lunes, 6 de diciembre de 2010

EL ABRAZO MENOS ROTO

Me quedé clavada en el ascensor, justo antes de descender otra vez al mundo de los vivos y de los muertos en vida. Sabía que había cerrado su puerta con una especie de vacío casi imposible de llenar. Me había marchado rota, pero medio satisfecha. Sin embargo, esta vez necesitaba más. Algo que no tardé en adivinar. Tras un rato cuestionándome si era ridícula la idea, volví atrás y toqué su timbre. Su cara de extrañeza se convirtió en un poema al verme temblar:

- Estoooo... lo sientooo, tal vez no debería pedirte esto, pero es que... no sé... estaba ahí en el ascensor... y estaba pensando... jo, lo siento... te parecerá absurdo, no suelo hacer estas cosas, pero es que si no, no me iba tranquila... ¿podrías darme un abrazo, por favor?

- Pero... ¿estás tonta? Anda, entra que hace frío ahí fuera. Ven aquí, ven...

Y cuando me abrazó, me derrumbé. Dos segundos antes me estaba ahogando y entonces empecé a experimentar una paz difícil de describir. Perdí la noción del tiempo, del dolor, de la agonía y todo se hizo suave, la vida más bella y ella... ella más especial. Me retuvo al menos tres minutos, me acariciaba el pelo, me daba besos, me susurraba, me hablaba dulce y en silencio. Entre sus brazos no había miedo, sólo descanso, sosiego, calma absoluta. Hubiera querido retener ese momento, mejor prolongarlo horas más, hubiera querido tener siempre su abrazo, inmensamente reconfortante y reparador de almas rotas que vagan perdidas sin rumbo. Respiré profundamente, olvidando dónde y cómo estaba, borrando de un plumazo las ilusiones descosidas y las tiritas de mi cuerpo. Pensé que aún había esperanza, la esperanza de no quedarme atrás, de seguir luchando por curar las heridas, de levantarme y caminar.

Cerré su puerta aliviada, cogí el ascensor fortalecida, salí a la calle con una media sonrisa, a pesar de la lluvia.

Hacía tanto tiempo que no me daban un abrazo tan real, tan sincero, tan tierno, tan alentador, tan vivo... Y es que hay abrazos y abrazos. Los rotos, los cumplidos, los que se dan por que sí, sin pena ni gloria. Y los abrazos que te devuelven la vida, aunque después vuelvas al mundo de las mentiras y se esfumen de la faz de la tierra.

Es la fuerza del abrazo. Y algunos abrazos, los de verdad, pueden llegar a ser suficientes para sanarnos.

6 comentarios:

Cantares dijo...

Te comprendo perfectamente, lo he vivido.
Un abrazo.

pandora box. dijo...

Nada mejor que recibir un abrazo cuando lo necesitas!
Y está muy bien saber pedirlo. A veces el orgullo no nos deja pedir lo que nos hace bien.
Los abrazos sinceros llenan el alma.
Muy bien! Por fin algo de paz en tu corazón. Me alegro por vos.

Anónimo dijo...

"R".... Vaya, la que te saca poco a poco. Te mando un abrazo, sincero porque te lo daba hasta que tu me pidieras que te soltara...

neko dijo...

Un abrazo muchas veces puede reconfortar y dar mas paz que miles de palabras o besos. Recibir un abrazo de ese tipo es algo único que no se olvida.

Me alegro mucho de que comiences a ver la luz.

alejandra dijo...

Cuidado, los abrazos así pueden crear adicción ;)

Nuuk dijo...

++ Cantares ++ Más abrazos para ti.

++ pandorabox.++ Qué difícil pedirlo, pero qué fácil sentirlo, verdad? Abrazos.

++ Anónimo ++ Gracias, pero no comment.

++ neko ++ Gracias neko, la luz parece que está ahí, y que me está esperando. Un abrazo.

++ alejandra ++ De hecho, me hice adicta :S. Un abrazo.