miércoles, 15 de febrero de 2017

TRES

Pasa el tiempo y no se posan tus ganas sobre mi vida, tu vida sobre mis sombras, tus sombras sobre nuestra luz, que es vida. Quién soy yo para callar tus ladridos, para frenarte si corres si echo sal a tus heridas. Quién sabe torear al sentimiento, vendar la calma, borrar canciones. Quién aprendió a ganar la carrera a la emoción, a la mirada tranquila, al verso de amor. Tal vez los perdedores que no sintieron, que no supieron querer. Me pregunto si quien ama es capaz de escapar, de no mirar atrás sin que le escuezan las entrañas. Si se atreve a pensar en blanco, a no buscar las huellas ni oler las esencias con las que enloqueció. No es posible que haya alguien que pueda quitar la razón al corazón para dárselo a la cabeza.

A veces el camino se hace largo, y hasta eterno. Otras, las que estoy contigo, los atajos nos llevan por escenas que no olvido. Enterramos al tiempo y vivimos, y nos reímos. Y es en tus ojos donde no hay vacío sino refugio, en tus brazos me protejo y en tu piel anido. Nada como cogerte de la mano, hablar de cualquier cosa, embriagarnos de la paz de los silencios, ser cómplices, saber lo que estamos pensando, no medir las palabras y los gestos. Simplemente estar, como la primera vez, como la última. Sabernos y saber que nos tenemos.

Nos tocó la paradoja. A veces sí, a veces no. Blanco o negro. Todo o nada. Y así aprendimos a crecer, a conocernos, a fortalecernos, a sufrirnos y sentirnos. Empezamos al revés. De abajo a arriba. Del miedo a la valentía. De la tiniebla al claro, de la ceniza a la candela. De la locura a la locura. Y sigo aprendiendo a tu lado, de las luces y las sombras que acorralan nuestra lucha. De las historias que se repiten, de los bucles sin final. De las carreras, de los golpes, de las ausencias, de las noches, de las sábanas sin estrenar. Suena absurdo, de otro tiempo, no se entiende. Qué más da, si tú y yo lo entendemos.

Es complicado escribir entre baches. No podemos negar que nos cuesta la vida arrancar y avanzar, pero también acabar. Si hay corazón no acabamos. Es una guerra en la que no capitulamos, nos entregamos pero a los abrazos. Afilamos la espada pero después la guardamos. Nos aferramos a los besos y tiramos la artillería al primer contenedor que vemos. Sacamos bandera blanca y nos devoramos, primero en la cama y luego entre leones de orgullo y frialdad.

Y así es nuestra historia. Ni más ni menos. Con subidas y bajadas. Con tirones a la camiseta y a la tranquilidad. Con insomnio y noches en vela empapadas en cerveza. Con todo tipo de embestidas. Con pasión por ganarnos y perdernos. Con locura y con la insensatez del primer amor. Un proyecto que nació de la nada y por casualidad, sin quererlo, sin buscarlo. Que me ha enseñado a quererte, a respetarte, a aceptarte, a llevarte y a 'aguantarte'. A ser fiel a mis sentimientos, por encima de todo. Es un aprendizaje lento, pero seguro. De los que me rearman y me mantienen. Y, sobre todo, de los que me hacen tomar conciencia de lo que quiero. Te quiero a mi lado. O mejor, simplemente, te quiero.

Tres multiplicado por cinco. Por lo menos.

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