viernes, 24 de octubre de 2014

BORRACHA

Me he bebido todo lo que quedaba nuestro, más unas cervezas que compré anticipando este caos que me arrastra hasta lo más profundo de mi inconsciente. Ahí donde todo se esconde y nada sale: los miedos reales, las angustias, los deseos, las ganas de ti y las ganas de nadie. Trato de acercarme a ti enviándote los mensajes más absurdos, porque sé que si te llamo me colgarás otra vez, y no me apetece mojar más mi almohada empapada. Y a cuentagotas escupes letras cada tantos minutos que ni te llevan ni me llevan a ninguna parte. Trato de acorralarte hasta abrazarte, pero no me lees, qué tontería, estamos hablando diferentes idiomas, o mejor dicho, no quieres hablar nuestro lenguaje. Te haces la tonta, la fuerte, la firme, la racional, la decidida a tirarlo todo por la borda, y pasas de largo que con esa actitud me pierdes, hasta que me pierdas del todo. Yo también te pierdo, pero no será porque no haya puesto mi ser en ti. Si te pierdo será porque me echaste, porque no dejaste que velara tus temores ni cuidara cada una de tus inquietudes. Yo también te pierdo, pero no será porque no hice todo por impedir que te marcharas de mi lado.

Yo no quiero recuerdos, porque los recuerdos son pasado y yo siempre quise presente y futuro contigo. No los quiero porque es pensar hacia atrás y es dolor que hoy no concibo. No quiero una mochila detrás de mí que me recuerde lo feliz que alguna vez fui contigo. Prefiero enterrarte, borrarte, eliminarte. Como si no hubieras existido. Hoy no.

Me rindo a lo que nos toque, a todo, a nada. Hablar con una pared que a veces no conoce de sentimientos y que lanza dardos envenenados. Y que otras veces dispara todo lo contrario. Balas de contradicciones que sufre mi móvil y que no muere de no ser por una funda rígida y paciente que aguanta los golpes más despiadados, los míos y los tuyos.

Yo no sé cuánto duran los segundos en tu mundo. En el mío son horas y cada minuto que pasa pierdo un soplo de esperanza. Te busco y no estás, te escribo y no contestas, me acerco y sales corriendo. Nunca fuimos capaces de seguir una misma dirección. Tal vez no soy suficientemente loquesea para ti. Tal vez haya frenos más considerables en los que nunca reparé y la historia sea mucho más simple. Tal vez, sencillamente, no te lleno. Algo que, hasta esta noche, jamás me había planteado.

Porque debe haber algún motivo. Debe haber algo que yo no alcanzo a ver y que sólo tú sabes y no me quieres decir... porque si no, no lo puedo entender. Y me iré sin haber entendido una sola frase de este penoso guión.

Me despido esta noche borracha, sobre todo, borracha de realidad. Borracha de amor, de tu amor, el que apenas rocé. De qué sirve mi entrega si no me haces el más mínimo hueco. Borracha de sueños rotos, de tu olor, de tu sabor, de tus besos y tus abrazos, los que tanto añoro y echo de menos. Para qué sirven las palabras que no me demuestras, las promesas que se alargan en el tiempo, los viajes de ensueño a todos los rincones de tu piel una vez cada mil años. De qué sirven mis ganas cuando tú no tienes ganas o no puedes tenerlas.

De qué me sirve que me quieras, si nada arriesgas...

domingo, 21 de septiembre de 2014

PRECIPICIO

No recuerdo haber sentido un miedo de esta magnitud. La calma no es más que un reflejo intermitente que se manifiesta cuando ella está a escasos centímetros de mi boca, pero se desvanece en cuanto la pierdo de vista. El camino nunca fue fácil, sufrimos lo indecible hasta llegar aquí. El destino hizo poco o nada por mantenernos y tuvimos que sacar nuestra propia garra para combatir las tempestades. Ha pasado el tiempo, ha crecido el amor pero también las dificultades. Y llega un momento en el que sientes que ya no puedes más, que la batería de fuerzas se agota y que el mundo empieza a tambalearse por todos lados.

Hoy desperté con una sensación de vacío y miedo voraces. Ayer nos sentimos de todas las maneras posibles y nos prometimos seguir luchando. Ella cree en el destino y yo no creo en los trenes que pasan dos veces. Creo que si tomas la decisión de bajar, no puedes subir más adelante, y si subes, lo harás con tantas heridas que nada volverá a ser como antes y no te quedará más remedio que tirarte a la desesperada. Creo que el camino se construye entre dos, con mucha paciencia, con esfuerzo y sacrificio y con generosidad, siempre y cuando tengas en mente un proyecto de futuro. También creo que los momentos más delicados hay que expresarlos y compartirlos en vez de sufrir el dolor cada uno por su lado. Porque eso aleja más. Y si el hermético se aleja, el perseverante se desespera y acaba estrellando la toalla de pura frustración.

¿Qué hacer cuando sobra amor pero ya no quedan fuerzas?

Llevo tiempo dándome cabezazos contra un muro, un muro que se ha ido levantando cada vez más, al que no puedo acceder por ningún lado. No hay huecos ni resquicios de aire. Por más entrega que haya sólo encuentro cerrazón. Ya no puedo empujar más, me siento sola en esta guerra, la vida me parece injusta y hasta desagradable, sólo sé vivir a ratos. Mi cuerpo me pide a gritos un descanso, mis lágrimas hablan de tristeza e impotencia, quiero desaparecer y volver cuando no quede dolor. Ni siquiera ya puedo impulsarme con la fuerza del corazón, la que me mantenía medio viva.

Tengo muchísimo miedo. Miedo a perderme y perderla. Miedo a que no ponga de su parte, a que se siga cerrando, a que no cubra mis necesidades básicas. Tengo miedo a dejar de confiar en mí definitivamente y rendirme. Se me apaga la idea de un final a su lado. Se me borran de la cabeza los planes pendientes y también los recuerdos. Necesito creer en ella. Necesito creer más que nunca en sus buenas intenciones y propósitos. Quiero saber que me dejará estar a su lado, que luchará, que hará lo imposible por no perderme. Me siento horriblemente vulnerable y sólo me queda poner las pocas expectativas que me quedan en sus manos. Necesito que me salve, que me eleve, que me empuje, que me suba, que me haga respirar. Tengo tan poca fuerza que ya no puedo hacerlo por mí misma. La necesito más que nunca porque ya no me basto conmigo. No la demando, sólo le pido que esté, que no se marche, que no se encierre, que me haga un sitio, que me busque, que me haga cambiar de opinión, que me dé una fuerza, una caricia de vez en cuando, un respiro, una palabra de calma, una sonrisa, una llamada, una esperanza... una esperanza.

Necesito más que nunca que me convenza de que, a pesar de todo y venga lo que tenga que venir, quiere con todas sus fuerzas que estemos juntas.

domingo, 7 de septiembre de 2014

SHOCK

Se pasó el día llorando de miedo. En ese instante comprendió que se había enamorado. Rebosaba de puro sentimiento y ya no podía hacer nada para frenar algo que se resistía a sentir con el paso del tiempo y que iba creciendo por minutos. Pero le plantó cara y lo acogió con fuerza, se lo metió tan dentro que sólo soñaba con entregárselo entero, tan rápido como despacio, sin media fisura y lleno de calma.

Vivió su amor con libertad y pasión. Apagó sus miedos, respiró tranquila, rió a la vida, creyó en su suerte y olvidó llorar. A pesar de las dificultades, era feliz.

Hasta que un día cualquiera, cuando ya sabía que querría pasar el resto de la vida a su lado, de repente enmudeció. Recogió sus cosas y quemó cada uno de los recuerdos que compartieron. Perdió la cordura y desapareció.

martes, 15 de julio de 2014

CINCO VECES 15

Nuuk:

Lo raro sería que no te sintieras así. Estás rota por dentro. Tanto arañazo escuece, y eso que tienes las agallas para curarte una y otra vez y empezar de cero como si nada. Te falta orgullo. Y algo de rencor te ayudaría a canalizar las emociones de otra manera, con una mezcla de rabia y amor propio. Pero tienes la suerte o la desgracia de olvidar el dolor en décimas de segundo. Como quien se despeña por los abismos y es capaz de agarrarse a la piedra más pequeña sosteniéndose hasta recobrar el sentido y el equilibrio, y vuelve a subir hasta lo más alto para continuar con lo que dejó a medias. Si pudieras cambiar cada lágrima por un puñetazo en la mesa, si pudieras cargar con la memoria para recordarte a ti misma las veces que has desesperado, si pudieras pensar más con la cabeza... Te hace admirable regenerarte tan rápido y tantas veces. Cualquiera se hubiera vuelto loco en tu lugar. Has ganado batallas invencibles a pesar de estar herida de muerte, y eso es lo que te lleva a seguir ahí, porque sabes que este dolor también pasará y resurgirás de tanta sinrazón.

Dices que la has cagado, que te has equivocado. Siempre has lamentado sentirte dominada por tus emociones en determinadas situaciones. Y que te pierdes y te desbordas y te descontrolas y no puedes ver más allá. Que todo está tranquilo y de repente te rebosa un sentimiento de inseguridad que te supera sin darte ni media tregua. Y es ahí cuando explotas. Es cierto que no está bien que vuelques tus dudas sobre ella, que busques una palabra cálida, un gesto que te devuelva la paz y que, si no lo encuentras, te desates y te desordenes a la enésima potencia. Ella no es la respuesta a tus preguntas en este momento y tú lo sabes. Tenemos que buscar otras maneras y recursos para hacer frente a estas tormentas que a veces te desquician. Tenemos que encontrar otra forma de amainar y suavizar el chaparrón sin que ella lo perciba, o al menos, sin que le afecte. Como has visto, tu cagada trae muy graves consecuencias, aunque no te las merezcas.

Arráncate de una vez la culpa. Permítete hacer las cosas regular. Perdónate. Todos nos equivocamos. ¿Ella no se ha equivocado nunca? ¿Por qué maximizas una carga que no es tuya? Dices que ella se aleja, que se marcha porque tus tropiezos no merecen comprensión y son imperdonables. No asumas más responsabilidad de la cuenta, si ella no perdona, si no digiere y asimila, si no es capaz de ver más allá de su rencor y apaciguarse para volver, ya no es tu problema. Tú sólo puedes llegar hasta donde alcanzas, no tienes el poder para meterte en su cabeza y guiarle. No puedes explicarle si hace oídos sordos. No puedes cambiar su visión de las cosas si está empeñada en cerrarse y no se abre lo más mínimo. Es imposible cambiar el pensamiento cuando las emociones aún están encendidas... Deja que las cenizas terminen de apagarse, tal vez entonces sea más consciente y entienda que no se puede ir así. Es un gran error tomar decisiones con la cabeza caliente y el corazón congelado.

Lo has hecho mal, ¿y qué? Deja ya de castigarte, maldita autoexigencia la tuya, cómo te destruyes. Te consumes más con el daño hacia ti misma que con el ajeno. No me gusta echar mano de comparativas ni situaciones pasadas, pero creo que ahora sí es necesario recordarte algunas cosas para que vuelvan a tu memoria de pez y las tengas bien presentes. Y te recuerdo, para que te arda un poco, el dolor que te genera esta relación una y otra vez. Te recuerdo la montaña rusa en la que a duras penas estás subida y bajada, la ola de incertidumbre perenne en la que te ahogas, los mareos en los que terminas vomitando, las veces que lloras a escondidas en los baños del trabajo, la tristeza que has sentido casi cada noche en la soledad de tu cama. Te recuerdo las taquicardias, los nervios, la ansiedad, los dolores de cabeza, los puñetazos al aire, la ira contenida, tantas ganas e ilusiones reventadas, la locura acumulada. Te recuerdo el daño que te provoca la dureza de sus palabras, la frialdad de su gesto. Te recuerdo que llevas así cinco meses. Y que lo sigues permitiendo. Te recuerdo las veces que la has perdonado, que has aguantado sus brotes y arrebatos, que la has recibido con las brazos abiertos después de acuchillarte el alma, que no has caído en mirar atrás sino hacia delante, que siempre olvidas sin aprender la lección. Te recuerdo que lo has intentado, que lo has peleado, que le has explicado, que te has desvivido, que te has entregado, que a veces has tirado tú sola, que te has esforzado por encontrarla hasta perderte tú misma. Te recuerdo que siempre estuviste ahí, siempre. Que no fallaste, que volcaste tu energía en hacerle feliz.

Sinceramente, es su problema si es incapaz de ver lo bueno que guardas y el sentimiento de verdad que cuidas dentro de ti con tanto cariño. Si se nubla y se aferra a su rencor no es cosa tuya. Si no vuelve a ti es que no te merece. Si no afloja después de las veces que has aflojado tú, que le den por culo. El amor suma, no resta. El amor es cosa de dos, es un baile en el que las dos partes organizan los pasos que van a darse, donde las dos tiran por igual, donde no hay marchas forzadas ni huellas descompasadas. Pero te veo como un pato mareado, bailando al son de una música tan hermosa como inquietante y hasta tenebrosa. Y así, lo único que consigues es quedarte al filo de la proa del barco deseando lanzarte al vacío dispuesta a desaparecer. Es una pena que en el último segundo decidas cambiar el desenlace de tu película quedándote ahí, inmóvil, contemplando el infinito, después de tanto capítulo frustrado.

¿Hasta cuándo Nuuk? ¿Hasta cuándo lo soportarás? ¿Hasta cuándo te dejarás? Ella no deja de marearte con sus historias, pero tú eliges si seguir ahí, y esa decisión sólo depende de ti. Basta ya de sufrir, basta ya. A estas alturas, tienes dos opciones: o te calmas y esperas a que sofoque su cóctel de emociones con toda la tranquilidad que pueda caber en este momento, o la mandas a la mierda. Ya sabes lo que te decimos la gente que te queremos, aunque te tapes los oídos constantemente. Saca toda esa rabia que tienes dentro, pero sácala para ponerte firme, para darte caña, para enfadarte y ponerte furiosa. Haz de la ira una emoción adaptativa, que te haga reaccionar, ponerte orden, exasperarte. Déjate de mariconadas y cabréate, indígnate, sácate de quicio y manda todo a tomar por culo. No pretendas aliviarla ni sosegarla, no es tu papel, déjala libre, que trabaje, que se mire por dentro, que distinga, que crezca, que aprenda, que valore. Como tú dices, ¿cuántas veces has tenido que resucitar para mantenerte en pie? Ahora, déjala marchar... quizás te eche de menos, o quizás no, quizás se muera por besarte o tal vez no, pero será la única manera de saber si realmente te quiere, o no.

Tú has hecho todo cuanto estuvo en tu mano. Ahora descansa, no te arrepientas de nada, acurrúcate en su lado de la cama y embriágate de su olor una vez más. No tengas miedo de volver a los sitios donde fuiste feliz con ella, ni a escuchar vuestras canciones ni a buscar la paz que te daba su mirada. Abrázala, bésala y hazle el amor en tu imaginación. Llora tranquila, llora despacio, sin prisa. Llora su ausencia y tus ganas desvalijadas. Permítete tener el corazón encogido y el nudo en la garganta. Llora y vacíate de tanta incertidumbre y llénate de ti, de la fuerza con la que siempre has sabido salir adelante. Siéntete orgullosa, valiente, generosa. Tú sí sabes lo que has sentido y eso es tuyo, jamás te lo podrán arrebatar. Que no te pese, lo has hecho bien, pero nunca olvides que el amor es cosa de dos y que no se puede rebasar muros que se alzan bien altos si no se baja el listón de la barrera. No te culpes ni la culpes. Sé sana. Deja que se marche el dolor. Te toca respirar, recuperar tu confianza, eliminar las dudas. Escúchate, quiérete y vuelve a tu ser. Tú sabes que de peores temporales has salido y sobre todo, que todo pasa. Aunque ahora te escueza el alma, esto también pasará.

Nuuk, quédate tranquila.

sábado, 5 de julio de 2014

NADA CLARO (OSCURIDAD)

Está claro que no estoy preparada para retirarme en calma. Que no soporto la idea de no volver a mirarte, que voy a olerte por todas partes menos en ti, que me cruzaré contigo en cada esquina y en cada rincón de mi cama cubierto de nostalgia.

Está claro que me comerán los nervios y te suplicaré en silencio que vuelvas, que no te vayas tan lejos donde no pueda abrazarte, que no me dejes una carta de despedida ni cierres la puerta con llave. Gritaré hasta quedarme sin voz, te pensaré hasta que te duelan los oídos, te buscaré sin que me intuyas.

Está claro que tengo que aceptar que necesitamos separarnos aunque se me parta el alma y me falte el aire. Quedarán suspiros rotos envueltos en largas noches de ausencia y dormiré soñándote y desayunando a tu lado. Haremos el amor en cada madrugada, en cada despertar y en cada tarde. Te haré el amor como nunca antes lo había hecho ni te lo habían hecho. Te entregaré lo mejor de mí, te regalaré mi esencia. Recordaré las cosas más bonitas que me has hecho sentir y lo que has conseguido hacer de mí. Porque nuestros encuentros han sido lo más puro que he tenido desde el día en que te vi. Porque contigo fluyo. Porque sentirse libre y ser uno mismo es el mayor regalo que podemos recibir.

Está claro que me aterra no verte más, que no tengo certeza alguna de que cualquier día asomarás la cabeza y me sonreirás, y me guiñarás el ojo como tanto me gusta. Que me vacía y me frustra el pensamiento de creer que volverás exclusivamente cuando los sapos bailen flamenco. Cómo creer, cómo confiar, cómo aceptar, cómo descansar. Cómo arañar una esperanza, un respiro, una probabilidad entre un millón. Cómo seguir adelante sin que me mate la impaciencia, sin derrochar energía en bucles inciertos, cómo esperar sin desesperar y cómo vivir sin desgaste y con las mismas ganas que cuando nos tenemos enfrente y nos hablamos sin mediar palabra.

Está claro que me gustas, que me encantas, que te deseo, que te quiero y algo o mucho más.

Está claro que necesito recuperar la seguridad en mí, y así creer en cada letra que escribes y en cada frase que pronuncias. Leer tu mirada y tatuármela para recordarla cada vez que me invadan los nervios y la angustia. Porque en tus ojos siempre encontré paz. Lástima que mi memoria de pez y mis pensamientos intrusivos y recurrentes vuelquen mi tranquilidad y la conviertan en desconfianza y temor. Necesito creerte más que nunca y mantener en mi cabeza la verdad que me transmites cuando estoy entre tus brazos.

Está claro que necesito enfadarme contigo, mandarte a la mierda en mi imaginación, sacar toda la rabia contenida, tapar la tristeza. Cabrearme con la situación, pensar en mí, pensar en mí y pensar en mí. Pero tampoco quiero forzar algo que no siento, no me sale utilizar estrategias baratas para que reacciones o para que te sientas mal. Ya no opongo resistencia, te escribo lo que siento, con toda la honestidad que me has enseñado a tener. Y lo que de verdad siento es mucha pena, como si me ahogara en un río de tristeza a contracorriente. Y yo sólo pienso en ese trocito de playa, en un mar en calma, en la luna y en nosotras abrazadas desnudas esquivando suaves olas y enamorándonos sin medida cada segundo de una vida juntas.

Está claro que entiendo tus miedos y fantasmas, pero no los acepto. Que me choco contra un muro cada vez que intentas explicármelo. Que me dura dos cafés la empatía y la comprensión, y enseguida me revelo otra vez contra lo que no puedo concebir: si tanto me quieres, ¿por qué no estás conmigo? Necesito comprender y respetar tus necesidades sin dramas, darte la oportunidad de ordenarte a solas porque en esta dinámica de idas y venidas es imposible encontrar el equilibrio. Necesito comprender para respetar, respetar para aceptar y aceptar para descansar. Pero hay un miedo insuperable a perderte que me impide ver las cosas desde la razón, y siempre tropiezo con la misma piedra, esa rigidez de esquemas con los que me castigo tanto y me alejan de entender que cada persona tiene sus propias necesidades y momentos. Mi talón de aquiles no es sino esa falta de plasticidad que no me deja aceptar y adaptarme a tus guiones y tus ritmos. Me asfixia la impaciencia.

Está claro que te voy a echar muchísimo de menos. Que me voy a morir por verte y respirarte. Que me quedo a la deriva aunque sin querer olvidarte. Que lloro de pena queriendo pensar que tal vez, más adelante, lloraremos de risa como siempre hemos hecho. Que quiero llevarme todos tus besos para sentirte algo más cerca y guardarte los míos por si volvieras. Echaré de menos esa forma de exprimir la vida tan similar que tenemos. Que compartas historias conmigo, que me cuentes tus cosas, que me mandes fotos. Que nunca había añorado tanto unos tercios. Ni una resaca, ni hacer kilómetros, ni ir sin dormir a trabajar. Echaré de menos tus manos en mi piel, tus caricias, despertar abrazada a tu olor. Te echaré de menos dentro de mí.

Está claro que tus besos son una de las mejores sensaciones que he tenido nunca. Que, aunque te empeñes en no creerme, no hay otros como los tuyos, como los nuestros. Porque, como siempre te he dicho, es una creación única y exclusiva y nadie puede llegar a alcanzar lo que sentimos nosotras al besarnos. Es una fusión marciana, de otro universo. Y eso jamás me lo van a poder quitar.

Está claro que hubiera apostado por ti. Que estaría a tu lado venciendo monstruos y enterrando terrores, temores, pavores, desconfianzas, aprensiones, recelos, sustos, dudas y todo tipo de escepticismo. Que te cuidaría tanto que te quedarías en mis brazos sin sobresaltos. Me hubiera gustado haber tenido la oportunidad de caminar de tu mano e ir soltando peso y aliviando tu carga. Te daría tanto, te mimaría tanto que creerías firmemente en esta relación, en este amor. Y ojalá algún día te des cuenta de que no tenemos tiempo que perder sino una vida juntas por ganar.

Está claro que nos faltaron un montón de viajes, compartir locuras nuevas, desayunos, caricias en la mesa y algún que otro concierto. Me faltó que me miraras y pedirme que volviera. Pero hay momentos en que tal vez no es el tiempo de arriesgar porque hay heridas que cerrar en tu interior. Tú, que alborotas mi espacio, que me vuelves loca. Yo, que sigo ahí, sin saber por qué. Si pudiera mirarte a los ojos y encontrarte sin más... Maravilla del mundo, lo siento si me atrevo a describir tu olor así... Sé que no te puedo retener, porque el momento de encontrarnos llegó en plena tormenta y aunque tus velas me buscaban tu dirección estaba quieta. Y ahora, mi corazón se queda aquí, tiritando de frío, aunque sigo insistiendo en que me vuelvas a buscar, porque tan pocos minutos no puede durar el amor. Pídeme más... Aunque será lo que tenga que ser si aún nos late la piel y soltamos las riendas, me empeño en arañar tu presencia otro poquito más, porque aún no te has ido y ya te echo de menos... Ven, corre y bésame...

martes, 13 de mayo de 2014

ESTUPIDECES

Cuando estás en lo más alto, cuando decides saltar el precipicio sin saber lo que te espera abajo, cuando te atreves a guardar los escudos y traspasar los límites que te habías marcado, te invade una sensación de plena libertad superior a cualquier freno que te impida parar lo que ya has empezado.

Pero también acecha el miedo. Porque cuando has roto las barreras se desbordan todas las emociones acumuladas. Y cuando la miras a los ojos ya no sientes lo de ayer, sientes más que ayer. Y te mueres de nervios y de ganas de decirle que se quede a tu lado. Y el corazón te bombea a velocidades inalcanzables y los besos que le das no tienen nada que ver a los que le diste, porque en cada uno de ellos dejas el alma y tu esencia, y un sentimiento que ya no deja de crecer. Y te asustas pero te da igual, te da igual porque estás con ella en ese momento, sin importarte qué pasará un rato después. Sólo vale ese instante y te desvives en él, el resto te sobra, no existe.

Y de repente, ella se aleja y sientes cómo te vas rompiendo por dentro. Sabías que podía pasar, estaba en tus planes, contabas con que ella también podía asustarse y dar un paso atrás, pero siempre se te olvida aprenderte el manual de instrucciones para saber qué hacer ante este tipo de imprevistos, aunque los hayas vivido cien millones de veces. Entonces optas por quedarte quieta, no tienes muy claro si esperándola o tomando impulso para desviarte por otro camino.

Sin hacer ruido, recoges tus palabras y tus recuerdos y sales corriendo donde nadie pueda encontrarte. A ratos te sientes ridícula, otras triste y otras medianamente tranquila porque diste cuanto pudiste y eso nunca puede pesar sino aliviar. Respiras y sueltas lo que hay dentro. Sientes frío y entonces recuerdas que te quedaste completamente desnuda y, apresuradamente, comienzas a vestirte con tus barreras, con tus miedos, con tu intranquilidad, con tus frenos y con tus escudos.

Respiras de nuevo pero ahora te cuesta y duele más. Y vuelves a empezar de cero.

lunes, 5 de mayo de 2014

QUÉDATE TRANQUILA

Te escribo desde la cama donde las horas vuelan. Aún puedo respirar tu olor entre las sábanas, encontrarte en tu mirada y escucharte reír mientras hacemos el amor. Me falta tiempo para recorrerte y me sobran ganas para volver a estar dentro de ti y aprenderme, beso a beso, cada rincón de tu piel. Jamás había estado tan nerviosa al verte, qué haces aquí, no te esperaba. Tu abrazo gana a mi inquietud y vuelvo a desarmarme, como cada vez que estoy contigo. Me miras y otra vez me regalas la calma que necesito cuando estás lejos. Me tocas y desaparecen los miedos. Me besas y ya me pierdo, y no sé qué hacer con tanta emoción. Me desbordo entre tanta nube y me tiro al precipicio porque sé que me esperas abajo dibujando una sonrisa, y me recibes con la ternura de siempre, sin filtros, sólo tú en esencia.

Necesito recordar y revivir estos momentos cuando te marches a años luz. Quiero hacer un hueco especial en mi memoria de tus horas conmigo. De tus carcajadas, de tu cuerpo sobre el mío hasta para quedarte dormida, de tu entrega, de tu sabor, de tus caricias, de tu respiración a todos los niveles y hasta de tus saltos y tus informaciones irrelevantes. Quiero llevarte muy dentro sin angustia y llena de paz, la que me das, la que me quitas, la que me vuelves a dar y hace que me quede a tu lado sin ninguna duda.

Necesito recordar porque recordando se me olvida todo. Porque sólo hay presente y es con lo que me quedo y lo que quiero vivir con la mayor de las intensidades. Ni me importa el pasado ni me adelanto al futuro. Tenerte delante me hace fuerte ante las desavenencias y la incertidumbre. Me falta ganar las batallas cuando te vas y dejas pocas pistas para encontrarte, pero tus inyecciones de verdad me ayudan a seguir firme. Necesito recordar casi cada palabra y muchos de tus gestos para caer rendida de sueño envuelta en un sosiego infinito y despertarme con la misma quietud aunque no respires cerca de mí.

Necesito recordar para sentirme libre y no tropezar insegura tras tus huellas ni atarme a expectativas que no llegan. Libre para hacerte sentir libre y que me busques sin súplicas ni suaves indirectas. Porque recordar me ayuda a volcar en ti una explosión de energía positiva y a mantener la complicidad que nos une una y otra vez, a pesar de nuestros choques frontales. Pero me cuesta agarrarme a cada toque de magia compartido, y a veces me nublo, y me entra la impaciencia, y te reclamo a voces. No me importa que pasen los días sin saber de ti, lo que realmente me importa y me asfixia es no tener la mínima certeza de saber si volveré a verte. Podría sentarme a esperarte tranquilamente mil días si tuviera la plena convicción de que el día mil y uno ibas a estar aquí para abrazarme.

Y no quiero otorgarme ningún derecho a pedirte nada. Porque sobran las demandas y el juego consiste en fluir, nada más. Pero sí me gustaría que de vez en cuando me miraras por dentro y atendieras lo que casi no me atrevo a repetirte: que no te alejes, que respires todo lo que tengas que respirar, pero que continúes ahí, en los alrededores de lo nuestro, que te des una vuelta y me mires así, como tú sabes hacerlo para calmar mis ansias, que me des un abrazo, que me hagas el amor hasta que nos cueste respirar y me dijeras que todo está bien, que me quede tranquila. Que te abrieras otro poco, que derribaras otro muro, que te entregaras otros minutos, que te acercaras y me inundaras de besos, esos de los que creo he empezado a enamorarme, porque son nuestros, porque nadie en este mundo sabe ni puede besar como nosotras lo hacemos.

Y porque cuando estás tan cerca me lleno de ti, y entonces te disfruto, y te vivo, y te sueño, y te quiero, y suelto todos los frenos para seguir queriéndote... hasta donde lleguen las emociones y los sentimientos... hasta el final.


martes, 22 de abril de 2014

VETE A LA MIERDA UN RATO

Todo está en su sitio y de repente, sin motivo y sin avisar, se descoloca y decolora nuestro mundo. Todo pasa en un segundo y nunca encuentro el porqué ni la causa de tanto naufragio. Estoy hundida. Tengo un nudo en la garganta permanente, ganas de llorar cada vez que pienso en ti, en lo que nos estamos convirtiendo, en lo difícil, lo casi imposible que es llevar esto hacia delante. Tengo un montón de emociones negativas, primero me sale la ira cuando siento que me atacas con la crudeza de tus palabras, después me repliego y nace el llanto de impotencia. Luego, luego qué mas da lo que haga, si me vas a colgar igual.

Y llega el momento en el que contundentemente dices querer terminar con esto, porque nos hacemos polvo, porque no nos aportamos, porque nos genera estrés, ansiedad, dolor, rabia, frustración. Porque te sientes una hija de puta conmigo y también víctima de mis actitudes y reacciones. Tú tienes tu versión que no tiene nada que ver con la mía. Tú dices blanco y yo negro. Pensamos lo mismo pero con los papeles invertidos. Según tú, debo ser yo la que se equivoca. Según yo, eres tú quien no lo hace bien del todo. Todo el rato así. Contradicciones por todas partes. Dolor en cada poro de mi piel. Hartazgo. Ansiedad. Ganas de mandarlo todo a la mierda.

No servimos para comunicarnos de otra forma que no sea mirándonos a los ojos. El teléfono y el whatsapp nos odian a muerte. Todo son discusiones, malas interpretaciones, tonos sin tono capaces de cambiar el humor, palabras sin voz que rompen la armonía. Pasamos de hacernos el amor al oído a los reproches en décimas de segundo. Y yo no entiendo nada. Se me escapa todo. No sé qué hago, qué digo, no sé qué te ofende tanto, qué te hiere, qué te saca de quicio para que me devuelvas la revancha con veneno en tu lenguaje y tus maneras. Entonces me matas y entramos en guerra, de la que siempre, casi con toda seguridad, salgo derrotada. Ahora que había aprendido a templarme y a presumir de autocontrol, ahora que estaba en paz conmigo misma, ahora que me sentía libre. Ahora llegas y me arrebatas mi calma y pierdo la cordura y el sentido. Y entonces es muy posible que los nervios me jueguen una mala pasada, porque entro en tus juegos, entro en tu bucle y tu en el mío, y así nos liamos, nos herimos y nos odiamos, hasta que pasamos a la fase de reconciliación y vuelta a empezar el ciclo.

¿Quién lleva la razón en tanta batalla sin tregua? No pretendo otorgarme el mérito de aguantar lo inaguantable, pero bien es cierto que aquí sólo puedo contar mi versión, que es mi verdad y de la que no puedo bajarme, no por cabezota, sino porque todavía estoy medio coherente y medio cuerda para ser consciente de todo lo que está pasando. Tal vez un día de estos pierda la lucidez y hasta crea que yo tenga la culpa de tanta mierda. Por eso me repito a mí misma una y otra vez que debo tener la conciencia bien tranquila, porque no he hecho sino cuidar con todo mi corazón a esta niña que ya se me va de las manos. He cometido errores, pero también sé que he dado lo mejor de mí, que me he entregado, que he intentado darle lo mejor y que siempre ha sido mi prioridad, incluso por encima de mí. Pero no atino a saber qué nos pasa, por qué se rompe la magia cuando estamos lejos, por qué nos partimos el alma y destrozamos día tras día una relación que podía llegar a ser preciosa si no fuera por la cantidad de gilipolleces y absurdeces que nos regalamos.

Mi teoría es que tenemos ritmos totalmente diferentes y no nos encontramos en el mismo momento. Ella sale de un infierno del que intuyo está un poco a años luz de levantar cabeza y yo voy con la fuerza y la pasión de una adolescente. Ella tiene poco que ofrecerme y un corazón partido que yo no puedo recomponer ni medio curar. Creo que es algo tan simple como eso. Lo único que yo siento es que cada día estoy más desanimada, más rota y más loca. Y me duele horrores no poder hacer absolutamente nada. Lo peor es que sé, a ciencia cierta, que debería poner distancia de por medio, dejarla respirar y respirar yo para evitar ahogarme más, centrarme en mis cosas y cerrar su puerta durante un tiempo. Pero de momento, he sido incapaz de dar ese paso, me mantengo en la insensatez de mantenerme ahí, firme, mojándome y empapándome en cada temporal y cada viento huracanado que me roban toda la razón.

Llevo cuatro días desconsolada, llorando, con cambios bruscos de humor, con mal carácter y pésimas reacciones hacia quienes menos se lo merecen. Tengo una taquicardia constante, prácticamente las 24 horas del día, apenas duermo y controlo menos. Ni ocho mil sesiones de terapia podrían darle una vuelta a esta impotencia. Estoy frustrada porque no sé, juro que no sé lo que está pasando, que no entiendo nada. Que cada cosa que hago o digo siento que es juzgada y mal interpretada. Que cada vez que me acerco a ella me doy la vuelta hecha polvo. Que cuando me relajo y vuelvo a intentarlo, termino peor de lo que estaba. Y soy una cobarde por no retirarme.

Estos días me he sentido muy mal, controlada, vapuleada, poco querida, condenada, censurada. Lo siento Rubia, lo siento mucho, no sé si te hablo desde el dolor o el sentido común, pero es tal cual me siento. Te he invitado a sentarnos juntas y unificar criterios, que en vez de gestionarlo cada una por su lado, lo hagamos las dos juntas. Pero estás en tus trece y ya no crees en nada. Y no quieres verme porque ya no hay nada de lo que hablar. Aún así, recojo mis restos y vuelvo a plantarme delante de ti con la esperanza de que puedas vencer a tu orgullo y ver un poquito más allá de tanta mierda y recapacites y quieras sentarte conmigo, por una vez, a analizar lo que nos está pasando, desde el principio hasta el final. De momento ganan tus huevos y no tu corazón, así que, como si no tuviera suficiente, me brindas una dosis de incertidumbre que me termina de desmontar y me hace claudicar hasta una nueva entrega de pasión y vía crucis, ahora que cerramos la semana santa.

ME QUIERO MARCHAR, pero no sé qué fuerza de la naturaleza me hace mantenerme en un barco del que no quiero saltar y que no encuentra más futuro que el de naufragar como sigamos por el mismo rumbo equivocado. Me quiero marchar pero aquí sigo, sintiéndome una gilipollas, callada porque no puedo gritar, tragando porque cualquier palabra que sale de mi boca es un ataque, una embestida, un combate de dardos envenenados que se disparan a matar. Nada más lejos de la realidad. La misma película vivida de manera completamente opuesta. La duda sobre el origen de los males. El caos emocional de la rubia. Su orgullo. Mi impaciencia. Mi mala gestión de emociones negativas. El no entender nada. Mis ganas de mandarlo todo a la mierda. La tristeza. La impotencia. No quiero más mierda en mi vida, no quiero sufrir más, ya no.

Pero, ¿qué hay de cuando estamos juntas? Somos dos personas diferentes, jamás hemos discutido, jamás nos hemos tirado un trasto a la cabeza. Sólo tenemos tiempo para querernos y devorarnos, para darnos cosas buenas, para protegernos y cuidarnos. Sólo queda tiempo para nosotras, para crecer y caminar juntas, para entregarnos. Entonces, ¿es la distancia la que nos llena de confusión? ¿Por qué cuando nos vemos todo es simplemente perfecto? ¿Por qué cuando nos separamos apenas nos aguantamos? ¿Merece la pena esta montaña rusa? ¿Cómo se gestiona algo así para salir adelante? ¿Por qué vamos de 0 a 10 y de 10 a 0?

¿Alguien sabría explicarme qué cojones está pasando?

lunes, 14 de abril de 2014

TRANQUILAMENTE NERVIOSA

Estoy tranquila y nerviosa. Tranquila porque me has llenado los bolsillos de un montón de miradas y palabras antes de irte para así mantenerme en calma. Nerviosa porque sólo pensar en ti me pone nerviosa, por las ganas que tengo ya de verte y porque al verte me muero. Porque después de no sé cuántos encuentros me sigo muriendo de nervios y de vergüenza, y miro a todas partes menos a tus ojos, que aguardan cálidos e impacientes a que en un arrebato de valentía me anime por fin a cruzarme contigo.

Nerviosa porque te miro y me gustas. Y porque te miro otra vez y me gustas más. Y así todo el rato. Y porque no me quito tu olor de mi cuello, que me traslada a ti casi temblando. Y porque adoro estas agujetas y este golpe en la rodilla que me recuerdan mi osadía para posar mis cinco sentidos dentro de ti. O tu sabor en mis manos, que no es sino el rastro que dejas cuando te pierdo de vista para volver a buscarte.

Tranquila porque sonrío y así sé que estás tranquila. Nerviosa porque imagino una ducha y una cama contigo para devorarnos sin horarios y perdernos sin más límite que la extenuación más absoluta.

Tranquilamente nerviosa te espero, con las ventanas abiertas para que corra un aire fresco que te cale el alma hasta embriagarte de paz. Con ganas, con paciencia, con pasión y toda la dulzura que soy capaz de darte. Para cogerte de la mano. Para soñarte. Para aliviar tus heridas. Para quererte.

sábado, 5 de abril de 2014

MENSAJE DE WHATSAPP


“No lo entiendo, es q no lo entiendo. Te comprendo, pero no puedo asimilar de un día para otro q todo esté bien y luego mal, q esté contenta y luego triste, q me levante rota y con unos nervios en el corazón q me ahogan.. No asimilo q después de todos estos días q tanto nos han unido, en los q hemos compartido tantas cosas, tantas emociones, se queden a cero. Sé q no pretendes hacerme daño, pero siento un dolor inmenso q no sé controlar ni calmar. No puedo gestionar tanto cambio de circunstancias ni de estados de ánimo, me cuesta horrores tener q alejarme así, con esta incertidumbre q me desorienta tanto, q me quema x dentro y q me impide ver nada claro. No sé pasar los días como si nada hubiera pasado, retomar mi vida con absoluta normalidad como si tuviera el poder para hacerlo, como si fuera tan fácil despojarme de recuerdos y sentimientos. No tengo un manual de instrucciones q me diga cuál es el siguiente paso, qué hacer, en qué pensar, cómo afrontarlo. No sé dónde enterrar nuestros planes ni olvidar tus miradas. No sé cómo hacer oídos sordos cuando me hablas en pasado y dejas entrever un silencio permanente. Nunca he soportado tus silencios, y ahora, ahora q te has metido bien dentro, se me hace inaguantable no saber de ti. No entiendo por q arriesgué sabiendo q podía pasar esto, pero no sé ser de otra manera, no me castigo por ello y no me planteo si podría haberlo evitado, pero ahora no encuentro herramientas para dejarlo pasar como si tal cosa. Me niego a pensar q fue bonito mientras duró y a quedarme con todo lo bueno, porq mi cabeza no puede asumir q te vas. Me pierdo entre tanto cambio y tanta inestabilidad, me doy cabezazos porq ya no sé qué creer, porq quiero creerte y ya dudo de todo y quiero todo y no quiero nada. El dolor me hace desconfiar y no ser objetiva. Quiero despertar y no recordar nada. Necesito estar tranquila y no sé cómo hacerlo. Necesito retener tus mensajes pero se diluyen por el camino. Necesito creer en ti pero me puede la rabia. Necesito encontrarme. Dormir tranquila. No echarte de menos. No pensar q volverás a buscarme. Pensar en mí, ser egoísta. Apartarte de mí si tú me apartas. No esperarte. Desaparecer. Llorar, descargar. Canalizar. Asimilar. Correr. Entender. Huir. Desplazar la mirada y el pensamiento. Subir la cabeza. No enfadarme conmigo. No olvidarme de quién soy.

No esperaba ser un revulsivo ni una profunda ilusión q te sacara de tu abismo. Ni salvarte. Ni siquiera he hecho un sólo esfuerzo por tratar de gustarte. No he intentado seducirte, ni sorprenderte ni deslumbrarte, lo cual me hace saber q he sido transparente y fiel a lo q soy al cien x cien. No me he disfrazado de algo q no soy ni he buscado tu admiración. Me alegra saber al menos q he sido pura esencia contigo. Es lo único q podría darme una mínima tranquilidad. Pero tal vez no ha sido suficiente el aire q has respirado conmigo, seguramente no te haya llegado tan dentro ni tocado el alma siendo como soy, y eso escuece mucho.

Si bien esto podría parecer otra entrada del blog, no son más q pensamientos en voz alta sin hilar y probablemente sin sentido. Además, en el blog siempre guardo una frase para terminar que sentencia todo lo anterior. Aquí, otra vez, me quedo sin palabras. No sé qué decirte, si sí, si no, si blanco o negro. No sé acabar porq entiendo q no quisiera acabar.. mejor así. Aunque nunca está de más decir lo siento, siento si mi dolor y mi rabia se expresaron por encima de mi corazón y te hice daño. Y gracias, gracias por mostrarme parte de la magia y la pureza de tu alma y compartirlas conmigo”.

Enviado desde mi iPhone

miércoles, 26 de marzo de 2014

LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL LENGUAJE NO VERBAL

Deberían bastarme tus miradas y, sin embargo, me faltan las palabras. Las que no sirven ni ofrecen garantía de algo porque se las lleva el viento, las que caen al vacío y se pierden entre silencios que no demuestran nada. Necesito leer tus ojos, traducir tus besos y descifrar cada uno de tus abrazos para saber mucho más de lo que unas simples letras pueden expresar. Esa guerra continua entre la perfección de tu lenguaje no verbal y la carencia de tu lenguaje verbal.

Tú callas y me haces callar, porque si digo algo y tú no dices nada, mi voz quiere desaparecer o volver atrás para no volver a pronunciar alguna imprudencia de las nuestras, algo que ni por asomo hable de sentimientos. Porque ni tú ni yo queremos saber nada del amor, aunque se nos vaya la vida en ello. Y me callo mucho más de lo que te enseño para que no te asustes, lo justo para que leas que te cuido sin invadirte, te miro sin agobiarte y te espero sin desesperarme.

Dicen que el lenguaje no verbal expresa más del 80% de la información que transmitimos al receptor. Y yo me empeño en buscarte detrás de las pocas palabras que te animas a revelarme. Parece que olvidara todas las cosas que me cuentas cuando te quedas mirándome en silencio más minutos que segundos. Y eso que es inexplicable describir, también con palabras, lo que creo que sientes y me haces sentir. Vuelo y me pierdo en ti y contigo, suspiro porque percibo tu esencia que no engaña y me apuro al besarte por si se acabara el tiempo entre tus brazos.

Sigues robando mi tranquilidad cuando te dejo arropada cada noche y por la mañana te vas sin avisar. Te resistes a desayunar conmigo y tal vez apareces, rezagada, a tomarte un café rápido y sin liarte demasiado, por si acaso no puedes detener el impulso de quedarte. Queremos quedarnos y, sin embargo, salimos corriendo en direcciones opuestas cada vez que nos acercamos, cuando saltan las alarmas y nos recordamos que algo se está moviendo por dentro. Yo acelero más y tú pisas más el freno. Entonces es cuando te escapas y ahí te dejo libre, respirando, suspendida en un aire confuso que se va tornando más claro y seguro, y es entonces cuando decides volver. Hasta que llegue otra mañana en que te marches sin avisar.

Y entonces qué hago yo sin tus palabras, cómo grabar a fuego cada una de tus miradas para recordarlas cuando tenga miedo y me haga pequeña. Cómo sentir tu boca en la distancia y tus manos en mi cara si tú no estás. Cómo olerte, saborearte, recorrerte y no parar de desearte si mi café se queda frío esperándote. Cómo sentir que estás aquí conmigo, sin estarlo. 

viernes, 14 de marzo de 2014

CÓMO TE ECHO DE MENOS

Se hace el silencio. Abrupto. Limpio. Honesto. Doloroso. No estoy de acuerdo, pero es tu decisión y la respeto. Necesitas tiempo. Para recomponerte y entregarte. Para salir a flote y volcarte. Para protegerte y curarte. Para saber algo más que nada.

Te echo jodidamente de menos. A pesar de que ese muro al que nos sometes se alza por segundos. No trato de treparlo, aguardo tras él todo lo mansa que sé ser, a veces en pie y otras con las rodillas clavadas en el suelo mirando hacia arriba por si asomaras la cabeza.

Yo también guardo el silencio que me has pedido. No te sigo ni pregunto por ti. No te escribo, no me empeño en saber de ti. Vigilo el móvil de reojo y con disimulo, más callado que nunca. Miro tu foto y sonrío, y suspiro, y me escueces, y te vuelvo a echar jodidamente de menos. No estás y, sin embargo, no te has movido del mismo sitio, pero no me dejas llegar a ti.

Tampoco quiero dejarme ver y que hablen mis silencios. Simplemente, confío en tu llegada cuando menos me lo espere. Y que me des esa sorpresa que tenías guardada para mí con la misma emoción que transmites al abrazarnos. Y que te plantes cualquier tarde en mi puerta.

Tus ruinas nos lo ponen difícil. Tienes miedo a llorar cuando ni siquiera terminas de secarte las lágrimas, miedo a soñar cuando aún no despiertas de tu pesadilla, miedo a hacerme daño con tus flechas y escudos, miedo a vagar entre nieblas cuando aún no encuentras la salida a tu laberinto, miedo a sufrir cuando todavía estas sufriendo.

Cómo cuidarte sin que me huelas, cómo guardarte los besos sin que me sientas, cómo estar a tu lado en alma. Y te espero con la misma paciencia que impaciencia y tan vacía como llena mientras hilas los retazos de tu vida y reconstruyes cada pequeño trozo de un corazón que apenas respira.

Vuelve pronto, no te imaginas cómo y cuánto te echo de menos, niña.

sábado, 8 de marzo de 2014

CAL Y ARENA

Los encuentros se alargan entre silencios y miradas que dicen todo. Resulta que piensas como yo, que te doy una de cal y otra de arena. Me has copiado mi resumen sobre ti. Tal vez tus emociones sean muy parecidas a las mías, pero tú, fiel a tus barreras, las callas mientras yo les pongo voz. Echo de menos tus devoluciones, ese gesto de complicidad que afirma que vamos a la par y mantenemos el mismo ritmo. Pero a veces callas tanto que me vuelvo loca pensando si todas las sensaciones que recorren mi cuerpo y mi cabeza son las mismas que sientes y padeces tú.

Después de cada noche en tus brazos sin despertar en ellos, me levanto con una especie de resaca emocional que acentúa la ausencia de tus señales de humo. No desapareces, pero apenas dejas unas cuantas migajas de pan que me hacen seguirte desorientada. Y me desordeno otra vez cuando intento acceder a tu pensamiento, que no dice nada. Me desordeno porque acostumbras, sospecho que de forma inconsciente, a salir corriendo un rato para luego volver al punto donde nos habíamos quedado. Intuyo tu necesidad de respirar lejos de mí para amueblar pausadamente toda esta montaña de emociones que revives cada vez que nos acercamos y nos miramos a los ojos.

Lo cierto es que, en determinados momentos, me comen las dudas aunque después consiga apaciguarlas. Y te dejo de sentir tan rápido como te vuelvo a sentir. Y cuando me callo por prudente, eres tú la imprudente que hace que me deje llevar otra vez al compás que van marcando nuestros miedos y nuestras ganas. Y al final siempre nos encontramos en cada beso y todo fluye, y sobra todo.

Para paliar estas dudas momentáneas, echo mano de todos esos instantes en los que me pides que te abrace y que no deje de abrazarte, de esa tranquilidad que siento cuando te quedas dormida encima de mí como un bebé que no entiende de dolor, de tus besos interminables, de tus cálidas caricias, de esa mirada que me parte en dos y de tus palabras cuando te atreves a expresar lo que sientes. Y lo haces con cautela porque tu alma herida no te permite más. Y trato de comprenderte, respetarte y apoyarte.

Cuando me notes perdida, recuérdame que tu corazón está hecho trizas, que apenas tienes nada que ofrecerme porque te dejaron exhausta y vacía. Recuérdame que estás hecha de escudos y capas, que sacas la espada porque tienes miedo a que te hieran más, que lloras por dentro aunque rías por fuera, y que tu cama y tu alma están en ruinas. Recuérdame que te disfrazas de coraza para protegerte, que eres inaccesible por obligación, fría porque temes calentarte y dura para poder respirar. Que das un paso adelante y dos atrás porque no te hace bien complicarte, porque hay demasiado que curar y no menos que romper y enterrar. Recuérdame que tu implicación es mínima no porque no quieres sino porque no puedes, porque no sabes nada. No sabes dónde estás ni hacia donde ir. Apenas piensas, sólo vives, disfrutas e improvisas y, cuando nadie te ve, luchas contra tus fantasmas.

Háblame y recuérdame todas estas cosas cuando me veas flaquear. Porque será casi la única forma de no dejar de estar a tu lado.


sábado, 1 de marzo de 2014

CLICK

Contaba con el dolor de cabeza de la resaca, pero no con esta especie de extraño vacío que me está provocando tu ausencia en estas horas muertas en las que procuro no saber de ti. En todo este tiempo, he sabido torear con cierto atino el vendaval de emociones que me suben y me bajan cada dos por tres de las nubes al subsuelo y viceversa. Pero hoy, la cabeza me ha hecho un click que me está volviendo loca de inquietud. Temo empezar a perder las riendas, temo que me gustes más y me disgustes menos. Temo mirarte y no volver a ver ese brillo en tus ojos que dicen más de lo que quiero escuchar por si las emociones se convierten en sentimientos. Casi estaba convencida de que si alguien se iba a complicar la existencia no sería yo aunque fuera injusto, y eso me hacía estar tranquila. En cuestión de horas pienso todo lo contrario y me da pánico pensar que seré yo la que en algún momento empiece a necesitarte, incluso a no ser correspondida. Casi tenía claro que esto explotaría algún día, que nos cansaríamos de tanto dolor innecesario y que terminaríamos eligiendo caminos opuestos por una cuestión de supervivencia. Tú eres más práctica, más lista y más racional que yo. Y por primera vez me siento vulnerable y apta para sufrir más de lo que jamás hubiera imaginado. He jugado con el morbo y con un montón de emociones, algunas divertidas y otras más oscuras; lo cierto es que llega un momento en el que dejas de controlar el juego porque entiendes que algo tan pequeño y sin importancia ha pasado a transformarse, de repente, en algo más grande y sincero. Y es ahí cuando la cagas de verdad.

Lo que iba a ser un encuentro sin más entre dos personas que sólo pueden entenderse cara a cara, terminó convirtiéndose en una nube de doce horas sin parar llena de agradables sorpresas. Tal vez lo menos asombroso fue ese último momento en el que ya no podíamos con nuestros cuerpos, repletos de alcohol y rotos de cansancio. Fue lo menos reseñable. El resto fue magia pura, esas largas miradas de deseo y complicidad, los abrazos en la fría noche, los interminables besos, tú sobre mí y yo, tímida, escondiéndome de ti. Nos contamos un montón de cosas y nos regalamos confidencias y experiencias. La cerveza también tuvo su encanto, aunque luego desencantara el final.

Y yo me pregunto, ¿cómo se hace para que alguien que empieza a gustarte te deje de gustar? ¿En qué momento hay que frenar para evitar sufrir? ¿Por qué si antes pensaba que tenía todo bajo control ahora creo que se me ha ido de las manos? Quiero parar, quiero olvidar, quiero fingir que no ha pasado nada, que todo está bien, que fue emocionante y divertido, pero sin más, sin más pretensión que la de dos personas que se han cruzado un momento y han compartido minutos especiales, pero sin más. Y que aquí me quiero plantar, porque mi paso no es firme sino dudoso, porque necesito protegerme para avanzar y no perderme en alguien que ni siquiera sé si podría perderse en mí. 

Necesito procesar y, sobre todo, respirar.

jueves, 27 de febrero de 2014

HOLA Y ADIÓS

Ya me dueles y apenas te conozco. Tres noches, cuatro abrazos y cinco besos. Pronto para que me importes, pronto para que te marches. Desgarradora nuestra falta de entendimiento, tanto como nuestra pasión. Hablas de incompatibilidad con la misma frialdad que bebes cerveza. No pareces inmutarte cuando te reclamo y al segundo me hablas de amor como si se te fuera la vida en ello. Piensas tanto en mí que arranco con rabia cada día de mi calendario y me haces tanto daño que busco huecos para verte. Tú y yo deberíamos entendernos a la perfección y, sin embargo, tú eres del polo norte y yo del polo sur, tan opuesta como igual a mí. Tan diferente a lo que aspiro, tan fiel a lo que busco. Vas dejando tu olor allá por donde paso menos cuando quiero olerte y sentirte dentro de mí. Rompes la balanza decidiéndome por ti y enseguida cambio de opinión. Te quiero tan cerca como lejos en mi vida. Me haces daño y bien. Tan pronto me abro a ti consigues cerrarme. Tan pronto me desnudo me dejas la ropa en la puerta. Me calmas tanto como me brotas. Te echo de menos tanto como te echo de más. Me hablas de dramas cuando debería ser una comedia. Me cuesta creer que nos vaya así, de higos a brevas y de pascuas a ramos; que nos queramos así de mal, que afinemos la puntería al tirar los dardos, que nos regalemos rosas en cada esquina. Me cuesta ver, entender y comprender que nos vaya tan mal, que la realidad se convierta en una milésima parte de lo que será nuestro recuerdo. Porque en el fondo, sabemos que hubo algo. Lástima que ese algo no fuera lo suficientemente fuerte como para habernos molestado en mirarnos por dentro y poder llegar a hablar, entender y compartir el mismo idioma.

viernes, 14 de febrero de 2014

INTOLERANCIA CERO

Hacía mucho tiempo que no me sentía atacada. Tal vez no hace tanto que me atacaron, pero digamos que de un tiempo a esta parte estoy aprendiendo a que me resbale la mayoría de las cosas que puedan herirme. Es una cuestión de autoestima y supervivencia. Como alguien ose a ofender mi renovado autoconcepto me lo como con patatas. Y mira, siempre hay personajes por ahí dispuestos a tocarte las narices un rato. 

A estas alturas de la historia y de la existencia de la vida, me sorprende que haya gente tan sumamente extremista, intolerante, intransigente, ignorante y fanática de una ideología, opinión u opción de cualquier índole. Y he descubierto que ni los buenos son tan buenos ni los malos son tan malos, que en todas partes cuecen habas y que no hay mejores ni peores, ni rojos ni grises ni azules que valgan. 

A lo largo de toda mi vida he sobrevivido en un ambiente horriblemente conservador, tradicional y ultracatólico. Obvio decir que en un entorno de esas características jamás me sentí como pez en el agua sino ahogada, perturbada, condicionada y presionada por las apariencias y el qué dirán. Sin entrar en el dolor que todo eso conlleva y haciendo un esfuerzo por intentar ser lo más objetiva posible, es justo y necesario decir que en el camino me topé con gente maravillosa que supo comprenderme y aceptarme antes de que me aceptara yo misma. Ser diferente es la putada más grande que me han hecho en la vida, sobre todo porque no viví la adolescencia y juventud que toda niña hubiera querido tener. Y me cagué en todos los muertos de la gente que pensaba que personas como yo debíamos morir quemados en una hoguera o desterrados en la isla más perdida del planeta. Tal vez por eso empecé a simpatizar con la gente que no sólo toleraba sino que además respetaba y apreciaba el derecho a ser uno mismo por encima de todas las cosas. Pero también a este lado había un fanatismo que me ponía los pelos de punta.

El hecho de haber convivido con ambos polos me ha hecho ansiar una prudencia moderada a la hora de forjar mis valores. Con el paso del tiempo, me he ido convirtiendo en una pacifista de ideas, la suiza de un mundo divido en dos y, sobre todo, una defensora a ultranza del derecho a la libertad de expresión. Me he dado cuenta de que aquí vamos todos contra todos, que si no estás conmigo estás contra mí, que si tocas lo mío te mato y que si no piensas como yo eres un gilipollas. Siento auténtico asco por la gente intolerante, incapaz de respetar la opinión de los demás, sean del color que sean. Siento total y absoluta repugnancia por esa gente que va de liberal y son los más retrógrados, y por toda esa otra gente que va de cristiana y son los más falsos e hipócritas.

A lo largo de estos días, con todo el tema de la famosa Ley del Aborto no he hecho más que escuchar barbaridades y demás salvajadas a propósito de la polémica que se ha generado en nuestro país sobre el derecho a decidir de las mujeres. Y me he llevado algunas decepciones. La parte mala de conocer a gente de dos bandos completamente opuestos es que, al final, la vena radical emerge de todas partes. La rabia que siento es la misma para aquellos que llaman asesinos a los que defienden el derecho a decidir y a hacer con el cuerpo lo que uno quiere, y para esos otros que desean que los "defensores de la vida" sufran todo tipo de vejaciones tales como violaciones, o mejor aún, sufran un aborto no deseado durante el embarazo o al final de éste. Esto es el colmo de la animalada, la atrocidad más desmesurada y la falta de respeto más intolerable por los demás y por uno mismo.

Lo bueno de moverse entre dos aguas es que uno aprende a valorar el término medio como virtud, a saber pelear entre las garras de los extremos y escapar de la comodidad del grupo que te protege. Lo grande es hacer malabarismos en una finísima cuerda y mantenerse en equilibrio después de haberte mareado toda la vida dando tumbos de un lado para otro. El sentido común y la mayor de las lógicas se encuentra allá donde se conserva la razón, en medio de la coherencia y la diversidad, en el centro de veinte mil opciones y colores, sin menospreciar la diferencia y respetando siempre la libertad de expresión ajena. Nadie es mejor ni peor por tener una opinión u otra, lo importante es defender tu argumento sin herir a tu contrario.

Y no, no me ha salido el post que esperaba. Iba a contar por qué me había sentido atacada, y al final... al final casi me marco un mitin totalmente improvisado. Así que ya tengo historia para otro blog.

jueves, 16 de enero de 2014

ANTES DE DORMIR...

Soy lo peor. Sé que me tengo que levantar a las 6:30, pero aquí estoy con la ansiedad de querer acostarme y no morirme mañana en el intento, la ansiedad de llevar a cabo la disciplina de escribir y, finalmente, la ansiedad de expresar en dos líneas cualquier cosa, lo primero que se me venga a la cabeza. Me abruma tanta inquietud de golpe.

Hoy me preguntaba, por millonésima vez, si las cosas pasan porque tienen que pasar. Si las vidas que una vez se separaron pueden volver a cruzarse. Si todo lo que ocurre es fruto de la casualidad o la causalidad. Si existe el destino o forzamos la marcha. Si el presente es la consecuencia de nuestro pasado y el antecedente de nuestro futuro. Si el cielo es azul y el amor cosa de ingenuos. Si es bueno mostrarse frágil, si es bello enseñar la esencia aunque nos haga vulnerables.

Hoy pensaba si merece la pena ser uno mismo al cien por cien, sin capas ni barreras. Sin máscaras. Totalmente limpio. Si la transparencia es una arma de doble filo, la autenticidad del ser y la debilidad de la delicadeza.

Hoy he sentido rabia, ira, impotencia, mierda, tristeza, decepción. Pero también he sentido alegría, ilusión, entusiasmo, tranquilidad, seguridad. La ambivalencia de la asquerosa y bonita vida.

martes, 7 de enero de 2014

TENGO QUE ESCRIBIR MÁS

Cada día me lo recuerdo: debería escribir más a menudo. No cada dieciocho años, como ahora. Y digo DEBERÍA porque tendría que tomármelo como una obligación. Básicamente por dos motivos:

1) Escribir cada poco tiempo me daría la disciplina que necesito. Porque la pasión sí entiende de normas. Si progresivamente vamos dejando de hacer algo que nos apasiona, las ganas y la motivación se van perdiendo. Hacer algo que nos guste no es equivalente a querer hacerlo a todas horas, sino que precisa de un orden, de una educación, de cierto rigor. El amor al arte por las cosas esconde un duro entrenamiento, un esfuerzo, gotas de sudor. Y yo, que peco de caótica en ciertos aspectos, a veces necesito impulso y sacrificio incluso para mis pasiones. Así que, a partir de ahora, quisiera autoimponerme mis propias reglas, eso sí, para cumplirlas. Esto es, escribir más, aunque sea para decir dos tonterías y media; prefiero que me tiren tomates a dejar el folio en blanco.

2) Escribir, aunque sean esas dos tonterías y media, me ayudará a recordar. Y es que, de un tiempo a esta parte, tengo la sensación de que estoy perdiendo la memoria. No quiero tomármelo como algo serio, aspiro a pensar que tengo demasiada información en la cabeza, o que estoy dispersa, o que tengo una memoria extraordinariamente selectiva... algo así. Jamás creeré que tengo lagunas mentales porque empiece a sufrir cierto deterioro cognitivo. Eso es impensable. Lo cierto es que me estoy dando cuenta de que cada vez me acuerdo menos de cosas que ocurrieron tiempo atrás. Y me refiero a cosas relevantes, significativas, de las que es imposible borrar de la mente de quien las ha vivido. Me asusta pensar que, poco a poco, mis huellas en esta vida se irán difuminando y que cada vez tendré menos que contar, porque no podré recordarlo. Soy mucho de escribir en cualquier papel lo primero que se asoma por mi cabeza, pensamientos, emociones, sentimientos... El otro día leí miles de palabras que he escrito en muchos momentos de mi vida, de hace años y más actuales. Y se me encogía el corazón al leer cosas que no podía reproducir en mi mente, que no podía imaginarlas porque las había olvidado completamente. Es por ello por lo que querría escribir más a menudo, para dejar plasmadas las cosas que sueño y siento, para leerlas una y otra vez y poder combatir esos despistes de amnesia sin el riesgo de perder la memoria, y después la cabeza.

jueves, 2 de enero de 2014

EXPECTATIVAS Y DECEPCIONES

Ya lo decía Confucio: "Exígete mucho a ti mismo y espera poco de los demás. Así te ahorrarás disgustos".

Pero es inevitable esperar. Y a pesar de tanto disgusto, pocas veces bajamos el listón, nos seguimos creando expectativas aun sabiendo que no seremos correspondidos al mismo nivel. Tenemos esa imperante necesidad de creer en esas personas más rezagadas que ya se despistaron alguna vez o que incluso nos fallaron. Esas personas a las que le damos cien mil oportunidades y siguen regalándonos decepciones.

De todos estos remolones, a mí los que más me molestan (y me duelen) son los que se tiran no sé cuánto tiempo llorando en tu hombro día y noche y de repente desaparecen de la faz de la tierra. Ésos que se olvidan de que existes cuando todo les va de lujo. Ésos que te felicitan el año con dos palabras después de tú haberles escrito un parrafón con tanto cariño. Ésos que sufren de amnesia al no recordar ni valorar las veces que estuviste ahí escuchándoles, animándoles, apoyándoles, haciéndoles entrar en razón... aguántandoles. No sé si es que son egoístas y les importa un carajo lo que en su día hiciste por ellos, o simplemente se han quedado sin memoria, si es que alguna vez la tuvieron.

Esta gente me molesta y mucho. Porque, por una cosa u otra, alguna vez les cogí cariño y es un afecto sincero que se mantiene en el tiempo por encima de todas las cosas, independientemente del estado de ánimo. Yo no soy de coger pañuelos y tirarlos según se me pase la pena. Pero parece ser que por ahí están estos rezagados que ni siquiera reparan en saber el daño que causan, porque nunca han sido capaces de pensar en los demás, o bueno, sí, sólo cuando necesitaban descargar sus iras y sus tristezas.

La de veces que trato de interiorizar lo de las expectativas, el gran consejo de Confucio advirtiéndonos de grandes decepciones... pero qué difícil es perder la esperanza de que cualquier día, en algún momento, recibiremos el gesto o la palabra que esperamos de aquéllos que tan poco nos demuestran y tanto nos hacen sufrir.

miércoles, 1 de enero de 2014

TORMENTA DE NOMBRES

He cerrado 2013 vistiéndome de amarillo para llevarle la contraria a la superstición. He roto mi dieta psicológica cenando solomillo hasta reventar. En contra de mis propósitos para el nuevo año, he decidido continuar con mi onicofagia. Apenas he escrito unos mensajes de fin de año, prefiero felicitar lo que está por llegar.

A partir de las 00:01 del día 1 de enero de 2014 mi cabeza ha sufrido una tormenta de nombres. Son minutos, horas, en los que uno se acuerda de un montón de gente, tanta, que al final tiene que echar mano de la agenda de contactos del móvil. Pero hay nombres en los que ya piensas incluso antes de las uvas, porque siempre están ahí. Algunos por derecho, otros por narices y otros que sobrevuelan nuestra mente sin merecerlo. 

Luego llegan los whatsapp. Primero a los que se te han adelantado para felicitarte el año y después a las personas más especiales. O los que escribes con cierto temor a no ser respondidos, en un intento por sellar la paz y acortar distancia con quien tienes un conflicto que perdura en el tiempo. Cada 1 de enero es el mejor día para hacer un nuevo amago por llevar a buen puerto los asuntos pendientes. Aunque luego te manden a la mierda, pero por ti no será.

Tal vez releyendo los contactos del teléfono nos resuenen nombres que teníamos perdidos u olvidados. Y que de repente, nos remuevan por dentro. Al fin y al cabo, es el único día del año en el que dedicamos un segundo de nuestra existencia a acordarnos de todo el mundo, aunque sea con una agenda por delante. Quizás así, sin esperarlo, podamos recuperar cosas del pasado que ya dábamos por perdidas. Quién sabe.

Me seduce intentarlo.

FELIZ 2014.