domingo, 5 de abril de 2015

IMPERFECCIONES DEL AMOR

Parece que sólo servimos para enamorarnos de las cosas que nos gustan de la persona que queremos y no estamos hechos para adaptarnos a sus defectos o carencias. Entonces, ¿dónde está el amor? ¿Qué es lo que nos lleva a sentirnos poderosamente atraídos por alguien si no somos capaces de aceptar y convivir con sus imperfecciones? Me da la impresión de que no explotamos suficiente los grandes momentos y, en cambio, intensificamos el azote de los malos. Siempre he creído que la pasión por la vida se construye a base de compensaciones. Que detrás de lo malo hay algo bueno que le sigue, y que sólo hay que ser un poco paciente para alcanzar las mieles del triunfo, las que se consiguen tras superar los obstáculos que pueden interponerse entre dos personas que supuestamente se aman.

A veces, las relaciones no son fáciles aun cuando hay amor. Se dan discrepancias, malos entendidos, discusiones, perspectivas y necesidades diferentes. Hay baches que obligan a darse la media vuelta para respirar un rato. Hay choques frontales que invaden de silencio la inmensidad y la pureza del sentimiento. Inquietud por la incertidumbre y el miedo a perder a la persona amada. Palabras fuera de lugar, mal pronunciadas o sin pronunciar a tiempo. Resquicios de dolor que van encallándose tras un enfrentamiento. También pasa que, en ocasiones, la comunicación no es fluida o no se comparte, se traga. Se traga hasta tener un nudo en la garganta que se desata a través de la ira o el orgullo, porque no se hizo bien en su momento. Aparece el hermetismo, los nervios, la frialdad y los reproches, porque la secuencia no ha seguido su curso natural y la gestión es pésima cuando llega tarde. Y hasta parece tan irrevocable que antes de cambiar de estrategia, prefieres mandarlo todo a la mierda. Como si no hubieras trabajado duro para llegar donde estás, como si nada importara. Prefieres cerrar la puerta porque es el alivio a corto plazo. Y entonces no recuerdas los esfuerzos y cada gota de sudor que derramaste apostando por alguien que tantas veces te hizo feliz.

Pero para qué sirve ser feliz si a continuación te sientes desgraciado. Si siempre habrá algo que enturbie la paz y te arranque de cuajo de un cielo que ha costado la vida elevar y seguir elevando.

Me parece que somos muy poco expertos en relativizar el dolor, y que ni siquiera hacemos el intento de ser aprendices. En concreto, creo que nos hundimos demasiado ante las adversidades que se entrometen en una relación. Que no miramos más allá sino que, muchas veces, nos regodeamos en la amargura que nos genera la persona de la que estamos enamorados. Y de repente se nos olvidan los motivos por los que queremos estar con ella y viajar a los confines del universo. Es como si el mundo se nos cayera encima y la piedra que nos golpea la cabeza nos lapidara hasta dejarnos sin fuerzas para ver la luz y seguir avanzando.

Parece que nos rindiéramos a la primera de cambio en vez de afrontar las dificultades con una inteligencia emocional que nos permitiera mantener el equilibrio aun caminando sobre un finísimo hilo. Parece que nos cerráramos en banda y nos aisláramos de nuestra propia pareja, sintiéndola como extraña y ajena a nosotros.

A veces pasa que pesan las dudas y los miedos más que el propio amor. Y salimos corriendo sin sentido cuando lo que necesitamos realmente es refugiarnos bajo los brazos y la mirada tranquila de quien nos hace sentir la persona más especial de la tierra.

Yo puedo enamorarme de tu inteligencia, de tu conversación o de tu calor. Tú puedes enamorarte de mi sonrisa, de mi sensibilidad o de mi sentido del humor. Pero yo no puedo enamorarme de esa frialdad que desprendes a veces. Y tú no puedes enamorarte de mi forma de expresar el dolor. Y aquí empiezan los problemas. Porque, por más que nos queramos, si no somos capaces de aceptarnos completamente, con lo bueno y lo malo, si sólo nos vamos a enamorar de las cosas que nos llenan y no de las que nos roban la energía, no podremos funcionar. Porque cuando nos enamoramos debemos enamorarnos de la persona entera, de los pies a la cabeza, de sus cualidades y manías, de sus formas, de sus mierdas y de sus grandezas. Y si llegan los choques y las incompatibilidades, habrá que sentarse, ceder, acercar posturas y acercarse, comunicarse, pactar, llegar a acuerdos, fijar metas, tomar decisiones y ejecutarlas, hacer por mejorar, por adaptarnos mutuamente e integrar en nuestra vida a la persona que hemos elegido tal como es, como un todo, en vez de coger exclusivamente las piezas del puzzle que más nos encajan.

Por eso, cuando después de pasar unos días mágicos con la persona con la que quiero estar, se produce un silencio abrupto como consecuencia de una discusión que tiene la fuerza como para echar por tierra todo el camino andado y me hace sentirla como una completa extraña, me surgen todas estas dudas. ¿Lo malo siempre gana a lo bueno? ¿Por qué a veces no somos capaces de reconducir determinadas situaciones minimizando el dolor y maximizando la pura esencia del sentimiento? ¿Dónde se encuentra el amor cuando sentimos que algo se rompe en nuestro corazón?

Hay días que no entiendo nada. Y hoy es uno de ellos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Llevo ya bastante tiempo (algún año) q cuando me peleo con mi mujer (q son muy picas veces), no salgo corriendo a contárselo a mis amigas. Me paro y pienso: "para q?, si dentro de nada va a estar solucionado". Es q ya ni me disgusto cuando nos efadamos. Supongo q inconscientemente he aprendido a relativizar.

Anónimo dijo...

Querida Nuuk, siento decirte que desde mi punto de vista vives en el país de Alicia (la del cuento, sí).

Ese mundo rosa en el que ves el amor, ese sudor y comprensión con los que pretendes arregarlo todo... Precioso!!! Pero creo que la vida real es otra cosa.

Con esa inteligencia emocional que gastas, sabrás que no todos tenemos los mismos parámetros en el amor y en la tolerancia a él... Lo que significa, que sí, bonita, el amor, tu amor, o vuestro amor tiene fin... Por tu parte, por la de tu pareja... Que no entiendes nada??! Yo te lo explico... No lo puedes entender todo, y no siempre se implican dos de la misma forma en una relación. Quieres que tu pareja sea como tu quieres o que gestione el dolor a tu manera... Mi Consejo es que te busques a alguien parecido a ti en ese aspecto, serás más feliz.

Que más te puedo decir...te expresas fenomenal, tu punto de vista es ideal, pero los románticos por suerte para ti siempre encuentran amores por los que luchar y sufrir, ahora sólo te falta uno que además de eso... Se enfade como a ti te guste... ;)

Un saludo.