viernes, 28 de mayo de 2010

JET LAG

Aquí estamos. Cuánto tiempo. El que me falta para tener más y el que me sobra para olvidar menos. No puedo doblar los minutos por más relojes que compre ni tirar a la basura los que se me hacen eternos. Creo que en algún momento me quedé sin palabras y sustituí la voz por el alma. Tal vez me haya convertido en alguien que sólo sabe contar cosas en silencio y cerrar los ojos mientras observa el mundo a su alrededor. Va a ser que este retiro espiritual me ha dejado más pallá que pacá, pero qué bueno ha sido desconectar y sobrevolar otros paisajes sin móviles ni cables varios, sin más necesidad que la de estar conmigo, redescubriéndome, sin anhelos ni mayor pretensión que reconocerme y sincerarme y saber a ciencia cierta, a pesar de las incertidumbres, que la vida puede ser maravillosa y que no hay que saltar demasiado para tocar el cielo sin más ayuda que la que nos revela el corazón.

El aterrizaje forzoso es lo más duro. No hay ganas de encender el ordenador ni de contestar las llamadas y los mensajes. Al otro lado no hay ruidos ni miedos sino una paz indescriptible. El despertador no molesta sino alegra, los días no pesan sino alivian, las noches en soledad no enfrían sino abrigan. Pero si antes el tiempo volaba y se descontrolaba ahora puedo adivinar cada minuto y las escenas se suceden con una previsibilidad que asusta. Apenas llevo una semana en Madrid y no he hecho otra cosa que estudiar, trabajar y dormir. Sota, caballo y rey, el trío más incompatible de la historia. El jet lag me mantiene totalmente desubicada, me aferro a la inercia como un clavo ardiendo pero ir por la vida en plan autómata nunca fue mi fuerte y sufro, sufro porque los jarros de agua congelada no hacen sino acercarme más al dolor. Dónde se comprará la frialdad...

Mañana acabo esta maldita y eterna semana jugando otra partida de ajedrez con mi psicóloga, estamos como para pagar cafelitos insípidos a sesenta euros y olé, al menos espero tener más ojo que otras veces, visualizar sus movimientos y adelantarme antes del toque de queda; es lo que tiene ser lentita, que cuando quieres reaccionar siempre es tarde. Y como ahora odio los fines de semana más que nunca (es lo que tiene encerrarse más de doce horas al día en una biblioteca) deseando estoy que sea lunes para... para... no sé.. para que me suene el otro despertador, el que molesta, o sea, para nada.

Nada, aquí, a verlas venir.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

HOLAAAA!!! Q bueno volver a leerte! En serio, se te extrañaba mucho y bueno ahora a tirar para adelante eh.

Un saludo,

B

Lorena Chavarría dijo...

feliz de volver a leerte, vamos que con fuerza todo es posible

Anónimo dijo...

Nuukita!! que no se diga!! Parriba eh? Fuerza y paciencia!

iTxaro dijo...

La desconexión también es buena, te hace verte más cerca, ahora reconectate pero hacia adelante

un achuchón

simplemente yo dijo...

Bueno pero no te ha durado nada la buena sintonia de la desconexión.. Ánimo y date tiempo para acostumbrarte. Besos