miércoles, 1 de enero de 2014

TORMENTA DE NOMBRES

He cerrado 2013 vistiéndome de amarillo para llevarle la contraria a la superstición. He roto mi dieta psicológica cenando solomillo hasta reventar. En contra de mis propósitos para el nuevo año, he decidido continuar con mi onicofagia. Apenas he escrito unos mensajes de fin de año, prefiero felicitar lo que está por llegar.

A partir de las 00:01 del día 1 de enero de 2014 mi cabeza ha sufrido una tormenta de nombres. Son minutos, horas, en los que uno se acuerda de un montón de gente, tanta, que al final tiene que echar mano de la agenda de contactos del móvil. Pero hay nombres en los que ya piensas incluso antes de las uvas, porque siempre están ahí. Algunos por derecho, otros por narices y otros que sobrevuelan nuestra mente sin merecerlo. 

Luego llegan los whatsapp. Primero a los que se te han adelantado para felicitarte el año y después a las personas más especiales. O los que escribes con cierto temor a no ser respondidos, en un intento por sellar la paz y acortar distancia con quien tienes un conflicto que perdura en el tiempo. Cada 1 de enero es el mejor día para hacer un nuevo amago por llevar a buen puerto los asuntos pendientes. Aunque luego te manden a la mierda, pero por ti no será.

Tal vez releyendo los contactos del teléfono nos resuenen nombres que teníamos perdidos u olvidados. Y que de repente, nos remuevan por dentro. Al fin y al cabo, es el único día del año en el que dedicamos un segundo de nuestra existencia a acordarnos de todo el mundo, aunque sea con una agenda por delante. Quizás así, sin esperarlo, podamos recuperar cosas del pasado que ya dábamos por perdidas. Quién sabe.

Me seduce intentarlo.

FELIZ 2014.

No hay comentarios: