viernes, 24 de septiembre de 2010

DÍA CERO, CUANDO LA MENTE TODAVÍA ESTABA EN BLANCO

"Yo no puedo dejarte, pero yo tengo la excusa de los tontos sin cabeza que aman sin sentido y siempre me puedo agarrar al pretexto de los ciegos que no ven la realidad. Mi coartada consiste en no separarme de ti porque no puedo dejar de quererte y no soportaría perderte. Pero tú, ¿por qué no puedes? ¿cuál es tu excusa?

Es terrible tener millones de abrazos al alcance y sólo necesitar el tuyo, escuchar voces por todas partes y sólo buscar la tuya, la que me calma y me desquicia. Me pregunto adónde van todos los abrazos que ahora te guardas, dónde murieron tus palabras y si la balanza de tus besos ha dejado de inclinarse hacia mi lado. Probablemente. ¿Qué pasa por tu cabeza para que me robes de un plumazo todo el cariño que me dabas?

Hoy no pude dejar de pensar en ti. Por nada en especial, de repente llegan las ráfagas de nostalgia y la memoria no hace más que trabajar en su archivo selectivo para encontrar los recuerdos que de alguna forma me acercan a ti. Necesitaba respirarte, por eso al volver del trabajo tuve el impulso de pasarme por el bar donde nos dimos el primer abrazo. Me senté en la barra y te vi allí, en aquella terraza, con tu cocacola, tu montadito y tu sonrisa de oreja a oreja. Ya me gustabas, y de qué manera.

Mientras apuraba mi cerveza eché un vistazo atrás en el tiempo. Cuando la pizarra y la mente todavía estaban en blanco. Cuando no había manchas y no hacía falta borrador. Sonreí y me emocioné al mismo tiempo. Conseguí olerte en ese espacio que hicimos nuestro, reencontrarte cuando todo iba bien, rozar tu alma cuando eras toda ilusión. Me gustó saborearnos en estado puro y odié pensar en lo que nos habíamos convertido con el paso del tiempo. Te alcancé durante unos instantes para acordarme de cómo se vivía en el cielo de tus brazos y cómo se dormía en tu pecho. Cómo alguna vez sentí que me querías.

Hace mucho tiempo que no te siento cerca y volví donde te encontré por si quedaba algo de ti. Volé a tu cuerpo acariciándolo y me deshice otra vez en tus besos. Te imaginé en mi cama abrazándome durante noches sin fin. Evoqué nuestras locuras de niñas adolescentes. Soñé despierta, aunque fueran segundos.

Recuerdo al despedirnos lo que me costó separarme de ti. En la esquina tú tiraste a la izquierda y yo a la derecha y te quedaste esperando hasta perderme de vista. Tuve una sensación rara, atípica, más bien dulce. Giré la calle sabiendo ya todo lo que iba a quererte.

Hoy el bar está vacío, apenas dos almas me miran con extrañeza intuyendo las subidas y bajadas de mi montaña rusa. No hay mucho más. Restos de una hoguera que no termina de apagarse. Demasiado escrito en una pizarra. Demasiada vida en una mente. No hay borrador que valga para olvidar y volver al punto de partida. Ser siquiera un reflejo de lo que fuimos. Vivir y disfrutar sin pensar. Sin pensar. Vaciarte de bloqueos cuando me tienes enfrente, vaciarme de dolor cuando estoy contigo. Y sobre todo sentirte, como te sentía entonces. Quién pudiera volver al día cero, cuando la mente todavía estaba en blanco y la historia podría haberse escrito de otra manera.

Probablemente hoy haya sido uno de los días que más te he echado de menos, por tenerte y no tenerte, por sentirte, y no".


jueves, 16 de septiembre de 2010

DESPUÉS DE UN MILLÓN DE VECES... Y AHORA QUÉ

"Ya sé, lo hemos hablado un millón de veces, pero mi sentido de la lógica me hace seguir buscando entre los recuerdos y tus besos y tu música algún resquicio de amor, el que callas pero expresas sin que te des cuenta, el que no dices y no demuestras pero lanzas al aire en ocasiones, cuando todo se pierde o cuando ganamos estando juntas y no existe nada más. No sé de dónde he sacado la fuerza para ser directa contigo, para preguntarte todo aquello que nunca quise escuchar, para autodestruirme el alma a pedazos teniendo las respuestas de antemano. Hay que ser masoca para mirarte a los ojos agonizando y esperar impaciente palabra tras palabra e ir cavando mi propia tumba. Para qué me dices la verdad pudiendo engañarme, qué poco peso puede llegar a tener la mentira si en ella todavía se puede respirar. Hay que quererse muy poco para no echarte de menos pero sí morirme sin tu olor. Hay que estar loca para seguir queriéndote así, para seguir luchando a contracorriente a pesar de todo, sin esperanza, sin un porqué, sin nada a lo que agarrarme. Hay que estar jodida para quemar los últimos cartuchos y ofrecerte lo que me quedaba sin esperar nada, simplemente, porque a estas alturas del guión, no se puede estar peor.

Sabes que lo único que me falta para completar la película son las causas, los motivos, los porqués, las explicaciones que se llevó el viento y que dices nunca existieron. Sabes que tengo mil caminos para resolver la incógnita de mi problema matemático y que me pierdo entre laberintos de incertidumbre, dudas y contradicciones. Pero necesito llegar a la solución final. No espero que sea la mejor para mí, eso ya me da igual, pero necesito resolverlo aplicando el sentido común, sin hacer cuentas al azar o tanteando a la suerte. Necesito que un número me lleve a otro, destapar ecuaciones, sumar, restar, multiplicar, dividir, seguir un proceso de lógica pura y dura que me lleve a una conclusión. Me da igual una solución positiva o negativa, sólo quiero dejar de romperme la cabeza y estar tranquila, cuadrar cuentas y conceptos y comprender las cosas para poder asumirlas.

Como siempre me dices, todo tiene un porqué, una explicación... ¿acaso mi problema matemático no? No me despejes la solución, sólo quiero el camino para llegar a ella. Del resto ya me ocupo yo".

Llueve en Madrid, y de qué manera...

miércoles, 1 de septiembre de 2010

A DIEZ MIL KILÓMETROS

¿Sabes cuando el corazón se para y te falta el aire? Cuando despiertas, miras a tu alrededor y sólo hay vacío. Y sudas aunque haga frío, y se congela el alma a 40 grados. No, no hay fuerza capaz que te levante de la cama, porque sabes que al poner un pie en el suelo nada tendrá sentido. Entonces sientes mil palpitaciones por segundo, no puedes respirar y vuelves a dormirte para tratar de sumirte en una pesadilla irreal, de las que no duelen tanto.

"Ya no sé si me compensa verte a ratos, tomar un café y marcharte. Llegar a casa, apagar la luz y saber que no estás, que nunca estarás cuando te necesite. No sé si alguna vez te pedí demasiado, algún abrazo a tiempo, tu voz en la oscuridad, marcar tu número cuando sienta que no puedo más. Cómo sentirte si no estás, aunque digas estar, pero qué coño, no estás ni por asomo. No creo en misticismos ni espiritualidades ni telepatías que me hagan creer que me cuidas desde tu cama, no alcanzo a sentir tu presencia sino tu vacío, el que dejas cuando te vas, cuando evitas palabras de cariño e impones la barrera a tu antojo, que para eso son tus normas.

Ya no sé si me compensa soñarte porque la única pesadilla que tengo es que estás en todas partes menos aquí, conmigo. No sé si recordarte como único remedio para sentirte cerca, no tengo por qué pensarte pudiendo tenerte, olerte, rozarte. No tengo por qué esperar sentada a que el sol brille y decidas buscarme un rato, dos ratos, tres ratos y después se quede en nada. Tal vez me equivoqué al quererte, quizás no debería haberte retenido, puede que aquella noche que abriste la puerta para marcharte, debí haberla cerrado yo.

Ya no sé si me compensan tus risas, tus abrazos fugaces, tus palabras prohibidas. Ya no sé, porque cuando me falta el aire no puedo contar con tu ternura ni con tus besos, porque cuando me duele y me dueles no apareces, porque siempre estuviste de paso y así lo asumí. Porque ni siquiera esta noche escuchas mis quejidos y aquí me tienes, llorando de rabia, siguiendo las reglas a rajatabla pero esperando a que te des una vuelta por mi casa para abrir la puerta a patadas y abrazarme tan fuerte que por fin logre sentir que sí, que estás aquí, aunque no estés.

Ya no sé si me compensan tus visitas de diez minutos, porque ya no me suben tanto como para mantener el vuelo y seguir adelante. Porque no quiero subir y bajar, no quiero sentir para luego llorar, no quiero un abrazo a medias ni despedidas llenas de incertidumbre, no quiero dos palabras si luego te olvidas de pronunciarlas, no quiero nada tuyo que no sea amor. Porque el resto empieza a sobrarme, porque comienzo a no conformarme, porque las treguas no me valen, porque me agoto.

Ya no sé si me compensan las cuatro cervezas al mes, acercarte a tu casa con un adiós frío, quedarme mirándote hasta que desapareces sin que te des la vuelta y me dediques tu última sonrisa del día. Ni un buenos días cariño, ni un te echo de menos, ni un me muero por verte. Escupiendo distancia, marcando terrenos, aclarando espacios, separando vidas, haciéndome ver que jamás conseguiré más de ti y que soy yo la esclava de tus estados de ánimo, la víctima de tus trastornos, la que consiente y aguanta, mi voluntad, cegada y obcecada por el amor que siento por ti.

Nunca te pedí lunas ni estrellas, sólo un poco de cariño y atención, sólo que me tuvieras en cuenta, que me cuidaras en la medida que pudieras. No mucho tiempo, no muchos besos, sólo palabras y caricias sinceras. Sólo te pedí sentirte cada segundo del día como si estuvieras entre mis brazos. Desde tu sitio y sin muchos esfuerzos, saberte cerca aunque no te vea, olerte por todos los rincones de mi habitación sin que me duelas, sonreír al escucharte, estar tranquila si tú no estás aquí, ser feliz aunque no pueda tocarte pero sí sentirte, sentirte a todas horas, allá donde estés.

Siempre tuve poco, pero esta vez me quedo sin nada. Y no me sale contarte qué es el dolor cuando siento que me abandonas, que te dejas y me dejas, que vuelves a tu sitio sin mirar atrás, que te olvidas, que te apagas y me apagas, que tu camino toma rumbo otra vez, a cualquier parte menos a mí. Y a mí no me quedan fuerzas para tirar y retenerte y pedirte y rogarte que te quedes un rato más. Porque el silencio se ha convertido en mi defensa para que no percibas cómo me arrastro y cómo, sin que te des cuenta, me voy alejando de ti.

Ojalá pudieras leer esto. Ojalá pudieras comprenderme y, si de verdad me quieres, tocaras mi puerta para abrazarme y sentir que estás ahí, CERCA, a diez mil kilómetros o en mi cama, aunque no estés".