viernes, 14 de febrero de 2014

INTOLERANCIA CERO

Hacía mucho tiempo que no me sentía atacada. Tal vez no hace tanto que me atacaron, pero digamos que de un tiempo a esta parte estoy aprendiendo a que me resbale la mayoría de las cosas que puedan herirme. Es una cuestión de autoestima y supervivencia. Como alguien ose a ofender mi renovado autoconcepto me lo como con patatas. Y mira, siempre hay personajes por ahí dispuestos a tocarte las narices un rato. 

A estas alturas de la historia y de la existencia de la vida, me sorprende que haya gente tan sumamente extremista, intolerante, intransigente, ignorante y fanática de una ideología, opinión u opción de cualquier índole. Y he descubierto que ni los buenos son tan buenos ni los malos son tan malos, que en todas partes cuecen habas y que no hay mejores ni peores, ni rojos ni grises ni azules que valgan. 

A lo largo de toda mi vida he sobrevivido en un ambiente horriblemente conservador, tradicional y ultracatólico. Obvio decir que en un entorno de esas características jamás me sentí como pez en el agua sino ahogada, perturbada, condicionada y presionada por las apariencias y el qué dirán. Sin entrar en el dolor que todo eso conlleva y haciendo un esfuerzo por intentar ser lo más objetiva posible, es justo y necesario decir que en el camino me topé con gente maravillosa que supo comprenderme y aceptarme antes de que me aceptara yo misma. Ser diferente es la putada más grande que me han hecho en la vida, sobre todo porque no viví la adolescencia y juventud que toda niña hubiera querido tener. Y me cagué en todos los muertos de la gente que pensaba que personas como yo debíamos morir quemados en una hoguera o desterrados en la isla más perdida del planeta. Tal vez por eso empecé a simpatizar con la gente que no sólo toleraba sino que además respetaba y apreciaba el derecho a ser uno mismo por encima de todas las cosas. Pero también a este lado había un fanatismo que me ponía los pelos de punta.

El hecho de haber convivido con ambos polos me ha hecho ansiar una prudencia moderada a la hora de forjar mis valores. Con el paso del tiempo, me he ido convirtiendo en una pacifista de ideas, la suiza de un mundo divido en dos y, sobre todo, una defensora a ultranza del derecho a la libertad de expresión. Me he dado cuenta de que aquí vamos todos contra todos, que si no estás conmigo estás contra mí, que si tocas lo mío te mato y que si no piensas como yo eres un gilipollas. Siento auténtico asco por la gente intolerante, incapaz de respetar la opinión de los demás, sean del color que sean. Siento total y absoluta repugnancia por esa gente que va de liberal y son los más retrógrados, y por toda esa otra gente que va de cristiana y son los más falsos e hipócritas.

A lo largo de estos días, con todo el tema de la famosa Ley del Aborto no he hecho más que escuchar barbaridades y demás salvajadas a propósito de la polémica que se ha generado en nuestro país sobre el derecho a decidir de las mujeres. Y me he llevado algunas decepciones. La parte mala de conocer a gente de dos bandos completamente opuestos es que, al final, la vena radical emerge de todas partes. La rabia que siento es la misma para aquellos que llaman asesinos a los que defienden el derecho a decidir y a hacer con el cuerpo lo que uno quiere, y para esos otros que desean que los "defensores de la vida" sufran todo tipo de vejaciones tales como violaciones, o mejor aún, sufran un aborto no deseado durante el embarazo o al final de éste. Esto es el colmo de la animalada, la atrocidad más desmesurada y la falta de respeto más intolerable por los demás y por uno mismo.

Lo bueno de moverse entre dos aguas es que uno aprende a valorar el término medio como virtud, a saber pelear entre las garras de los extremos y escapar de la comodidad del grupo que te protege. Lo grande es hacer malabarismos en una finísima cuerda y mantenerse en equilibrio después de haberte mareado toda la vida dando tumbos de un lado para otro. El sentido común y la mayor de las lógicas se encuentra allá donde se conserva la razón, en medio de la coherencia y la diversidad, en el centro de veinte mil opciones y colores, sin menospreciar la diferencia y respetando siempre la libertad de expresión ajena. Nadie es mejor ni peor por tener una opinión u otra, lo importante es defender tu argumento sin herir a tu contrario.

Y no, no me ha salido el post que esperaba. Iba a contar por qué me había sentido atacada, y al final... al final casi me marco un mitin totalmente improvisado. Así que ya tengo historia para otro blog.

2 comentarios:

candela dijo...

Lo importante es respetar :D

Nuuk dijo...

Y tanto Candela, respeto por encima de todas las cosas. Un abrazo :)