miércoles, 30 de junio de 2010

EL MÉTODO

Me contaba una amiga la ilusión que le haría que le fueran a buscar a los aeropuertos y estaciones varias con un ramo de rosas rojas. Esta escena, que aparentemente puede parecer tan idílica y romántica, a mí me resultó una auténtica tortura.

Tras recoger la maleta y traspasar la puerta de salida donde todos aguardan en primera fila con cara de idiotas la llegada de sus seres queridos, me topé con ella de frente, también en primera fila con su cara de idiota, esperándome emocionada con un ramo de rosas igual al número de meses que llevábamos juntas. En ese momento, descubrí que lo nuestro había terminado. Justo en ese preciso instante, me di cuenta de que no la quería y que, por tanto, ya no la iba a querer.

Fue doloroso ir desgranando tantos sentimientos encontrados. Durante aquellas vacaciones, a pesar de haberla tenido lejos, había sentido su presencia a cada momento. Siempre hablaba de ella con una sonrisa en la cara. Estaba ilusionada. No es que se me fuera la vida en la relación, no era la típica historia de amor en la que yo me deshacía y me entregaba y la amaba y hacía locuras y le bajaba cada noche una estrella del cielo, no, pero me daba estabilidad, que era justo lo que yo necesitaba en ese momento, estar tranquila.

Durante el vuelo de vuelta sólo pensaba en las ganas que tenía de no dejar de abrazarla. Y qué cosas tiene el destino, o lo que sea, que nada más verla tragué saliva y me pregunté "qué coño hace esta tía aquí y qué cojones hago yo con ella". Puede sonar cruel, para mí también lo sigue siendo. Aún hoy me pregunto qué clase de mecanismo se activó en mi cabeza para cambiar el chip de esa manera tan radical y pasar de quererla a rechazarla en menos de un segundo. Me mostré más fría de lo habitual, desgraciadamente no se me dan bien los papelones de telenovela venezolana y no pude disimular mi total inexpresividad mientras ella me abrazaba llorando y diciéndome cuánto me había echado de menos. Quise salir corriendo, hubiera cogido otro avión donde fuera con tal de haber desaparecido de allí.

Anduve unos días confusa, haciéndome un millón de preguntas, pero siempre llegaba a la misma conclusión: sentía que la fecha de caducidad estaba al caer y que la decisión no sólo estaba tomada sino que además era inminente. Agoté todos los recursos, me esforcé, intenté por todos los medios ´volver a sentir´, sobreactué, me hice la tonta y traté de engañarme sin fruto alguno. Me la llevé de fin de semana, tal vez en plena desconexión del medio mi cabeza se recompondría, se ordenaría y todo volvía a ser como antes... pero no. No soportaba siquiera que me mirara, sentía asco si me tocaba. Así de triste. Diez días después de mi entrada triunfal en el aeropuerto de Barajas y del puñetero ramo de rosas rojas le dije que no podía/quería seguir con ella. Sabía que perdía mi tranquilidad y volvería al caos que me había rodeado siempre, renuncié a los cuidados de alguien que sabía quererme bien a cambio de la soledad que tan poca falta me hacía en ese momento, aposté por la honestidad a cambio de perder lo que poquito a poco había construído. Pero no me valía la pena. Y a la larga, a pesar de todo, me reafirmé en mi decisión, contundente y dolorosa, de la que jamás me he arrepentido, pues más que una condena fue un auténtico alivio para mi alma.

Me cuesta creer y me duele que haya tanta, tantísima gente (a veces me incluyo) que viva atada a una situación de seguridad, que se las apañen de cualquier manera para ser ´felices´ asumiendo sin pena ni gloria que podrían serlo mucho más y luchando contra esa idea por una cuestión de comodidad, de estatus, de esquemas o de costumbres. El muro que nos construimos en la cabeza a nuestra imagen y semejanza es lo suficientemente alto y grueso como para no poder atravesarlo y preferimos no subirnos en él y tocar el cielo porque estamos a gusto con lo que somos y tenemos. Y lo peor es que nos lo creemos. Todos o casi todos, en general, somos una panda de cobardes que vivimos limitados por las circunstancias que nos rodean, cuando precisamente esas circunstancias deberían ser la razón de nuestra felicidad. Soy la primera que, en ocasiones, no actúa conforme a lo que siente y que evita las recompensas de enfrentarse y superar el miedo a sufrir, pero intento trabajar en ello, y antes que ponerme una venda en las ojos y hacer como si no pasara nada, me doy la oportunidad de aprender y afrontar ese dolor utilizando estrategias que me ayuden a sobrellevarlo hasta conseguir llegar a la meta. Y sólo cuando me haya dado quinientos cabezazos contra mi propio muro empezaría a plantearme la idea de tomar otros caminos.

En verdad no tenía pensado escribir sobre esto (hoy teníamos temas tan interesantes como que España pasa a octavos, Carbonero hasta con 40 de fiebre está tremenda, la huelga del metro en Madrid...), qué diferentes pueden llegar a ser los principios a los finales... Volviendo al tema, es una pena que casi siempre tenga que dejar en el camino a gente buena, gente que me ha querido de verdad. Lástima que el método "rosas rojas" no me funcione igual para todo el mundo, lástima que tenga ese poder para cerrar capítulos de manera tajante con quienes no se lo merecen y por el contrario me cueste la misma vida aparcar, olvidar, arrancar, sacar, borrar, enterrar y quinientos sinónimos más a quienes me han hecho un poquito más de daño.

No sé si alguna vez me han querido tanto como yo he querido, o si he estado a la misma altura que han estado conmigo. Parece que nunca haya encontrado esa sintonía, esa seguridad de saber a ciencia cierta que no hay miedo cuando dos personas se aman al mismo nivel, por encima de todas las cosas. Sólo en alguna ocasión he podido creer percibir que podría haber sido simplemente perfecto. He dicho que he podido creer, porque nunca se hizo realidad.

14 comentarios:

Lorena Chavarría dijo...

No eres de flores,quizá en ese momento de diste cuenta que es lo que quieres ara tu vida y eso no lo era para la tuya,me encantaría tener esa capacidad para cerrar ciclos que tienes, no sabes cuanto me gustaría.
Pero como se dice por ahí todo pasa por algo que después nos entra la pieza en el puzle y saz todo cuadra.
te entiendo y te apoyo

Un abrazo

Chica < lista dijo...

El señor, éste del video, hace de esta canción que parezca "nueva". Gracias, ya son dos.

DONDEACABALAMENTE dijo...

Siempre he luchado por no vivir en contra de mis sentimientos.No entiendo como hay personas capaces de seguir esas farsas sólo por miedo al salto.Los sentimientos van y vienen,a mi me gustaría encontrar a alguien con quien no se vayan más,pero por el camino no me quedaré con sucedáneos.Tengo amigas y conocidas que viven en las apariencias y la comodidad,sufren mucho pero sólo son capaces de reconocerlo en contadas ocasiones.
Muchos besos

Tantaria dijo...

Siento mucho que no hayas podido AÚN vivir ese amor de igual a igual que buscas y que sin lugar a dudas mereces.

M dijo...

Lástima que lo que más queremos no siempre es lo que más nos conviene. Qué caprichosas que somos.

Anónimo dijo...

Apúntame como una cobarde más …pero no por estatus, ni por comodidad , si no por cansancio!! que es mucho más vergonzoso , porque la derrota es la peor manera de afrontar la vida…
Saludos
Marian

Nuuk dijo...

++ Lorena Chavarría ++ Sí soy de flores, pero no siempre las recibimos de quien queremos.. suele pasar que casi siempre queda alguna pieza por encajar.. gracias por tu apoyo, un besazo.

++ Chica < lista ++ Gracias a ti por ser tan lista, espero poder empaparme siempre de tus lecciones magistrales.. un abrazo fuerte.

++ DONDEACABALAMENTE ++ Serás de las poquitas que vivas guiándote por los sentimientos.. conserva esa virtud porque es de lo poco que no nos podrán arrebatar, y nunca pierdas esa manera de ver la vida. Un beso.

++ Tontaria ++ Más lo siento yo, pero qué coño, la esperanza es lo último que se pierde y hay mucha gente buena por el mundo.. (espero). Un besazo.

++ M ++ Los caprichosos sólo aspirarán a sus caprichos, y eso queda muy lejos de la plenitud personal y emocional que algunos nos empeñamos en encontrar. Besos.

++ Marian ++ Los cobardes por cansancio siempre están a tiempo de renovar fuerzas y seguir luchando como valientes, el resto de cobardes.. esos sí que no merecen la pena. Un abrazo.

dyta dijo...

"Quienes son capaces de renunciar a la libertad esencial a cambio de una
pequeña seguridad transitoria, no son merecedores ni de la libertad ni
de la seguridad"

Completamente de acuerdo con lo que has dicho, lástima que no todo el mundo lo quiera entender, y sobretodo, aceptar.

Un saludo!

Nuuk dijo...

++ dyta ++ Qué gran frase, te la robo! A estas alturas de la vida, que cada uno haga lo que le dé la gana, siempre y cuando no hagan daño a nadie. Un beso.

Ter_Cera dijo...

El amor es un juego en el que casi siempre se reparte mal la baraja... pero en el que siempre se puede pedir otra mano de cartas...
Bonito post.
Un saludo

iTxaro dijo...

pero es duro reconocer que tan solo es seguridad. Y aún más duro enfrentarse a un futuro incierto (aunque te pueda llegar la felicidad)
Así que a ser valientes ( me lo aplico)

neko dijo...

Eres valiente, admiro esa manera que tienes de seguir adelante y tomar tu propio camino sin sentirte arrastrada por nadie.

Todos deberíamos aprender a perder ese miedo a la vida, a la soledad y a los cambios, muchas veces las ataduras y las complicaciones no son tan grandes en realidad como lo son en nuestra propia cabeza.

Nuuk dijo...

++ Ter_Cera ++ Gracias. Esto es como el mus, o te entra una racha buena o estás condenado a jugar con pitos. Pero qué difícil pedir otra mano de cartas como si nada.. un besazo.

++ iTxaro ++ ahí le has dao. Seguridad del presente vs Futuro incierto. Los cobardes siempre ganan, desgraciadamente. Un abrazo.

++ neko ++ Gracias por tus palabras. Cierto, las películas que nos montamos en la cabeza son muy diferentes a la realidad, pero no es más que una manera de proteger lo que creemos tener y querer. Un beso.

simplemente yo dijo...

No sé entiendo el sentido de tu post y es absurdo y cobarde quedarte con algo que no quieres. ¿Pero cómo pudiste cambiar así de repente de sentimientos? No sé, se me hace raro, y supongo que aunque para ti fue duro, para ella tuvo que ser terrible. Pero sí que hiciste lo correcto diciendoselo. Besoss