sábado, 28 de agosto de 2010

SILENCIO

"A veces callo porque no me salen las palabras. A veces callo porque no quiero romper ese hilo tan fino que separa la armonía de la discordia, porque cruzar al otro lado se me vuelve un abismo en el que no percibo la realidad. Me empeño en hacerte señales de humo para que escuches lo que quiero decirte sin abrir la boca. A veces te cuento por qué este silencio, pero otras enmudezco porque tengo un nudo en la garganta y no quiero cruzar esa línea frágil, endeble, que nos une y nos separa, que nos lleva al cielo o al infierno. Siento haber pensado en mí por un momento, siento haber sido egoísta y preocuparme por mi sensibilidad... no sé si tengo la suerte de que me conozcas lo suficiente como para que sepas intuirme y distinguir un mal momento de una falta de respeto o de empatía.

A veces callo porque no sé qué decir y porque no quiero importunarte con mis miedos, porque me pierdo y durante unos segundos no encuentro el camino. Bajo, sin más, y puede que espere a que me subas, aunque sé que no debería esperar nada. A veces no quiero darte explicaciones porque sé que si te las doy darás un paso atrás y sabes que es lo último que necesito. Quisiera ser una máquina que no expresara emociones, que jamás se sintiera mal, que nunca pensara para no provocarte la más mínima preocupación ni un ápice de desconcierto, para que no tuvieras que hacerme preguntas sin respuesta y no desesperarte. A veces creo que la única manera de no disolver el delicado equilibrio que te acerca a mí es callándome y fingir que todo está bien, pero sería mentira, y sabes que de eso sé bien poco.

A veces callo cuando me muero de ganas de decirte que te quiero y que hoy no hice otra cosa que echarte de menos.

Me callo porque no hay un sólo día en que no tenga miedo a perderte.

Son mis silencios.

Ojalá pronunciaras su nombre. Así desaparecería, y con él, todo lo que me aleja de ti".

jueves, 19 de agosto de 2010

MÁS QUE PALABRAS...

Llegué a casa, como cada mañana, después de otra agotadora noche de trabajo. Ella madrugaba y no era raro encontrarme la cama vacía, recién hecha y todavía templada, lista para mi letargo. Pero ese día  noté la habitación más desierta, como fría, ausente. Eché un vistazo rápido y me di cuenta que faltaban cosas, fotos en la pared, objetos encima de la mesa, ropa en la silla... y desorientada, en un impulso autómata, abrí su armario de par en par y me di de bruces con lo que intuía segundos antes: se había marchado. No había notas, ni sms, ni media llamada perdida. Nada. Su olor tampoco estaba. Me encontré con su móvil apagado y con la cabeza a punto de explotar. No entendía qué podría haber pasado. Por qué alguien que te quiere desaparecería de la faz de la tierra sin dejar rastro, sin explicaciones ni motivos.

Creí volverme loca, me eché a la calle a buscarla como una desesperada, fui a su trabajo, pregunté a su familia, a sus amigos, a gente común, restándole la mayor importancia posible, para no preocupar a nadie. Estuve paranoica días, semanas, haciéndome preguntas, remontándome a hechos que pudieron desencadenar su decisión, pero no tenía respuestas. Opté por echarme la culpa de todo. Estaba pasando un mal momento, la empresa en la que trabajaba y que tantas alegrías me había dado decidió sacrificar a casi la mitad de la plantilla y a mí me tocó irme con una mano delante, otra detrás y con mis sueños profesionales esparcidos por la calle. Podría ser que se me hubiera endurecido el carácter, podría ser que estaba más fría, más distante. Podría ser que pagara mi vacío y confusión con ella, que no estaba como antes, que me pesara y me importara más mi estabilidad laboral que la sentimental. Pero, ¿tan mal lo había hecho? ¿tanto como para que mi pareja me abandonara de la noche a la mañana sin mediar palabra?

Anduve tiempo atormentada, asumiendo mi responsabilidad y echándome en cara cada día y cada noche lo mal que había hecho las cosas. La mayor parte del tiempo me desahogaba con mi compañera de piso y amiga de toda la vida con la que convivíamos, que pacientemente me escuchaba y soportaba mis llantos de niña pequeña perdida. Pero ni siquiera ella, que compartía nuestra vida en primera persona, entendía nada y apenas podía aliviarme. Dime, ¿tú qué has visto? ¿qué he hecho? ¿por qué? ¿tan perra he sido? - le preguntaba insistentemente a pesar de sus continuos silencios. Tal vez he estado más en mi mundo que en el nuestro y no la cuidé lo suficiente, tal vez se sintió sola y se acercó a ti, tal vez me puse más celosa de la cuenta cuando os veía tan cerca - le confesé de una vez por todas lo que llevaba tragando desde hacía tiempo. Pero mi amiga de toda la vida enmudecía una y otra vez.

Después de un período de incertidumbre agónico, conseguí localizarla. Al parecer, yo era la única idiota desinformada del mundo, nadie tuvo los cojones de explicarme nunca nada, de darme una sola razón. Daba señales de vida cada tanto, por supuesto no quería verme, no cogía el teléfono ni me abría la puerta de su nueva casa. Mi grado sumo de demencia no fue suficiente para que quisiera hablar conmigo. La locura me acompañó durante meses, lo recuerdo como de lo más amargo que he padecido en mi vida. Mi tortura no era el dolor de su deserción sino la angustia de la duda.

Me aislé del mundo y me pasaba los días encerrada entre las paredes de mi habitación buscando la manera de recuperarla. Agoté todos los recursos posibles, todo lo que pude hacer lo hice pero entendí que ya no dependía de mí. Entendí también que no valían las súplicas ni los llantos ni las preguntas ni las demostraciones de amor, así que me resigné a asumir y comprender que la había perdido y que su felicidad no estaba conmigo. Por eso dejé que se marchara.

Me encontré dando tumbos y reconduciendo mi vida a base de mentiras y falsas ilusiones. Mi nuevo trabajo me agotaba y en casa no encontraba paz, me había distanciado abismalmente de mi amiga de toda la vida. Había perdido el sentido de la realidad, me echaba la culpa de todo hiciera lo que hiciera, no distinguía qué estaba bien ó mal, vivía en un estado de enajenación mental permanente.

Meses después de todo aquéllo, cuando medio levantaba la cabeza y empezaba otra vez a respirar, me encontré con otra sorpresa: también de la noche a la mañana y tampoco sin mediar explicación alguna, mi amiga de toda la vida se había marchado de casa. Estaba tan agotada que ni siquiera la busqué. Pasé noches tratando de limpiar mi conciencia por unas cosas y por otras, pero, con el tiempo, cuando recuperé la cordura, me di cuenta de que yo no había tenido nada que ver en ninguno de los dos abandonos.

Pasaron los años y ambas volvieron a buscarme, la primera pidiéndome perdón hasta la saciedad por todo lo que me había hecho pasar. La segunda simplemente volvió y recuperamos la amistad con esfuerzo y muchas cañas, con noches de juerga y complicidad, llegando a nuestro punto de partida, como si nada hubiera pasado. En todos estos años ninguna de las dos ha querido remover aquel episodio, obviando los hechos como si jamás hubieran tenido lugar. Jamás conseguí encajar las piezas del puzzle, pero ya me daba igual. Rescaté lo mejor de cada una y eso era lo único que me importaba.

Hace unos días, tomándonos tranquilamente una cerveza, mi ex tuvo la gentileza de regalarme la última pieza de mi puzzle. Las explicaciones, los motivos, aunque ya no tuvieran sentido. Todo encajaba. Siete años después, pero por fin, todo encajaba. Y suspiré, y me sentí liberada, a pesar de notar cómo dos puñales me atravesaban el alma durante diez segundos. Pero fueron diez, ni uno más, porque el tiempo, qué sabio refrán, lo cura todo. Se acabaron las preguntas, se acabó la culpa, se acabó el dolor dormido. Caso cerrado. Y volver a empezar sin mirar atrás.

Durante ese silencio interminable de diez segundos, un tipo argentino se acercó a nuestra mesa y entonó unos acordes de guitarra que me hicieron volver a la realidad, a la de hoy... y caí, y me removió, y lloré, no por un pasado malogrado y esquizofrénico, sino por un presente incierto, borroso, titubeante y casi tan amargo como el ayer.

Porque no hay ceguera peor que no querer mirar...

(No podían ser otros acordes...)

viernes, 13 de agosto de 2010

NO PIENSO, LUEGO INTENTO EXISTIR

Uff, viernes 13. 13, qué número más feo, más raro, más... particular.

Me decía una Amiga: "No pienses, no pienses en nada que pueda hacerte daño". Y yo le hice un poco de caso, a pesar de ser el consejo más sabio y absurdo que había escuchado nunca. Sabio porque no pensar es que lo único que puede evitar el dolor, absurdo porque es imposible conseguirlo.

Y como últimamente ni pienso, ni siento ni padezco me dejo llevar a preguntas y respondo, también sin pensar:

01) ¿Tienes un diario?
No especialmente. Tengo mil notas en papeles sueltos, en servilletas, en el móvil, en el ordenador, en la memoria… y este blog, que no es un diario sino una terapia.

02) ¿Crees en el amor?
Coñazo pregunta, está en todas partes. Que noooooooooooooooo, coooooño yaaaa!!!

03) ¿Sabes cocinar?
Poca cosa, algo he aprendido últimamente. Para cocinar estará mi pareja, ah no, que no creo en el amor. Pues nada, seguiré a base de latitas, pasta y comida basura.

04) ¿Te quieres casar?
Pero para casarme se supone que debería creer en el amor, ¿no? Pues no, ni me lo planteo, no es algo que me haga especial ilusión, pero nunca digas nunca.

05) ¿Te gustan las tormentas?
Mucho!! Y empaparme también me encanta (en la calle, bajo la lluvia, se entiende)

06) ¿Podrías comer un gusano?
Ahora menos, pero antes me hartaba de comer gusanos blanditos de colores, rojos con rayas verdes, azules con lunares amarillos… pero lo que más me gusta son los gusanitos!!

07) ¿Te consideras pijo/a?
Más bien me considero estupenda y divina de la vida y de la muerte. Oseadeverdadtelojuro, qué pregunta más patética, por dios y por la virgen!

08) ¿Perdonarías una infidelidad?
Ojú, y dale. Uno nunca sabe cómo va a reaccionar hasta que no se enfrenta a una situación concreta. En este caso, dependería de muchísimas variables. Aunque por experiencia sí sé que podría perdonarla, pero depende de cada caso, lógicamente.

09) ¿Aprendiste a montar en bicicleta?
Pues claro, cuando era una enana. Y a montar en avión también, y nadie me enseñó.

10) ¿Te has quedado dormido en público?
Lo raro es no quedarme dormida… en clase, en el trabajo, en el metro, en la biblioteca, en trenes, aviones y barcos. Y en la bici también. En todas partes menos en la cama.

11) ¿Te atreves a cantar en un karaoke?
Dame un micrófono y conquistaré el mundo. Y dame también un par de cervezas, para calentar la voz y tal. Me encanta hacer el ridículo, y si es cantando a voz en grito, mejor.

12) ¿Podrías ser vegetariano?
Uff, lo dudo, aunque es acostumbrarse, como todo en esta vida. Soy demasiado de carne (y de pescado, obviamente)

13) ¿Te has pasado una noche bailando sin parar?
Como un pato mareado, pero sí, muchas.

14) ¿Has perdido alguna vez tus llaves?
No. Es lo que tiene tener TOC (trastorno obsesivo compulsivo). Antes de cerrar la puerta puedo llegar a mirar cinco o seis veces si llevo las llaves, aunque las tenga en la mano. Pierdo la cabeza constantemente, pero eso de quedarme fuera de casa, llamar al cerrajero, esperar tal y cual, como que me da pereza.

15) ¿Eres de los que les gusta la coca-cola?
No me gusta, más bien soy un poco bastante adicta.

16) ¿Tienes carné de conducir?
Tengo casi treinta años ¿?, hombre por favor! Me he tirado el último medio año viajando por los mundos de Dios sin carnet, hasta que el otro día pensé que renovarlo sería una buena idea.

17) ¿Te gustaría saber el día de tu muerte?
Hmmm, pues nunca lo había pensado… puede que sí, para vivir más intensamente todavía, valorando cada segundo de la vida, para dejar de sobrevivir y de perder el tiempo, que es oro.

18) ¿Has subido a un helicóptero?
Sí, en el de la Isla de los Famosos. Me tiré justo después de la Trapote, caí a dos centímetros de ella y casi se queda en el fondo del mar matarile rile rile. Y también me he subido en globo y en bici.

19) ¿Podrías matar a alguien?
En plena enajenación mental transitoria, todo el mundo podría matar, estoy segura.

20) ¿Aprendiste a nadar?
Nací nadando y luego fui campeona de Andalucía y casi de España. Un partidazo, vamos.

21) ¿Te gustaría tener un pene o unos pechos más grande/s?
¿¿Perdón?? Pene no tengo de momento, ni ganas. Pechos… estoy bien servida, gracias.

22) ¿Roncas?
Ronco como una mula, mantengo monólogos, me peleo con el mundo… pero cualquiera que se mete en mi cama ronca mucho más que yo. Qué sería de mí sin mis tapones…

23) ¿Lloraste con Titanic?
Yo lloro hasta con Gran Hermano, así que imagínate.

24) ¿Te has emborrachado alguna vez?
Nooooooooooo, qué vaaaaaaaaaaaaa.

25) ¿Olvidaste el cumpleaños de alguien querido?
Jamás. Es lo que tiene no tener memoria de pez, que hasta de los cumpleaños de algunos alguienes no queridos también me acuerdo.

26) ¿Te has quedado en blanco en un examen?
Uys, pues cuarenta mil veces. Sobre todo cuando he ido a un examen sin haber tocado un libro, oye, que no se me venía nada a la cabeza, fíjate. Los misterios de la vida…

27) ¿Has viajado en barco?
Muchas veces, de mi ciudad a mi capital, de un país a otro, en el de Chanquete… Y en bici también.

28) ¿Has dado o recibido una patada en los huevos?
Recibir… va a ser que no. Dar… hace muchos años, a mi hermano, en plena pelea fraternal a muerte. Jamás podré olvidar aquella bronca de mis padres.

29) ¿Te han robado la cartera?
Sí, una vez. En la parada de metro Diego de León (Madrid), menos mal que no me di ni cuenta. Iba de camino al hospital La Princesa a ponerme un holter para medirme la tensión y claro, exploté la maquinita de los nervios que tenía encima. Bueno, llevaba un euro y pico, vaaaaaaaale, tampoco era para tanto...

30) ¿Has pasado una noche en un calabozo?
No, pero he pasado noches metida en una cárcel de indiferencia, que es peor.

31) ¿Te has desmayado alguna vez?
Alguna vez. La última recuerdo que fue una mañana en plena calle, después de trabajar toda la noche y tras hartarme de comer mierdas varias. Un corte de digestión, me dijeron los del SAMUR… Ah! Y con 17 añitos, que me bebí media botella de whisky a palo seco como los borrachos, aysss, nunca más!

32) ¿Te fuiste sin pagar en algún bar o restaurante?
Soy una mujer honrada, aunque sí que es verdad que cuando he vivido en el extranjero me llevaba algunas cosillas de las tiendas (tipo ropa, libros…) o metía tres plátanos en la bolsa, los pesaba, sacaba el ticket y luego metía cinco más. Entre otros truquitos…

33) ¿Has escrito cartas de amor?
Incontables. Soy asquerosamente repugnante para esas cosas. Una que lo da todo, qué le vamos a hacer.

34) ¿Pagarías por sexo?
Insisto, nunca digas nunca, pero de momento no he tenido esa necesidad. Aunque a lo mejor pagaría por… síiiii! Por Marta!!!

35) ¿Morirías por amor?
Una y otra vez. Es la aventura más apasionante de esta vida.

Y entre unas cosas y otras, se me ha venido a la cabeza un vídeo con el que me reí un montón en su momento, y que hoy he vuelto a rescatar:

martes, 10 de agosto de 2010

REGISTRO DE LA VIDA ( I )

Esto sería, en el lenguaje de los psicólogos, un registro. Hay millones de tipos de registros. En éste, en concreto, el profesional escoge, tras varias y variadas conversaciones, una serie de palabras y personas de manera aleatoria que han salido a la palestra a lo largo de los diálogos, las formula en voz alta y el paciente, con la mayor precisión posible deberá decir lo primero que se le pasa por la cabeza. De esta manera, se busca reflejar y medir, entre otras cosas, la asociación irreal que el paciente realiza sobre el significado real y objetivo de las palabras, así como el estado anímico del paciente inestable (o sea, yo en estos momentos), ya que, según los estudios de no sé qué, las respuestas varían considerablemente en el tiempo, pudiendo apreciarse la evolución positiva o negativa de su equilibrio emocional.

Aunque ya sé que mi estabilidad emocional hoy día brilla por su ausencia (me remito a mis respuestas catastróficas) quién sabe si en un par de semanas conseguiré resolver el test con contestaciones completamente adversas.

Aunque pueda parecerlo, las respuestas carecen de ironía.

PALABRAS (por estricto orden alfabético)

AGENDA: hay cosas que no se deberían anotar

AGENDA: ah, de contactos. Parches de los que hay que tirar de vez en cuando para respirar un rato

ALMA: a veces desearía no tenerla

AMANTE: yo soy esa, las actrices secundarias son las peores pagadas

AMANTE: bandida y fiel

AMANTE: ¿otra vez? No puedo opinarme, sí sé que lo doy todo

AMIGOS: desafortunado en amores, afortunado en amigos

AMOR: el peor invento del hombre y de los directores de cine

ANDALUCÍA: mi futuro, mi sitio

ANSIEDAD: por las nubes

APUNTES: Sin tocar, mañana empiezo ¿?¿?

ARMARIO: entreabierto. Si es empotrado y con perchas, mejor.

ARREPENTIMIENTO: jamás de los jamases. Prefiero estamparme que quedarme de brazos cruzados

AUTOESTIMA: ¿auto qué?

AVIÓN: donde más lejos me lleve, mejor

BIBLIOTECA: mañana, mañana. Gran sitio para estudiar y ‘observar` el ambiente

BLOG: terapia. Decepción y alegría

CAMA: se hace grande. Mirando a la pared, ¿estoy castigada?

CÁMARA: a todas partes, hay que retratar cada segundo de la vida

CERVEZA: demasiada últimamente

CONCIENCIA: en paz, buff, qué alivio

CORAZÓN: partío, por imbécil

CORNUDA: y apaleada, ¡no quepo por la puerta!

CUERNOS: para los que no saben amar con el alma, para fracasados y cobardes

DEFECTO: incontables

DEPORTE: energía, vida

DESEO: estar bien

DESAMOR: la consecuencia de creer en el amor

DINERO: el necesario. El estatus de los pobres de espíritu

DIOS: ¿te vienes a dar un paseo conmigo?

DOLOR: aprender, crecer, aprender, crecer y así, sucesivamente

DOS: imposible, imperfección que creemos perfecta

EGOÍSMO: Plaga que ha invadido la tierra y que jamás podrá fumigarse. “Aquel sujeto que se empeña en hablarte de sí mismo cuando tú te estás muriendo de ganas de hablarle de ti” (Jean Cocteau).

ENAMORADA: de mí, próximamente. Y de Marta Etura, claro

ENGAÑO: nada es tan difícil como no engañarse a sí mismo

ESPAÑA: a muerte

ESPERANZA: no siempre es útil. Quien espera, desespera. Bienaventurado el que nada espera, porque nunca sufrirá desengaños

ESTABILIDAD: para los que quieren bien y para los que no saben querer sin depender

ESTADO ACTUAL: vaciándome para llenarme (tristeza), trepando paredes (ansiedad), me cago en tó lo que se menea (rabia, frustración)

ESTRELLAS: en Madrid hay dos o tres

EX: divinas algunas, zorras pocas

FAMILIA: lo mejor de mi vida, a pesar de todo

FIDELIDAD: valor extinguido. Ahora nos lo perdonamos todo, aquí paz y después gloria. Ole ole, qué bonito es el amor

FRASE: Más vale malo conocido que bueno por conocer... válgame Dios

HUIR: a veces los que huyen son los más valientes

ILUSIÓN: cero patatero

INFIEL: sólo cuando algo no va bien o cuando se interponga una causa de fuerza mayor espiritual

INSOMNIO: compañero fiel, qué guapo es

ISLA DESIERTA: ¿dónde hay que firmar?

JUSTICIA: lo mismo en el cielo o en otro planeta no pagan justos por pecadores

LIBRO: uno fácil que consiga distraerme la mente

LUNA: bajando... y me niego a bajarla más

LUZ: para el alma siempre

LLUVIA: hay que llorarlo todo para empezar a dejar de hacerlo

MADRID: últimos coletazos

MAR: cuanto menos lo vea, menos lo echaré de menos

MEMORIA: la memoria es el talento de los tontos… quisiera ser un pez

MENTIRA: hasta luego, Lucas

MISTERIO: mi carta de presentación. Funciona

MONTAÑA: refugio

MÓVIL: que se me pierda, me lo roben o se lo trague el wc

MUERTE: mejor mañana

MÚSICA: ahora no necesito trasportarme al más allá

NUUK: evolución. Agradecida. Le he cogido cariño, me costará deshacerme de ella

OLOR: el mío, claro

OSCURIDAD: imprescindible a veces, asfixiante otras

PACIENCIA: virtud más preciada y que más he fomentado con el paso de los años

PAREJA: en otra vida, quizás

PASAPORTE: quiero más sellos

PASTILLAS: las necesarias, no me queda más remedio

PAZ: siempre corre por delante

PELÍCULA: cualquiera que no me haga llorar

PLUMA: ¿estilográfica? Me gusta la que tengo, ni más, ni menos

PORTÁTIL: dos. Los regalo. O que se los trague el wc también

PRÓXIMO VIAJE: pronto, al más allá

PRIORIDAD ACTUAL: yo, yo y yo. Quererme, valorarme y hacerme respetar

PRUDENCIA: perdiéndola... con el tiempo te das cuenta de que sólo sirve para darte cabezazos contra la pared

PSICÓLOGOS: yo misma, sin tener el título. A veces ayudan, otras arruinan

SEXO: el 90% de las mujeres no saben hacer el amor. Y me quedo corta

SOL: muy bonito, pero con esta piel tan sensible, cuanto menos, mejor

SOLEDAD: mejor sola que mal acompañada. Amiga en los buenos momentos y enemiga en los malos

SUERTE: en todo menos en el amor. Sobrevivo gracias a mi fuerza interior

TIEMPO: que vuele

TRABAJO: lo que menos me preocupa ahora, cómo cambia la vida de un día para otro

TRAICIÓN: si te he visto, no me acuerdo. Se acabó lo que se daba

TRES: multitud, problemas y dolor

TRÍO: sólo si es con Marta Etura y Conchita

ÚLTIMA: asquerosamente fría

ÚLTIMA VEZ: asquerosamente frío

ÚLTIMO VIAJE: ayer

UNIVERSIDAD: los mejores años de mi vida

UNO: Unno suena a bragas. Si me adorara, el estado perfecto

VALENTÍA: Nuuk. ¿Qué sería la vida si no tuviéramos el valor de intentar algo?

VERDAD: la verdad os hará libres (Juan 8, 32). Siempre con la verdad por delante. Como me dijo Nietzsche el otro día: Es desconsolador pensar cuánta gente se asombra de la honradez y qué pocos se escandalizan por el engaño

VIAJAR: mi mejor terapia

VÍCTIMA: le dijo el mudo al sordo. Mierda pa ti.

VIDA: estancada

VIRTUD: mi entrega

YO: no sé quién soy


CONTINUARÁ...

"Comprenderás que a estas alturas de la película cada vez me cueste más captar y entender las cosas... otro beso"

domingo, 1 de agosto de 2010

SIN TÍTULO

Qué duele más, ¿hacer daño o que te lo hagan?

Hacer daño a una persona que quieres duele, y de qué manera. Pero es un dolor pasajero, suave, sin agobios ni ahogos. Es un duelo efímero porque nadie vive pensando en la agonía de los demás sino en la tranquilidad de uno mismo. Pasa pronto porque no puedes hacer nada, salvo limpiar un rato la conciencia a costa de convencerte de que la vida es así y que la intención de no herir conscientemente es lo que cuenta. El mundo no se acaba y no hay que empezar de cero sino continuar por donde lo habías dejado.

Que te hagan daño duele más. Es un dolor prolongado en el tiempo, que mata, que te aprisiona el alma y no te deja respirar. Es un duelo que te hace llorar constantemente, en el que las preguntas se quedan sin respuesta y la ansiedad merma las ganas de avanzar. Es un duelo largo en el que no puedes despojarte de los buenos recuerdos que no ayudan sino que agudizan la agonía. Es esperar que la vida dé mil vueltas aún sabiendo que no cambiará nada. Es perder la esperanza y la fuerza para levantarte de la cama. Es quedarte sin cartas con las que jugar porque ya agotaste todos los recursos. Es un dolor que atraviesa el corazón y lo destroza en mil pedazos. Es ira, impotencia, rabia, odio. Es una desazón que te invita a caerte y tocar fondo para obligarte a salir a flote. Es apagarte en silencio, perderte en silencio, desaparecer para reaparecer, es terminar muerta para empezar a sobrevivir y tratar de mantenerte viva, otra vez.


"Cuántas excusas me inventé para no quererte
cuántas verdades te conté para retenerte.
Te esperé cada vez que te ibas
te lloré en silencio por si no volvías
te pedí en sueños lo que nunca podrías darme
me convertí en Dios para que no me intuyeras en el infierno.
Te salvaría cada día
te daría 365 primaveras
te empecé a querer así, te querría siempre así
me partiría en dos para darte la mitad de mi fuerza
vendería eternamente mi sonrisa por la tuya
canjearía tu felicidad por la mía.

Pero te vas
y este dolor me escuece tanto que me deja sin alma
escuece porque te vas para no volver
porque a ratos olvidé que no eras mía.
Creí que vendrías
que te quedarías
hoy o dentro de mil años, pero que te quedarías
y despertaríamos juntas en todos los lugares de la tierra
hasta en los que no existen.

Y te vas
y ni siquiera te das la vuelta para mirarme y decirme adiós
te vas y maldigo mi prudencia
y tengo pesadillas cuando sueño con tu cuerpo
a dos centímetros, a años luz.
Y no puedo respirar
y me tiro al suelo, que es donde estoy aunque trate de mantenerme en pie
y brota el dolor
y hablo sola
y grito sola
y me desespero sola
y deseo morir para resucitar
y no te echo de menos, pero me muero por verte
y repetirte las cosas que siempre te dije
hasta quedarme sin voz
por si volvieras.

Y me invento motivos para que vuelvas
y te entrego todo lo que soy, para que no me olvides
y bebo porque no sé estar sobria sin pensarte
sin añorarte, sin amarte
y apago el teléfono, y lo enciendo, y lo apago, y lo enciendo
por si tuviera una palabra tuya
que reviviera a mi cuerpo
porque dejé morir a mi alma.
Y quiero volverme loca
para recuperar la cordura
y quiero perderme
para encontrarme
sin encontrarte
sólo para encontrarme.

Aunque ya no cante canciones
te cantaría todas las de amor que existen
te mandaría flores cada semana
te cambiaría las sábanas cada día
te daría todo sin pedirte nada
te borraría los malos ratos
te construiría otro mundo
te arroparía cada noche de invierno
gastaría todos los te quiero que me quedaran en vida
porque todos serían para ti.
Me inventaría palabras de amor
para que nunca olvidaras quién te las escribió.
Iría donde tú fueras
cogería un avión sin maleta y sin billete de vuelta
donde tú fueras.

Qué cosas tiene el amor, ¿verdad?
yo te quiero, tú me quieres
yo te amo, pero tú…
aunque una vez me lo dijeras
y dos, y tres, y más
pero no era real
y ahora no sabes cómo decirme que no, que te confundiste.
Tal vez no seas mía porque no me merezcas
puede que tengas lo que mereces, que es mucho menos de lo que yo merezco
seguramente no seas nada especial
otra más, del montón, igual al resto.

Pero mira, ahora tengo tu olor pegado a mi piel
aunque haga siglos que no te vea.
Cómo borrarte, cómo enterrarte
si por más que trato de olvidarte sólo puedo pensarte
y recordarte
y quererte
y seguirte amando".

"tú empeñada en que querías ser feliz, y yo sentir..."