lunes, 15 de febrero de 2016

15 DE FEBRERO

En cada esquina de tu cuerpo encuentro los más bellos tesoros escondidos: las emociones que callan de día y que, de noche, asoman valientes sedientas de calor; el aire que inspiras y que osas a compartir conmigo, en un intento por fundir nuestras respiraciones en una sola, a veces agitada, otras cálida y serena; tu voz entrecortada y firme a la vez clamando paz en tiempos de guerra; tus conversaciones más fáciles; tu paisaje hermoso; tu mirada tranquila buscando la mía; tu piel suave y caliente preparada para entregarse.

No pudimos frenar un enero cargado de silencios y ausencias. Pero estas cosas pasan. Esta jodida parte de la vida que nos ha tocado afrontar juntas, en la que a veces luchamos sin tregua contra el mundo y otras luchamos una contra otra, parece apagarse pero nunca oscurecerse del todo. Siempre buscamos la manera de encontrar una salida entre calles cortadas y laberintos imposibles. Siempre aguarda la luz tenue al final del túnel, que se torna en fuego a medida que avanzamos.

Es posible que nadie pueda empatizar, a no ser que lo haya vivido, con este amor loco que enloquecería a cualquiera. Es la lección más incomprendida de resiliencia que pueda existir, entendida como la capacidad de la persona para asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas. Aunque pudiera sonar hasta patológico en el campo de las relaciones complicadas, creo que es precisamente en esa dificultad donde pueden llegar a aflorar otras habilidades de adaptación o ajuste que no conocíamos a circunstancias adversas, pero que estaban latentes en nuestro inconsciente. Y los que confunden las relaciones delicadas y complejas con las tóxicas, ya se pueden ir yendo a la mierda.

Tú y yo somos doctoras honoris causa en resiliencia. Y este título nos ha llevado hasta aquí, después de meses y meses y meses y más meses de desastres, ahogándonos en las mismas aguas pero flotando al final sorteando olas criminales y nadando sin cesar hasta llegar a la orilla en calma. La resiliencia, pero también el amor. La fórmula sólo funciona si los dos elementos se hacen uno.

Y no porque esté en un pico de euforia digo esto y lo dibujo bonito. Precisamente estoy en un momento de incertidumbre donde cada día es un reto para aprender a gestionar los tiempos, el respeto por las circunstancias difíciles y mi propia protección. Cada día intento liberarme del dolor que me persigue, del pensamiento negativo, del no puedo más. No quiero enterrarme si te quedas muda o no me das respuestas, no quiero anclarme en la desesperación si me dices que no puedes dar un paso más, no quiero perderme entre la gente cada vez que te alejes de mí. Aunque, confieso, tus buenos días se han convertido en necesidad y, si no los tengo, voy varada hacia la noche.

Lo nuestro es de otro planeta porque ni la mayor de las revoluciones se explica qué hacemos todavía en pie. La lluvia podrá calarnos, el sol incluso quemarnos, el silencio destrozarnos, los dardos lastimarnos, el hermetismo atormentarnos, los miedos devorarnos. Pero cuando brota la emoción y no el brote, cuando asoma una sonrisa no hay pasado sino hoy, no hay pena sino esperanza, no hay llanto sino carcajadas. Apenas hay nada más que tú y yo paseando de la mano por el mundo, quizás una música de fondo, una niña que se apresura a adelantarnos, una playa desierta con un mar infinito, como el sentimiento que no somos capaces de alterar, de cambiar, de darle otro forma, otro color, otro espacio en otro tiempo, porque permanece intacto con el paso de las debacles y los vientos, porque pase el tiempo que pase, pase el desastre y el dolor que pase, siempre nos encontramos en el punto de partida, en el kilómetro cero de la pureza de nuestro amor.

Y sé, sé a ciencia cierta que nos moveremos otra vez del único lugar donde pasamos las horas tranquilas riéndonos y construyendo planes. Sé que saldrás corriendo muerta de miedo y negándote la realidad, huyendo de un futuro juntas, rota y culpable de hacerme daño por tonterías que sólo están en tu cabeza. Sé que no querrás estar conmigo, que llorarás a escondidas, que te mostrarás indiferente, que evitarás mis resistencias y cabezonería. Todo esto pasará, pero sé también que pasará y que volveremos a encontrarnos en ese rincón de la galaxia donde nos esperaremos nerviosas e impacientes para mirarnos sedientas de lo nuestro.

Y aunque a veces no sepa cómo se hace una vida contigo, tampoco sé cómo hablarle al amor sin ti. Sólo sé sentirte y vivirte cuando tengo la ocasión de estar frente a ti, cuando sabes escuchar mis silencios llenos de palabras y refugiarte en mis abrazos que sólo entienden de calidez y protección, las que me muero por darte cuando caminas entre nubes grises y suelos movedizos. Y te espero siempre porque sé que hay atajos sencillos sin precipicios, porque creo en la solución a tus rompecabezas y porque adivino luz en tus contrariedades. Pero salta, pega un salto y sal de ahí, mira un poco más allá y saca tu ser, no dejes pasar un segundo más sin fluir y hacer caso a tu corazón... sólo así hallarás tu ansiada tranquilidad. Quizás sea tiempo de obras en tu cabeza, de juntar dudas y miedos para darles una patada y quitártelos de encima. En cada paso que des, en cada instante, mis brazos estarán listos para recibirte. Sé libre y vuela, como cuando perdemos la noción del tiempo o hacemos el amor, como cuando nos damos cuenta de todo lo que nos hemos echado de menos y descubrimos por millonésima vez que no podemos dejar que nuestras vidas tomen caminos paralelos. Duerme y respira en paz conmigo, pero haz los deberes para respirar y dormir en paz también cuando nos separe un abismo y la inmensidad nos pierda de vista. Sé fuerte, sé valiente, mis manos son tuyas, mi piel espera a tu piel, mis besos se mueren si no alcanzan tu boca. No te vayas, pero si te vas, vuelve pronto, que juntas renaceremos de las cenizas otra vez, las veces que hagan falta, los meses y los siglos que hagan falta. Búscame aun cuando creas que no estaré, búscame hasta el final, porque hasta que no encuentre una sola pega a esta historia, no me moveré.

No es este amor intacto, es esta parte de la vida la que nos daña. Las circunstancias, la suerte vestida de negro, el desgaste de las frenadas. Pero al final, siempre quedamos nosotras, desnudas, enteras, íntegras, auténticas, mágicas, cómplices. Y aunque en las batallas nos rindamos al tiempo, jamás podremos dejar de rendirnos al sentimiento.

Por un billón de 15 más.
Te quiero.