mil años, pero que te quedarías
y despertaríamos juntas en todos los lugares de la tierra
hasta en los que no existen.

Y te vas
y ni siquiera te das la vuelta para mirarme y decirme adiós
te vas y maldigo mi prudencia
y tengo pesadillas cuando sueño con tu cuerpo
a dos centímetros, a años luz.
Y no puedo respirar
y me tiro al suelo, que es donde estoy aunque trate de mantenerme en pie
y brota el dolor
y hablo sola
y grito sola
y me desespero sola
y deseo morir para resucitar
y no te echo de menos, pero me muero por verte
y repetirte las cosas que siempre te dije
hasta quedarme sin voz
por si volvieras.

Y me invento motivos para que vuelvas
y te entrego todo lo que soy, para que no me olvides
y bebo porque no sé estar sobria sin pensarte
sin añorarte, sin amarte
y apago el teléfono, y lo enciendo, y lo apago, y lo enciendo
por si tuviera una palabra tuya
que reviviera a mi cuerpo
porque dejé morir a mi alma.
Y quiero volverme loca
para recuperar la cordura
y quiero perderme
para encontrarme
sin encontrarte
sólo para encontrarme.

Aunque ya no cante canciones
te cantaría todas las de amor que existen
te mandaría flores cada semana
te cambiaría las sábanas cada día
te daría todo sin pedirte nada
te borraría los malos ratos
te construiría otro mundo
te arroparía cada noche de invierno
gastaría todos los te quiero que me quedaran en vida
porque todos serían para ti.
Me inventaría palabras de amor
para que nunca olvidaras quién te las escribió.
Iría donde tú fueras
cogería un avión sin maleta y sin billete de vuelta
donde tú fueras.

Qué cosas tiene el amor, ¿verdad?
yo te quiero, tú me quieres
yo te amo, pero tú…
aunque una vez me lo dijeras
y dos, y tres, y más
pero no era real
y ahora no sabes cómo decirme que no, que te confundiste.
Tal vez no seas mía porque no me merezcas
puede que tengas lo que mereces, que es mucho menos de lo que yo merezco
seguramente no seas nada especial
otra más, del montón, igual al resto.

Pero mira, ahora tengo tu olor pegado a mi piel
aunque haga siglos que no te vea.
Cómo borrarte, cómo enterrarte
si por más que trato de olvidarte sólo puedo pensarte
y recordarte
y quererte
y seguirte amando".

"tú empeñada en que querías ser feliz, y yo sentir..."