domingo, 28 de noviembre de 2010

CONTRADICCIONES

La vida de la tercera en discordia no deja de ser una montaña rusa. No es que un día estés arriba y otro abajo, no es que haya rachas mejores ni peores. Es, simplemente, que hay bajones, desequilibrio y estrés. A ratos. Por momentos. Bebes tres copas y te olvidas de todo, bebes otras tres y te acuerdas de todo. Sigues bebiendo y te ríes para después llorar. Piensas en ti y te sientes la mujer más poderosa del planeta. Piensas en ella y eres diminuta, no eres nada. Recuperas el control y aprendes a ser feliz. Lo pierdes y te desmoronas entre las cuatro paredes de tu habitación. Avanzas y retrocedes. Lo ves todo claro y acto seguido se te oscurece el día. Te comes el mundo y segundos después el mundo te come a ti. Sabes lo que quieres y luchas por ello y después piensas que no tiene sentido sin haberlo intentado una vez más. Dejas de padecer y te invade el dolor en el instante menos esperado. Te devoran los recuerdos, se te ablanda el corazón, se te congela, se te enternece y se enfurece. Destruyes las imágenes del pasado y, cuando estás a punto de borrarlas de la memoria, las retienes porque en el fondo sabes que el alma las necesita para no morir. No hay que mirar atrás para seguir adelante, hay que seguir adelante sin mirar atrás.

Trato de tirar, que no es poco. Me concentro en mi día a día, en mi disciplina, en mis ilusiones, en hacer lo que me gusta. He vivido demasiado tiempo a expensas de palabras que no se pueden demostrar y de besos que se quedaron en el aire. Asumí una realidad que pocos hubieran aguantado. Pisé la tierra con firmeza y me tragué el dolor para seguir a su lado, aún sabiendo que el laberinto no tenía salida. Como un borracho dando tumbos. Como el eterno perdedor que se resigna a seguir perdiendo. Como el drogadicto que necesita su dosis diaria, por más mínima que sea.

Afortunadamente el tiempo perdona y cura, y te ofrece nuevas oportunidades, otros paisajes, canciones frescas y sábanas limpias cada noche. Te ordena y te quita la razón, te alivia, te calma. El tiempo te enseña, te levanta y te arregla. Te hace la vida más fácil y es justo ahí donde hay que sacar toda la artillería para dar el gran salto, para captar y aferrarte a la luz al vuelo. Y tener la suficiente valentía y templanza como para mantener ese equilibrio que siempre pende de un hilo.

Equilibrio que se me ha ido a la mierda cinco minutos antes de empezar a escribir este post. No es tristeza exactamente, sino esa mezcla explosiva que a veces me atormenta. Rabia, ira, frustración, impotencia, rencor. No sé si es dolor. No sé si sufro por lo que no pudo ser o porque despego y aterrizo constantemente sin poder mantener una línea constante. Emociones cruzadas y enfrentadas. Es querer y odiar, sentir y no sentir, soñar y no dormir, vivir y malvivir. Sí ó no. Ahora ó nunca. Blanco ó negro. Hola ó adiós.

Y ahora toca bajón, bajonazo. Y como música de fondo, sólo silencio, su silencio.

Perdida en mis contradicciones.

jueves, 25 de noviembre de 2010

LA DEPRESIVA MÁS FELIZ DEL MUNDO

Porque las apariencias... casi siempre engañan.

C: Joé, mírala, es que sieeeeempre se está riendo. En mi vida he visto a nadie más feliz que Marta.

A: ¿¿Marta?? :S. ¿Acaso no lo sabes? Pero si tiene una depresión de caballo desde hace meses...

C: ¿¿¿Perdóoooon??? O_O

¿Quién no se ha sentido alguna vez 'bipolar' (o tripolar) en su vida?



"A la primera persona que me ayude a sentir otra vez, pienso entregarle mi vida, pienso entregarle mi fe... y es que amar en soledad es como un pozo sin fondo donde no existe ni Dios, donde no existen verdades..."

(Dedicada a mi compi de madrugadas en vela y de emociones... porque sé que terminarás dándome la razón).

martes, 23 de noviembre de 2010

LA FRASE QUE MÁS ODIO DEL MUNDO

Anoche, unos metros antes de llegar a casa, me encontré con esto:


Puedo asegurar que el día anterior no estaba y parecía que estuviera ahí esperándome, como si una mano divina se hubiera encargado de pintar en este muro y representar así a todos los que alguna vez me dijeron sin pena ni gloria la famosa frase, la frase que más odio del mundo.

Digo sin pena ni gloria porque la trillada expresión LO SIENTO o palabra tan manida LOSIENTO o asquerosa locución LO SIEEEEEENTOOOO ha dejado de tener siquiera una pizca de sentido, valor y significado en mi vocabulario del perdón. Hay frases tan hechas que se usan casi por inercia, porque es la mejor manera de quedar bien, porque se ha convertido en una forma de hablar como el que da los buenos días (si es que los da) y ha perdido su esencia como manera de sentir.

Nos hemos acostumbrado a mentir, a ofender, a hacer daño, a no prestar ayuda cuando nos la han pedido, a no dar explicaciones cuando son necesarias, a quitarnos los marrones de encima, a decir no cuando deberíamos decir sí ó viceversa... y algunos se creen que pronunciando las palabritas mágicas quedan libres de pecado y tal como arrasan y abrasan salen corriendo huyendo de todos los mapas mundi. Menos mal que todavía quedan algunos honestos e inteligentes que cuando se meten en la cama y hacen su examen de conciencia (otros caen roncando en cero coma dos) son conscientes de que decir "lo siento" no es la solución, porque como siempre me dice mi madre, el movimiento se demuestra andando y las palabras se las lleva el viento.

Cómo decir lo siento sin que suene vacío y absurdo, sin que las palabras sean huecas y salgan de verdad de dentro. Cómo recuperar el poder de una frase tan curativa que puede llenar de paz tanto al que la dice como al que la recibe. Cómo llenarla de fuerza, de verdad, de arrepentimiento, de sentimiento. Cómo decir lo siento desde el alma, no como mero instrumento para lavar conciencias. Cómo hacer que hable el corazón, con una sinceridad latente, con el miedo a no ser perdonado, con el riesgo a ser rechazado...

Cómo cambia la película... qué fácil liberarse alegremente de las cargas de los demás, qué fácil correr, huir, olvidar, dormir y soñar con los angelitos, "porque yo ya dije lo siento"...

Menos SENTIR-LO y más SENTIR.

Hoy me autorregalo un "LO SIENTO" verdadero, por todos aquellos que me sonaron falsos:

sábado, 20 de noviembre de 2010

FINALES PERFECTOS

Una noche de hace un par de años me ocurrió algo insólito: perdí la voz. Recuerdo estar en el coche, aparcada en al arcén, hablando por teléfono sin parar de llorar y gritar. Así durante horas. Al día siguiente salía de viaje a la boda de una amiga y al despedirme de mi madre no articulaba palabra, no podía emitir sonidos, me había quedado literalmente muda. Me asusté tanto que me tiré días rezando para que, si existía alguien por ahí arriba, me devolviera la voz y la vida. Temí no volver a hablar nunca más. Me atiborré a pastillas y caramelos de miel y limón pero no había manera. Me comunicaba por gestos y, aunque parecía divertido, cada vez que me quedaba a solas intentaba llorar, pero ni siquiera me salían gemidos de impotencia. Fue mi punto de inflexión. Me acojoné tanto, por mi salud, por el asqueroso mundo en el que estaba metida, que entonces decidí poner punto y final a la relación que mantenía con Leo, la psicópata. Antes lo había intentado más de un millón de veces, sin éxito. Y lo conseguí, claro que lo conseguí, pero tuve que morirme para poder resucitar después.

Otoño se me dio bien para decir BASTA. Ahora estoy teniendo sensaciones idénticas a las que tuve hace dos años, ese tocar fondo y flotar por inercia, el rozar los límites más prohibidos, el sentir que muero otra vez

No creo en el amor, pero sí en los finales casi perfectos. Porque el amor no existe, pero el desenlace de una historia que se rompe, por lo que sea, sí se puede construir de la manera menos dolorosa posible. Pero precisamente porque hay dolor la cabeza se descoloca, se enfurece y se entristece. Y el corazón se apaga como la vela a punto de rendirse a la oscuridad. No quiero no creer en la paradoja de construir un final. Derrumbar una relación piedra a piedra, ayudarnos mutuamente a colocarlas, cada una en su sitio, limpiamente, sin rencor. Mirarnos a los ojos y asumir que no puede ser. Darnos algunos restos de amor, muchos abrazos y echar a andar, cada una por su lado y, tal y como llegamos, marcharnos con una sonrisa agridulce en los labios, pero con una sonrisa al fin y al cabo.

Pero ahora no puedo ser adulta ni coherente. Menos que nunca soy dueña de mis sentimientos. La ira y el rencor me comen, me arrastran y, lejos de ser la sensata o insensata que aceptó ser la tercera, me he convertido en la despechada que no soporta que hagan de ella un sparring que se lleve todos los golpetazos y no aprenda a levantar cabeza. Sí, tal vez me esté equivocando de estrategia, pero no puedo dominar la rabia, ataco y rectifico, hiero y pido perdón, pero estoy tan absolutamente rota que los pocos papeles y la cordura que me quedaban los he tirado a la basura.

Tengo sentimientos encontrados, tantas ganas de verla como de enterrarla, el mismo deseo de abrazarla y olvidarla, la misma necesidad de tocarla y que desaparezca... Siento tanto amor como odio y estoy loca por llorar y gritar, gritarle hasta quedarme sin voz, otra vez, y así volver al punto de inflexión y renacer entre tanta esquizofrenia.

jueves, 18 de noviembre de 2010

LOS KLEENEX TAMBIÉN LLORAN (Editado)

Llevo más de una hora dando vueltas con el coche, pero no sé dónde voy. He tenido que parar y salir a respirar, me ahogo. Avanzan los días mientras retroceden mis pasos. Vuelven chirriando las canciones que se fueron sin pena ni gloria y que pensaba haber enterrado para siempre. Me retumban los oídos recordando: "VETE A TOMAR POR CULO, TE ODIO". Ayer me coge, hoy me suelta, ayer sí, hoy no. Mañana... mañana nunca sé, esa incertidumbre insoportable que me provoca taquicardias que no descansan ni en sueños. El adiós que iba bien encaminado pero que nunca es definitivo. No soporto más gritos, más discusiones, más desgastes, más ojos hinchados y mirada perdida, más infelicidad, más cabezazos. Ya no quiero paciencia ni fuerza, no quiero ovarios para esperar ni pastillas para mantenerme en pie. No quiero llamadas ni cartas, no quiero que me diga que me quiere y me necesita siendo mentira. No quiero más mentiras. Los mentirosos que vivan entregados a sus mentiras, pero que dejen en paz a los que todavía creemos en la honestidad y sensibilidad de las personas.

Ella pide, yo le doy. Necesita hablar, hablamos. Quiere verme, en dos horas estoy en la puerta de su casa. Quiere llorar, y se desahoga conmigo. Quiere explicar lo mal que se siente, y yo la escucho. Quiere reír, y ríe conmigo. Quiere un abrazo, y la lleno de ellos. Yo pido, ¿y qué tengo?. Prohibido llamarla. A llorar a otra parte. A hablar con las piedras y con la pared. A desahogarme con la almohada. A reírme en silencio. Y si quiero abrazos, que me los dé el primero que salga de la boca de metro. Reconfortante. Insoportable. Hasta los cojones de ser tan gilipollas.

¿Quién soy ahora? ¿En qué me he convertido? Lo tenía, tenía medio camino hecho, estaba tranquila, tenía poder y control, estaba bien, coño!!! Siento que he vuelto a caer en un pozo sin fondo, que me he perdido, que no soy yo, que vuelvo a morirme poco a poco, como aquellos días de verano...

¿¡Cómo se hace?! ¿¡Cómo coño se resucita en esta puta vida llena de gentuza, egoístas y ladrones de almas?

Y ahora, ahora que te necesito, ¿¡dónde te escondes?! ¡¿DÓNDE COÑO ESTÁS?! Ahí, en tu lado del sofá, ahí, en tu lado de la cama, ahí, tan tranquila, tan fría conmigo y tan caliente con otra, colgándome el teléfono, porque ni cojones tienes para terminar una conversación sin colgarme, porque después de soltar tu rollo no me concedes ni cinco minutos para escucharme... colgándome una vez más y dejándome así, sin nada y desapareciendo, desapareciendo en silencio y sin poder buscarte porque nunca te pude encontrar.



Miércoles, 17 de noviembre de 2010

Hay lágrimas, lloros y llantos.

Ahora caen las últimas lágrimas del día. Hace una hora lloraba a moco tendido. Hace dos no podía contener el llanto. Gritaba mientras daba puñetazos a la pared y me tiraba al suelo desesperada. Perdiendo el aire y el equilibrio sólo acertaba a decir: "Vete, vete, vete, vete". Ya sólo quedan lágrimas porque las pastillas me han quitado la fuerza para seguir llorando, ahora siento que estoy más muerta que viva, más ausente que presente, más dormida que consciente. Me mareo tanto que me doy un golpe en la cabeza con el pico de la puerta y ni siquiera noto dolor, sólo el del corazón, que me aprisiona el pecho y apenas me deja respirar. Tiro de mi psicóloga, a la que me tengo terminantemente prohibido recurrir siquiera en casos de fuerza mayor... pero mi solución son unas palabras, o tan sólo un abrazo sería suficiente. Pero no hay abrazos. Porque los abrazos son para otra, las palabras son para otra, el tiempo es para otra, la ternura es para otra, el amor es para otra... y uno nunca termina de acostumbrarse a escuchar las frases que nunca querría escuchar, por más veces que se hayan repetido. Porque, mientras ella proclama su felicidad a los cuatro vientos, yo no hago más que intentar resucitar, sobrevivir, vivir y sentirme bien. Porque ella tiene todo lo que quiere tener y yo no tengo nada de lo que quisiera tener. Entonces, ¿por qué coño me busca? ¿qué coño quiere de mí? Si es tan feliz, si no necesita nada más, si todo lo tiene TAN CLARO CLARÍSIMO... ¿por qué cojones no me deja en paz? ¿por qué no me deja VIVIR? ¿por qué no deja de volverme loca?

Me borra, me recupera, me agrega, me desagrega, se suena los mocos y me tira a la basura, me dice, me deja de decir... y hasta lo que era exclusivamente "nuestro" ya lo comparte con cualquiera.

He dimitido ya varias veces, pero no hay manera, dicen que las recaídas son peores que las primeras caídas... no atino a escribir, siento que estoy en otra dimensión y que nada de lo que he escrito en este post es real ni tiene nada que ver conmigo. Necesito unos segundos para escaparme de la realidad, serenarme y volver a ser yo. Necesito un sueño bueno, bonito y que no me pase factura mañana cuando despierte.

domingo, 14 de noviembre de 2010

LA VIDA DE... MUCHOS

Hoy tan sólo una recomendación de cine, "La vida de nadie":

"Emilio Barrero (José Coronado) es, en apariencia, un hombre de éxito. Economista, "del Banco de España, nada menos", como le gusta decir a su padre. Tiene una esposa modelo, un bonito chalet y un hijo que le admira. Está a punto de cumplir 40 años y Ágata (Adriana Ozores), su esposa, le está preparando una sorpresa. Pero la sorpresa se la van a llevar los otros, porque la vida de Emilio Barrero está basada en la mentira. Cuando Rosana (Marta Etura), una encantadora estudiante, aparece en su mundo, el precario equilibrio en que se mantiene su existencia se desmorona... y todo se precipita en un inesperado desenlace".

La vida de un don nadie, o por lo menos en su interior, ya que todo lo demás era carcasa, objeto de la mentira. Esa mentira que, sin lugar a dudas, forma uno de los ejes más patentes en nuestra sociedad, pues desde el noticiario más imparcial hasta cualquier persona lejana a nuestros intereses, las esconden. Y aunque no lo parezca, nos corroen, nos extenúan, hacen de nosotros una simple y llana parodia de lo que éramos, ya que, más que por impulsos ó decisión propia, actuamos tras ellas, intentando que en ningún momento nos puedan perjudicar y esquivando todos esos escollos que pueden hacer que salgan a relucir sin más, delatándonos. Así, vivimos encerrados en nuestras propias mentiras.

La vida de nadie. La historia de nadie y las mentiras de todos. Todos hemos mentido alguna vez, todos hemos ocultado -con mayor o menor acierto- algo alguna vez. Y es que, a menudo olvidamos que todas las mentiras que hemos intentado sostener a lo largo de nuestra 'vida perfecta' pueden desmoronarse en una trágica avalancha. Y los medios seguro que engrandecían los fines, pero se corre este peligro. El peligro real de que hundas a tu familia, a tus amigos, a tus seres queridos, por algo que en algún momento surgió y luego se convirtió en un bucle demoníaco que te iba a pedir como precio para pararlo y pagarlo algo tan sencillo como lógico: tu propia vida.

Nota 1: Parte del texto está plagiado, lo reconozco, no como la Trapote, que escribe un libro de sexo y no sabe ni de qué va.

Nota 2: "La vida de nadie" es una película seria, real, valiente e inteligente para aquellos que aún conservan el gusto por el buen cine español y les queda todavía estómago para no atreverse a sentarse esta tarde a ver "27 vestidos", esa patética gran obra sólo apta para los que le faltan unos cuantos hervores. Yo me entiendo, gracias.

Nota 3: También recomendadísima para los amantes, para los amantes de Marta Etura y para los amantes de la madre que la parió. ¡¡¡Impresionante!!!


lunes, 8 de noviembre de 2010

LA PU... REALIDAD

Una idiota que no me conoce de nada me dijo ayer que yo vivía en mi mundo, en una dimensión paralela a la realidad. Me sentó como una patada en el culo, teniendo en cuenta que no hago más que pisar la tierra con los pies firmes y la cabeza en mi sitio, en un intento por continuar con ese aprendizaje que nos da la vida a pesar de tanta espina que esquivar. Me faltó medio segundo para reaccionar, primero porque quién es quién para juzgar a los demás, máxime cuando no tienen ni puñetera idea de lo que uno guarda dentro y se basan en actitudes de lo más superfluas para emitir juicios. Segundo porque no se puede hablar sin conocimiento de causa. Y tercero porque las personas que nos desmarcamos de lo común, de la apariencia, del que dirán y de los estereotipos que los ignorantes se empeñan en inventar tendemos a ser catalogados de raros (o diferentes, que suena mejor), algo que me resulta absolutamente ridículo e incluso patético.

Precisamente vivo a golpe de realidad y me considero una persona que se pringa hasta las cejas, que no hace más que caerse y comerse el barro, que se tira a las piscinas sin agua y anda continuamente sobre arenas movedizas. Odio ver pasar la vida desde el andén, llevando a cabo una rutina que me dé seguridad y refugiándome en el sol que más calienta sólo porque ahí pueda estar la paz. A mí me gusta meterme en líos, sentir vértigo, buscar la aventura, plantarme en el borde de los precipicios, sentarme a esperar hasta que desespero, enfrentarme al miedo, a la soledad, al dolor, al desamor, a toda clase de tormentas que me hagan sentir viva aunque luego me maten. Pero la emoción de mi vida consiste en sentir... sentir lo mejor y lo peor con la misma intensidad, la intensidad que sólo los valientes tenemos la suerte de alcanzar, llueva o haga sol.

Me río yo de los que viven en un mundo paralelo a la realidad, construído de mentira y dependencia, de falso amor hacia uno mismo y hacia los demás. En ese mundo donde nadie es capaz de mirarse por dentro porque no interesa, no vaya a ser que encuentren más vacío del que ya tienen. Porque reconocer que uno está podrido por dentro hace daño, mucho daño. Reconocer que no hay valores, ni principios, ni libertad, ni objetivos, que la inercia nos lleva y nos trae y así pasan los días, creyéndonos al final una película guionizada por la cobardía y la comodidad, por la desidia y la inseguridad, por la inmadurez y la falta de personalidad y autoestima, por el temor a descolocarnos en este universo, después de lo que nos ha costado medio ubicarnos.

Pero andamos también en tiempos de crisis de valores en los que la proeza de conocernos, valorarnos, querernos y hacer lo que nos dé la gana es algo que pasa totalmente inadvertido.

Y sí, puede que viva en mi mundo. Pero mi mundo es el real. No hago otra cosa más que trabajar en mi laberinto interior para intentar ser cada día más coherente y consecuente, y de paso más racional. Y ojalá más egoísta. Tal vez en ocasiones me meta en mi burbuja con el único fin de protegerme de todos aquellos que sí viven en su mundo paralelo y caminan haciendo el pino y con los ojos cerrados en vez de avanzar pasito tras pasito enfrentándose a su peor enemigo: ellos mismos.

Abundan mis capas de cebolla, pero lucho para ir deshaciéndome de ellas, sincerándome y siendo honesta conmigo y con los demás.

Porque otra cosa no, pero si algo sé, a pesar de todo, es que no hago otra cosa que vivir la realidad, por más puta que sea.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

EN EL AUTOBÚS

En la antesala de otra dura sesión de terapia los pensamientos se agolpan a gran velocidad. Los positivos, los negativos, todos, no hay lugar para despejarlos, cerrar los ojos y desconectar del medio con una canción, o mirando al mar, o simplemente parando el tiempo con la imaginación. Las horas aprietan y ahogan a ratos, es muy poco llevadero separarse de lo que más quieres, de lo que fue y no fue, de lo que se deja atrás y no vuelve. Alguna vez leí por ahí que los finales no se inventan, que no se construyen a la imagen y semejanza de uno mismo. Que son finales, y punto.

Entre esos pensamientos llego a la conclusión de que este blog hace mucho tiempo que dejó de tener sentido. Una vez me censuraron y desde entonces he perdido parte de mi esencia y de la realidad. No poder escribir lo que te salga de los cojones es una auténtica putada. Empiezas a medir las palabras, a cuidarlas, a disfrazarlas e incluso a borrarlas, hasta que llega un momento en el que te autocensuras tú mismo y aunque todo es real hay una parte que se te queda dentro y que no puedes vomitar. Me he cansado de hacer malabarismos con las letras, dibujando pajaritos y caminos de rosas. Porque, ¿dónde quedé yo? ¿dónde quedo yo?

A partir de ahora tengo dos opciones, o dejar de escribir o escribir lo primero que se me pase por la cabeza, lo que me dé la gana, sin contemplaciones, como ahora, en el autobús.

Hay días y días, y hoy es uno de esos en los que hace falta un abrazo sincero, pero no.